Mejor O muy caros o muy baratos

El truco para comer siempre bien y el fin de los restaurantes de clase media

Elegir locales en los que el menú tenga una buena relación calidad precio no es sencillo, pero un prestigioso crítico gastronómico asegura haber encontrado la solución

Foto: Lo bueno, si es barato, ¿dos veces bueno? (iStock)
Lo bueno, si es barato, ¿dos veces bueno? (iStock)

Comer fuera de casa es caro pero a todos nos gusta darnos un homenaje de vez en cuando, y con los años nos volvemos exquisitos con el lugar que elegimos. Igual que en algún momento de la vida te das cuenta de que merece la pena gastar más dinero y comprarte un sólo par de zapatos de calidad que comprarte diez por el mismo dinero y acabar con los pies deformados, con esto de salir a comer parece que el paladar, como el buen vino, mejora con el paso del tiempo.

Es entonces cuando nos da por mirar reseñas de restaurantes en blogs y medios culinarios y nos dejamos aconsejar por nuestros amigos y conocidos para que nos iluminen acerca de qué sitios tenemos que visitar sí o sí para descubrir un mundo de sabores. “Por decirlo claramente: yo descarto los restaurantes en los que la gran mayoría de la gente piensa cuando está barajando ir a comer fuera”, sentencia el crítico gastronómico Todd Kliman, quien reconoce en Washingtonian que hace tiempo que no come un restaurante de categoría media.

Tras más de 12 años trabajando como crítico, y con una media de visitas que supera los 500 restaurantes por año, Kliman lo tiene claro: “Si quieres ser un comensal más feliz y sentirte pleno, necesitas desligarte de los de clase media”. Y cuidado, porque esto no quiere decir que tengas que gastarte un pastizal en comer. Hay alternativa.

La regla para escoger dónde comer

Kliman come fuera aproximadamente cinco días cada dos semanas y está convencido de haber dado con la clave para que su ruta de restaurantes sea siempre un éxito: “ir a lo más bajo o a lo más alto”.

Con una media de 350 euros para gastar en comer fuera, el crítico considera que le compensa más gastar mucho en un restaurante realmente exclusivo en el que tenga que invertir más de la mitad de su presupuesto –en torno a 150 euros– y repartir el resto en locales baratos que ofrezcan una alternativa diferente y curiosa, aunque sean simples puestos callejeros o bares pequeños.

Todd Kliman, dándolo todo. (Washingtonian)
Todd Kliman, dándolo todo. (Washingtonian)

Aunque es de los pocos críticos gastronómicos que defienden esta teoría, tras más de una década trabajando en el sector él está convencido de que esta regla es la que verdaderamente le lleva a encontrar lugares diferentes donde la comida es excepcional.

Combina comidas en restaurantes únicos con importantes chefs situados en las mejores zonas de la ciudad con pequeños locales del extrarradio donde sobre todo acude a comer platos de gastronomías lejanas como la peruana, la asiática o la etíope. Pero nunca va a los que él considera de categoría media que son, al fin y al cabo, a los que va todo el mundo en masa.

“Siguiendo este sencillo principio, puedo garantizar que comerás mejor cada vez que vayas a un restaurante. No sólo eso, sino que rara vez o nunca pensarás que has perdido tu tiempo o tu dinero”, asegura.

Ni chicha ni limoná: cuidado con las modas

“Tienes que ser fuerte para resistirte a ir los sitios de los que todo el mundo habla”, opina. El crítico está convencido de que en los restaurantes de categoría media nunca vale la pena el dinero que te cobran por comer: “La calidad del pescado no es del todo buena, los chefs enmascaran los sabores con mayonesa o limón y el arroz suele ser pobre y mal cocinado. Además, son demasiado caros y sosos y con frecuencia acaban cobrándote o vendiéndote cosas que ni siquiera son comida”, critica.

“Con mi sistema de 'alto-bajo' el dinero se distribuye de una forma mucho más efectiva”, advierte. Este reparto permite comer fuera cinco veces, cuatro en sitios de clase baja y una dándote un señor homenaje sin arrepentirte: “Tienes que tratar de encontrar una comida que sea gratificante hasta la médula. Una comida que justifique una inversión económica considerable, pero no porque lo digan 'los expertos', sino porque resulte emocionante, memorable y sea un verdadero descubrimiento”.

Nuestro Todd Kliman, más o menos. (Efe)
Nuestro Todd Kliman, más o menos. (Efe)

Cuando lo importante no es la comida

“Si eres un verdadero entusiasta de la comida y buscas sacarle partido a tu inversión en gastronomía, optar por ir a lo más alto o a lo más bajo te ayudará a aprovechar al máximo tu presupuesto”, asegura Kliman, aunque también asume que su regla no puede aplicarse a todas las situaciones: “Si vas a una cena de grupo con compañeros de trabajo o a una comida con familiares, tendrás que elegir un restaurante en el que todos se sientan cómodos, y probablemente este sea de los de rango medio”. Ahí puedes saltarte la norma porque lo importante no es el sitio ni el menú sino estar con esas personas, comenta el experto.

Al margen del sentimentalismo, trata de mover a 12 personas al antro mexicano que descubriste en un callejón o a dejarse media nómina en el noruego que visitaste el mes pasado. Claramente, mejor no te compliques.

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