EL TEXTO DE 2004 QUE INSPIRA A DAESH

Este es el 'Mein Kampf' de los yihadistas: la 'Gestión de la barbarie', de Abu Bakr Naji

Publicado en 2004 por un miembro egipcio de Al-Qaeda, este volumen se ha convertido en la guía estratégica y política del Estado Islámico, que ha seguido fielmente cada uno de sus preceptos

Foto: Un combatiente con la bandera del ISIS durante un desfile militar en Raqqa, junio de 2014. (Reuters/Stringer)
Un combatiente con la bandera del ISIS durante un desfile militar en Raqqa, junio de 2014. (Reuters/Stringer)

El del Daesh o Estado Islámico es uno de los fenómenos más difíciles de comprender para el ciudadano occidental, no sólo por su espectacular utilización de la violencia o su mezcla de tecnología de última generación con ideologías medievales, sino también por su constitución como Estado o su relación con los países occidentales. Los ataques del viernes probablemente no encajaban con tal virulencia en los esquemas de algunos de los grandes estudiosos del fenómeno como Loretta Napoleoni, autora de 'El fénix islamista' (Paidós Ibérica), en el que relativizaba la posibilidad de que los yihadistas atacasen en Occidente. Según explicaba la periodista, el terror en Europa y EEUU es algo secundario frente al desarrollo del califato en Oriente Medio. Una pretensión que, por el contrario, estaba mucho más acentuada en Al-Qaeda.

Para entender mejor el fenómeno conviene remontarse a las fuentes primarias, y una de ellas es un peculiar librito que en su día pudo comprarse a través de Amazon en su traducción francesa o consultarse en línea a través de algunas páginas que han subido la traducción al inglés que Williams McCants realizó en mayo de 2006, financiada por el Instituto de Estudios Estratégicos John M. Olin de la Universidad de Harvard. Muchos medios, como 'Le Point' o 'Metro', lo han considero el 'Mein Kampf' yihadista.

Los que hayan formado parte de la yihad saben que no es otra cosa que violencia, crudeza, terrorismo y masacres

El volumen se llama 'La gestión de la barbarie' (“The Management of Savagery” o “Idarat al-Tawahush”) y aparece firmado por un tal Abu Bakr Naji, un seudónimo bajo el que probablemente se encuentre Mohammed Khalil Al-Hakim (según el Instituto de Estudios Al Arabiya), el director de medios de comunicación y propaganda de Al-Qaeda que murió durante un ataque de la aviación estadounidense el 31 de octubre de 2008, y al que se le atribuyen un buen número de obras de propaganda y estrategia. Su obra cumbre es una amplia guía militar y política que vaticina lo que una década después iba a ocurrir con Daesh, al que proporciona una hoja de ruta cuya lectura nos recuerda, paso a paso, lo que ha ocurrido en países como Siria o Irak los últimos dos años. 

Un nuevo texto sagrado

Como explicaba en 'The Guardian' el periodista Hassan Hassan, 'La gestión de la barbarie' es un “texto yihadista ampliamente distribuido en foros de la red”, un volumen muy leído entre los comandantes del ejército islamista y algunos luchadores de base ya que es “una manera de justificar las decapitaciones como algo no sólo religiosamente permisible sino recomendado por Dios y Mahoma”. El autor recuerda que la gran contribución del volumen es su identificación entre yihad y violencia, que hace que se distinga de otros principios religiosos: “No se puede seguir avanzando y llegar a otra etapa a no ser que el estado previo contenga una fase de masacre y disuasión del enemigo”. Para Naji, “los que hayan formado parte de la yihad saben que no es otra cosa que violencia, crudeza, terrorismo y masacres”.

La portada con la que el libro se ha distribuido por la red.
La portada con la que el libro se ha distribuido por la red.

Otro de los que ha explicado la importancia de 'La gestión de la barbarie' ha sido el ensayista venezolano Fernando Baez, autor de 'La historia universal de la destrucción de los libros', que en una entrevista recordaba que la eliminación del patrimonio cultural no es mero producto de la ignorancia, sino una aplicación de los preceptos del volumen. Este, básicamente, explica que la destrucción de los regímenes musulmanes disidentes pasa por devolverlos a un estado de barbarie que permita la reconstrucción de dichas sociedades en forma de Califato a través de tres etapas que van de la vejación y el agotamiento ('vexation' y 'exhaustion') a la era de barbarie y, finalmente, el establecimiento del estado islámico. Lo que precisamente ha ocurrido en las zonas de Siria y el norte de Irak que el Daesh controla.

“Alabado sea Dios y que la paz y las bendiciones desciendan sobre su Mensajero, su familia, su Compañía, y quien le ayude”, comienza el libro. Este es una guía de comportamiento para el momento en el que llegue la barbarie, un mapa de gestión política y militar que se divide en cinco temas (definición de 'la gestión de la barbarie'; el camino para establecer un estado islámico; políticas y acciones para implementar el plan de acción; resolución de problemas y conclusión) que a su vez se dividen en otros capítulos, que afrontan temas de índole militar (el uso de la violencia, principios de combate) y organizativa (el problema del decreciente número de creyentes, la lealtad o la falta de cuadros administrativos).

El espejismo de Occidente

Naji comienza el ensayo refiriéndose a lo que denomina como el mito de la ilusión, por el cual, las superpotencias surgidas tras la Segunda Guerra Mundial (EEUU y la URSS) parecen tener un mayor poder del que realmente está en sus manos: “Durante un tiempo esas superpotencias se llegaron a creer su engaño en los medios”, escribe Naji. “Que de hecho tenían un poder capaz de controlar completamente cualquier lugar del mundo, con las características del Creador. De acuerdo a este engaño, es un poder universal que todo lo puede, y la gente se pliega a él no sólo a través del miedo, sino del amor porque promueve la libertad, la justicia, la igualdad de la humanidad, y otros eslóganes”. Y concluye: “Cuando un Estado se rinde (sea cual sea su habilidad) a esta ilusión engañosa de poder y se comporta acorde a este, es cuando empieza su decadencia”.

Aquellos que no han vivido guerras no entienden el rol de la violencia. El grado de domesticación de los musulmanes ha tenido un gran efecto en ellos

Es en este contexto en el que se introduce la estrategia del caos de los grupos islamistas, que deben acelerar distintas crisis para propiciar un estado de barbarie en algunos países islámicos, a imagen y semejanza de, por ejemplo, el Afganistán pretalibán, “una región sometida a la ley de la jungla en su forma primitiva, cuyos habitantes e incluso los malvados sabios suplican por alguien que gestione esa barbarie”. Por ello la respuesta debe ser promover la seguridad interna, proporcionar comida y tratamientos médicos, proteger a la región del enemigo y establecer la sharía en dichos territorios. Algunas de las propuestas de Naji como potenciales objetivos son Jordania, Arabia Saudí, Nigeria, Pakistán o los países del norte de África.

Además, el autor sugiere atacar objetivos petrolíferos para derrocar a los líderes que poseen dichas fuentes de riqueza: “Golpear objetivos económicos forzará al enemigo a aguijonear los regímenes, que estarán ya exhaustos de proteger otros objetivos movilizando más fuerzas para su protección. Como resultado, las flaquezas empezarán a hacer acto de presencia entre sus fuerzas, que son limitadas, ya que hay una regla entre los regímenes de los apóstatas que dice: las fuerzas policiales y militares en general, y las que combaten el terrorismo, deben ser salvaguardadas del espionaje”. Algo que provoca que el personal dedicado a inteligencia sea, forzosamente, reducido.

El islam, ese escollo para la yihad

Entre las estrategias que los radicales deben poner en práctica para debilitar sus objetivos se encuentran la erosión producida por un gran número de ataques aislados que, poco a poco, terminan acabando con los recursos del enemigo, “colaborando con ellos, dispersando sus esfuerzos y trabajando para provocar que les sea imposible tomar aliento por las operaciones en esos estados elegidos, incluso si son pequeñas en tamaño o efecto”. Para ello es importante el reclutamiento: “Se debe atraer nuevos jóvenes al trabajo yihadista comprometiéndolos en operaciones cualitativas –cuando sea apropiado respetando el 'timing' y su habilidad– que llamen la atención de la gente. Es el caso, por ejemplo, de la llamada “operación de Bali”

El único retrato conocido de Abu Bakr Naji.
El único retrato conocido de Abu Bakr Naji.

Si algo da a entender el volumen de Naji son los grandes problemas que tienen a la hora de difundir su radical visión y convencer a los hipotéticos colaboradores, mientras que en el Afganistán de los años ochenta “la yihad ofrecía un millón y medio de mártires”, que surgían de “conducir a las masas a la batalla y convertirlas en un ejército, especialmente cuando establecimos regiones seguras y la gente emigró a ellas”. Es habitual en el libro que Naji se queje de las otras tendencias del islam, como ocurre cuando hace referencia al uso de la violencia: “Aquellos que no han vivido guerras no entienden el rol de la violencia y la brutalidad contra los infieles en combate. El grado de domesticación por el que han pasado los musulmanes ha tenido un efecto en ellos. Los jóvenes que quieren combatir deben entender la realidad de su rol a través de explicaciones. Son diferentes de los árabes al comienzo de la misión del profeta. Los árabes solían luchar y conocían la naturaleza de las guerras”.

El autor define como “crisis de candor” el estado moderno del islam, que rechaza la solución que propone Naji, “porque es difícil y sólo unos pocos son capaces de tomar la decisión de seguirla desde el principio”. Estos infieles musulmanes, según el autor, señalan que Dios no ha legimitado dicho plan o “sacan a colación eslóganes engañosos”: “Si fuesen honestos consigo mismos, dirían: 'La carretera es larga y las espinas son muchas, y nuestras piernas son incapaces de soportar las ascuas'”. La militarización, señala, es el camino que Dios ha marcado, así como la destrucción de las tentaciones. Naji recuerda a tal efecto la frase de un compañero: “Una bailarina apareció en televisión y destruyó todo lo que me había llevado construir un año”. “Por eso”, prosigue Naji, “la sharía nos anima a destruir en primer lugar esas obstrucciones y diversiones para facilitar la respuesta de la gente”. Algo de lo que, tristemente, cada vez somos testigos más cercanos.

Alma, Corazón, Vida

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