Y LA RESACA, ¿DÓNDE ESTÁ?

¿El menú más saludable? Esto es lo que se come en la boda de una nutricionista

Es una de las expertas en alimentación más de moda en Australia, y acaba de pasar por el altar, pero no ha bajado la guardia ni un segundo durante la semana que ha durado la celebración

Foto: Probablemente el menú de la boda se parecía mucho a esto. (iStock)
Probablemente el menú de la boda se parecía mucho a esto. (iStock)

Si le gustó la cena de Navidad, le encantará la boda de su prima la del pueblo. Un cocktail inacabable con bandejas de gambas y jamón que dejaría lleno al mayor zampabollos de los comensales, seguido por unos entrantes como dios manda, invirtiendo el inacabable combo marisco-embutido. A continuación, y cuando el hambre es un lejano recuerdo, llegan los primeros platos, y el acompañamiento de los mismos, y ese último servicio de comida antes del segundo plato que nadie sabe cómo se llama. Entonces es turno del plato fuerte, que a veces es carne, a veces es pescado, y a veces una combinación de ambas cosas. Es de rigor comer tarta nupcial y algo de postre para acompañar los espirituosos. Y vayan haciendo hueco, que dentro de dos horas van a servir la cena

Con el ánimo de escapar de ese círculo vicioso que es el menú de boda, la nutricionista australiana Jessica Sepel se ha sacado de la manga una carta alternativa que ha servido en su boda con su marido, Dean Steingold, que se celebró el pasado domingo en Tailandia. Sabe de lo que habla: lleva un tiempo ofreciendo cursos de 'healthy wedding' (boda saludable), como ha llamado a la ceremonia, e incluso ha publicado un post en su blog en el que detalla lo que una novia debe comer en el día de su boda

Queríamos una boda saludable porque tanto Dean como yo estamos comprometidos con ese estilo de vida. El enlace debía reflejar esa faceta

“La manera en que alimentas tu cuerpo en tu día de boda es tan importante como la preparación que has llevado a cabo durante el proceso de planificación”, señala. Es complicado: no hay que ceder ni a los nervios que llevan a comer de más, ni a la comida azucarada de la abuela, ni al champán que, previsiblemente, querrán tomar tus amigas para brindar contigo. No, en opinión de Sepel, el día de tu boda debes disfrutar de “comidas limpias” (frutas, proteínas y vegetales) en pequeñas cantidades.

El menú que debe seguir la novia es el siguiente: agua caliente con un poco de limón escurrido para desayunar, con un café –eso sí, sin leche ni azúcar– con algo de papaya. Para comer, si la boda es de tarde, “pescado a la parrilla con hierbas y especias” para evitar la retención de líquidos. Uno pensaría que para la cena podría relajarse y comer, no sé, un poco de carne, pero no: lo mejor son las proteínas magras y la verdura, no vaya a ser que luego, como la niña de Vicks VapoRub, no podamos bailar con el novio. Todo ello aderezado con agua a granel, para evitar la clásica deshidratación. Ahora que sabemos lo que Sepel habrá comido durante su boda, llega el momento de preguntarse: ¿y los comensales?

Lujo para todos

No cabe duda, echando un vistazo al menú servido para los invitados, que su trabajo como nutricionista le ha rentado a Sepel, que apenas tiene 26 años. Como ha explicado 'The Daily Mail Australia', los 170 invitados vivieron una experiencia de cuatro días en la que, mala suerte para los dipsómanos, sobrevivieron a base de vino orgánico, verdura y proteína magra. “Queríamos una boda saludable porque tanto Dean como yo estamos comprometidos con un estilo de vida saludable”, ha declarado. “Era importante que nuestra boda reflejase esta parte de nuestras vidas”. La razón, explica, no es amargar la velada a los invitados, sino ayudarles a que se sientan bien: “Algo que es fácil de hacer si comes los alimentos correctos”.

Nada de azúcar en el menú de desayuno, en el que destacan los 'muffins' de plátano y nueces cuya receta puede consultarse en el libro de Sepel 'The Healthy Life'. Para la cena, predominan las verduras hervidas, la fruta fresca de postre y una “estación de zumo de vitaminas”, donde en lugar de los clásicos chupitos de tequila, vodka o pacharán uno puede meterse entre pecho y espalda un chupito de zumo de verduras. Aunque la nutricionista se ha permitido un pequeño capricho y se ha tomado una copa “o dos” de un Chardonnay australiano, eso sí, “sin ningún compuesto químico en el proceso de manufactura, lo que significa que tu cuerpo lo tiene más fácil para descomponer el alcohol y no tener resaca”. Son todo ventajas.

¿Y la noche de bodas? Nos abstendremos de hacer juegos de palabras con alguna célebre verdura, así que nos limitaremos a señalar que Sepel puso a disposición de los comensales un amplio rango de platos entre los que se encontraban la ensalada de papaya (“¿otra vez?” se habrá preguntado alguno), brotes de coles asadas, pescado a la parrilla y, una vez más, fruta fresca de postre. La nutricionista explica que, a pesar de las reservas que muchos pueden haber manifestado, a sus amigos les ha gustado el menú: “A menudo la gente siente que las bodas deben ser indulgentes y extravagantes, pero espero que tener una boda 'saludable' le muestre a la gente que vivir de esta manera puede ser sencillo, incluso en momentos de celebración”.

El lado oscuro de la salud

No cabe duda de que, para cualquiera que no se encuentre en la misma frecuencia de onda que Sepel –y, todo sea dicho, es difícil estarlo–, es difícil entender su menú de boda. Una de las críticas más despiadadas es la de Amanda Blair, que en ''News.com.au' señala su preocupación por que “estemos convirtiendo el consumo en una secta”. “Parece que hemos perdido la habilidad para simplemente comer algo porque nos gusta cómo huele o por una apariencia que nos hace pensar que sabe bien”, se lamenta. No cabe ninguna duda de que los invitados a la boda de Sepel se alimentaron correctamente. Incluso es probable que se sintiesen con energías y listos para aguantar horas y horas de fiesta. Seguro que al día siguiente no se levantaron y se llevaron las manos a la cabeza mientras se preguntaban “¿qué he hecho?”, y que Sepel consiguió sortear los terribles “bajones de azúcar” que nos amenazan tras cada esquina. Pero más dudoso es que no se sintiesen en algún momento como si hubiesen sido invitados a una extraña celebración sectaria. “La comida, como el sexo, sirve un propósito, pero también es algo que la mayor parte de nosotros hacemos porque lo disfrutamos”, recuerda Blair. “Personalmente, no consigo ver cómo alguien puede obtener ningún placer de algo que parece tan estricto, tan prescriptivo. Especialmente en el día de tu boda”.  

Alma, Corazón, Vida

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