CUIDADO: SE ACERCA LA NAVIDAD

Esta es la principal causa de casi todas las peleas familiares, y lo sabes

Se acercan fechas entrañables, y con ellas, las posibilidades de discutir con nuestros allegados aumentan exponencialmente. Un estudio descubre cuáles son las situaciones más peligrosas

Foto: El roce hace el cariño... y las peleas. (Hans Neleman/Corbis)
El roce hace el cariño... y las peleas. (Hans Neleman/Corbis)

Llegan la cena de Nochebuena, y en ella, muchas familias echarán de menos a algunos seres queridos. En algunos casos, porque ya no se encuentran en este mundo. En otros, porque hemos perdido contacto con ellos. Algo aún más doloroso en cuanto que esos familiares ausentes pueden ser padres, hijos, hermanos… con los que algún día perdimos el contacto para no volver a recuperarlo jamás. El problema, en ese caso, es que se trata de un tema tabú, como señala un informe realizado por el Centro de Investigación Familiar de la Universidad de Cambridge junto a la organización no gubernamental Stand Alone.

El documento, llamado 'Voces escondidas. Rupturas familiares en la época adulta', pone de manifiesto a través de las opiniones de más de 800 personas cuáles son las situaciones en las que se producen más conflictos. Cada miembro de la familia debía explicar por qué razones dejaron de verse con otros familiares. Así, por ejemplo, muchos hijos señalan haberse dejado de llevar con su madre por un abuso emocional (hasta un 77%, el porcentaje más alto), y muchos padres que fue el resultado de su divorcio. Como señala un participante, “mi madre nunca se interesó por mí. Estuvo emocionalmente ausente a través de toda mi vida”. Algo similar ocurre con los padres, con los que se pierde la relación cuando decepcionan a sus hijos (“no sabe cómo soy realmente”).

En un 25% de casos, la ruptura de la relación de los hijos varones con sus padres está ocasionada en parte por problemas relacionados con su familia política

Otro gran problema surge cuando la familia nuclear empieza a recibir la visita de otros nuevos miembros. Efectivamente, nos estamos refiriendo al conflicto entre suegros y yernos, suegras y nueras y todas sus múltiples combinaciones. Al fin y al cabo, como señala la investigación, la mayor parte de rupturas familiares se producen cuando alguien tiene alrededor de 30 años, es decir, en el momento en el que toma las decisiones más importantes de su vida y comienza a formar su propia familia. En un 25% de casos, la ruptura de la relación de los hijos varones con sus padres está ocasionada en parte por problemas relacionados con su familia política o con su pareja

Es lo que ocurre en el siguiente testimonio: “Mi hijo y yo teníamos una buena y fuerte relación durante 25 años. Conoció a su futura esposa y nuestra relación y las que tenía con el resto empezaron a desvanecerse. Todo el mundo que los conocía, incluyendo amigos y familia, se daba cuenta. Repudiaba a cualquiera que no le gustase su mujer”. Sin embargo, como señalaba el estudio, la ruptura entre padres e hijo dura hasta tres veces más que con las hijas. Esto, como apunta John Bingham en 'The Telegraph', sugiere que mientras que los hijos tienen más facilidad en perder la relación con su familia cuando forman la suya propia, una hija lo es para toda la vida.

Una carta a los Reyes Magos

Como cabe esperar, el estudio señala que las navidades son la época más difícil del año, seguidas por los cumpleaños, las fiestas con otras familias, los funerales, el Día del Padre o el Día de la Madre y el mes de diciembre en general. En resumidas cuentas, cada vez que se produce un contacto familiar superior al habitual, las posibilidades de que el conflicto estalle aumentan exponencialmente. Por lo general, suelen ser los padres quienes toman la decisión de cortar el contacto con sus hijos: la madre lo hace en un 55% de los casos y el padre, en un 51%, mientras que los hijos y las hijas sólo lo hacen en un 6% y un 5%, respectivamente.

Si algo resulta útil de la encuesta es comprobar lo que cada miembro de la familia desea de verdad en su relación con los demás, y que quizá sirva no tan sólo para sanar esos desencuentros –que, en muchos casos, no son permanentes, aunque las heridas resultan difíciles de cerrar–, sino también para evitar confrontaciones entre copas de champán y nécoras.

Madre

(iStock)
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Hay algo que todos los miembros de la familia, sin excepción, colocan en primer lugar en sus relaciones con los demás: “un amor más positivo e incondicional, cálido y emocionalmente cercano”. En el caso de la madre, el resto de miembros de la familia piden que les traten con más respecto y menos dureza, así como que se reconozcan los comportamientos dañinos: “Ojalá tuviese una madre que me quisiera y que desease lo mejor para mí”, explica uno de los participantes.

Padre

(Heide Benser/Corbis)
(Heide Benser/Corbis)

¿Qué se espera del cabeza de familia, que en muchos casos es el encargado de ejercer la autoridad? Además de lo ya señalado, que este diese la cara “por su pareja, esposa u otro miembro de la familia”, así como que se interesase más en ellos. “Ojalá pudiese ver cómo trata a mi madre y cómo me duele cuando no me defiende a mí o lo que está bien dentro de nuestra familia”. ¿Una muestra de la pérdida de autoridad de los padres, más centrados en sí mismos que en el bienestar de la familia?

Hermana

(iStock)
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Debe tratarse de uno de los miembros más enigmáticos de la familia, puesto que de ellas se desea un mayor contacto “para saber cómo son”. Lo define bien el participante que señala lo siguiente: “Ojalá tuviese una relación más estrecha para poder ser amigos y apoyarnos mutuamente con confianza, cariño e intimidad”.

Hermanos

(Corbis)
(Corbis)

Muy similar a lo que ocurre con la hermana, sólo que se espera de ellos una mejor comunicación, especialmente una vez se ha producido la ruptura. “Ojalá hubiese una mayor disposición a mantener conversaciones en profundidad sobre los problemas en la familia”, señala uno de los consultados. “Parece que no le importa demasiado, aunque creo que es más cariñoso y comprensivo que cualquiera de nuestros padres”.

Hijas

(iStock)
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En este caso surge una nueva (y previsible) demanda, entendemos que por parte de la madre: que les dejen ver a sus nietos más tiempo. Como señala una de las participantes, “quizá volver a empezar con un pequeño contacto en el que hablásemos unas pocas veces al año”. Esto pone de manifiesto otra dificultad asociada a las rupturas familiares, que es que provocan de manera indirecta la pérdida de contacto entre nietos y abuelos.

Hijos

(iStock)
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Su mayor defecto parece ser su impenetrabilidad, ya que una de las cosas que se les exige es “entender mejor sus puntos de vista”. Quizá sea la consecuencia de una mayor independencia cuando forman su familia, pero como explica un triste padre, “no quiero estar todo el día encima de él, simplemente saber que las cosas le van bien”.  

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