"Debemos defender a los musulmanes europeos del racismo y del yihadismo"
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la islamización del radicalismo

"Debemos defender a los musulmanes europeos del racismo y del yihadismo"

Hay dos discursos que se retroalimentan, el de la islamofobia y el de los islamistas violentos; entre ambos está una minoría social que lleva todas las de perder, explica el ensayista Alba Rico

Foto: El atentado de Saint-Quentin-Fallavier recuerda el problema del islamismo radical en Francia. (EFE)
El atentado de Saint-Quentin-Fallavier recuerda el problema del islamismo radical en Francia. (EFE)

Las comisarías francesas cuentan con una lista de indicadores para identificar sospechosos de radicalización que incluye descripciones como “barba larga sin bigote”, “indumentaria musulmana”, “cabeza rasurada”, “rechazo del tatuaje” o “pérdida de peso ligada a ayunos frecuentes” que son también reconocidos por buena parte de la población europea como signos de que podemos estar ante un posible terrorista. Como cuenta Santiago Alba Rico en Islamofobia. Nosotros, los otros, el miedo (Ed. Icaria) no es un exceso marginal ni un atavismo de las clases populares, sino algo tan instalado "como el fútbol de los domingos".

Es especialmente importante subrayar este tipo de consideraciones hoy, señala Alba Rico, porque “los musulmanes europeos son una minoría pinzada entre la presión racista y la yihadista”, a los que es necesario defender de una islamofobia y de un islamismo retrógrado y violento que se retroalimentan. Son dos discursosque simplifican enormemente la realidad y que por ello son muy pragmáticos para violentos de toda clase. “El ISIS no es la la radicalización del islam sino la islamización de la radicalidad. No hay más que darse cuenta de que el 52% de los jóvenes británicos no musulmanes se sienten atraídos por el ISIS y por su desprecio de la moral burguesa, de forma que los vídeos de ejecuciones no están destinados tanto a inspirar terror como a atraer a jóvenes nihilistas radicales. No olvidemos que el ISIS, por más que genere muertes en todas partes, es un fenómeno de la periferia del islam: el 25% de los voluntarios internacionales son conversos y hay muchos musulmanes de Occidente. La mayoría de sus portavoces hablan un árabe pobre con acento británico, quizá porque el ISIS ha crecido en las cárceles europeas”.

Cuando se juntan recortes de derechos, violencia y criminalización de una minoría religiosa, en Europa sabemos por experiencia que nada bueno va a pasar

Este recrudecimiento de la violencia por parte de ISIS parecía imposible apenas hace cuatro años. En 2011, cuando se producen las intifadas y las revoluciones de la primavera árabe, “se habló repetidamente de la derrota definitiva de Bin Laden y Al Qaeda. La gente que salió a las calles pedía dignidad y libertades democráticas, lo que parecía dejar fuera de juego al islamismo radical. Hoy, sin embargo, lo que está ocurriendo es otra cosa, que definió muy bien Gramsci cuando dijo que los fascismos son resultado de revoluciones fallidas. El radicalismo es el producto de varias contrarrevoluciones que han reestablecido en el mundo árabe tres fuerzas mellizas: la intervención internacional, las dictaduras locales y las respuestas yihadistas. Son tres fuerzas zombies, pero que lo definen todo”.

El caso de Francia

Este escenario en el que dos fuerzas opuestas se retroalimentan puede fácilmente generarse en Europa, dibujando un círculo de atentados, represión a las minorías, más atentados y más represión. “Debemos defender el Estado de derecho y, para ello, tenemos que proteger a las minorías más vulnerables, que son los grupos inmigrantes de las periferias de las metrópolis, muchos de los cuales son musulmanes. Cuando a estos grupos se les utiliza no como medida del derecho sino como criminalización de un credo religioso, tenemos razones para inquietarnos”. El caso de Francia es clarísimo, según Alba Rico, “ya que se utiliza un ultralaicismo falsamente republicano para criminalizar a todos los que profesan una misma religión”. Esa excusa “sirve como pantalla para desplazar la atención de problemas como la crisis y la corrupción, pero también para recortar libertades, lo que en Europa empezó a ocurrir antes de los atentados del Charlie Hebdo. Y cuando se juntan recortes de derechos, violencia y criminalización de una minoría religiosa, en Europa sabemos por experiencia que nada bueno va a pasar”.

La mayor parte de las víctimas del ISIS son musulmanes, como lo son la gran mayoría de las personas que luchan contra él

Los musulmanes son definidos mediante estereotipos y clichés que se repiten en los medios y sedimentan en el inconsciente colectivo, referidos a su físico y a su mentalidad, y que van conformando lo que Alba Rico señala como una unidad negativa inasimilable. “Los musulmanes son 1.400 millones de personas que viven en 54 países, y por tanto hay una gran variedad de actitudes y puntos de vista, pero lo reducimos a uno solo. Al islamismo le ocurre igual”.

Las soluciones

Todo musulmán se convierte en un islamista radical, cuando “es evidente que la mayor parte de las víctimas del ISIS son musulmanes, como lo son la gran mayoría de las personas que luchan contra él”. Sin embargo, asociamos islamismo a violencia y terrorismo de forma automática. “Se hizo un test en España después del 11-S en el que se pedía a profesores de instituto, gente joven con formación y cultura, que definieran en cinco segundos una serie de términos con una palabra. Cuando les salió “Islam” utilizaron conceptos como violencia, fanatismo o terrorismo. Seguro que si en lugar de cinco segundos les das treinta, dicen otra cosa, pero vivimos en la cultura de los cinco segundos, de modo que lo común es que si tienes un musulmán como vecino lo veas como un fanático o un terrorista”.

Las soluciones no son sencillas, pero sí están identificadas, según Alba Rico. “En el frente interno tenemos que afirmar la democracia y las libertades políticas en general; en el exterior, deberíamos entender que la peor manera de acabar con el yihadismo es apoyar dictaduras e intervenciones militares; y en el día a día es muy importante todo el trabajo relacionado con la inmigración que se haga en los barrios, articulando proyectos que incluyan propuestas políticas y culturales comunes entre vecinos e inmigrantes que ayuden a bajar el nivel de tensión. El gran problema es que no suele haber espacios comunes, también por las contracciones comunitarias de los inmigrantes. Hay que romper esas fronteras”.

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