Salud: Aprende: estas personas no sufren nunca dolor de espalda, y esta es la razón. Noticias de Alma, Corazón, Vida
LOS DESCUBRIMIENTOS DE ESTHER GOKHALE

Aprende: estas personas no sufren nunca dolor de espalda, y esta es la razón

Debido a que es una de las dolencias más frecuentes en la sociedad occidental, damos por hecho que en todos los lugares del mundo la espalda da problemas, pero no es necesariamente así

Foto: Algunas sociedades ignoran por completo qué se siente cuando te duele la espalda. (Reuters/Esam Omran Al-Fetori)
Algunas sociedades ignoran por completo qué se siente cuando te duele la espalda. (Reuters/Esam Omran Al-Fetori)

El de espalda es uno de los dolores más frecuentes en la sociedad occidental, que según los datos de la última Encuesta Europa de Salud realizada en España, afecta al 75% de los trabajadores españoles. La tercera parte de ellos lo sufre de manera crónica, y es una de las causas de baja laboral más frecuentes. Se trata de un mal tan difundido que hemos llegado a pensar que se trata de parte consustancial a la experiencia humana, pero no es así. Como ha demostrado la especialista en postura corporal y acupuntura Esther Gokhale, hay determinados pueblos repartidos por todo el mundo donde a nadie le duele la espalda.

De las montañas de Ecuador a los pueblos pesqueros de Portugal pasando por África Occidental, muchas poblaciones tradicionales desconocen el significado del concepto “dolor de espalda”, como explica un artículo publicado en NPR. Y eso, a pesar de que sus habitantes suelen hacer esfuerzos físicos mucho más duros que a los que estamos habituados. Estos suelen llevar cubos de agua en sus cabezas, recoger comida del suelo durante horas o tejer en cuclillas, tres actividades que al hombre occidental, sentado en su ergonómica silla sobre ruedas, le parecen bastante dolorosas y que sin embargo resultan mucho más beneficiosas de lo que parecería.

Nada de S, la clave está en la J

Como comprobó Gokhale al examinar la columna vertebral de dichas personas, su forma era muy distinta a la de aquellos que siguen un estilo de vida occidental. La mayor parte de nosotros tenemos una columna en forma de S, que se curva en la parte superior y en los lumbares, una composición que durante años se ha considerado la ideal. Sin embargo, la mayoría de los habitantes de estos pueblos tenían una columna vertebral en forma de J, con una leve curvatura hacia el final. La misma que presentan las estatuas de la Grecia clásica y los niños antes de que echen a perder su espalda. Ahí se encuentra la clave, según la autora: en recuperar la forma de J a través de varios ejercicios que ella misma propone.

Pero, ¿qué hace que la estilosa J se convierta en una sinuosa S? Por una parte, nuestro peso es muy superior al de aquellas personas, lo que contribuye a deformar la columna cuando la barriga tira hacia abajo de nuestros cuerpos. Además, la falta de actividad física contribuye a hacer más pronunciado este cambio, como explica en el artículo el doctor Praveen Mummaneni, un neurocirujano de la Universidad de California. “Un estilo de vida sedentario promueve la falta de tonificación muscular y de estabilidad en la postura, ya que los músculos se debilitan”. La mayor parte de ejercicios relacionados con el dolor de espalda se centran, de hecho, en reforzar la musculatura abdominal.

Gokahle empezó a investigar estos problemas después de que el nacimiento de su primer hijo le produjese una terrible hernia discal para la que no encontraba solución en la medicina occidental. “No podía dormir por las noches”, recuerda. La cirugía, por la que pasó varias veces, tampoco pudo solucionar el problema. Al examinar las sociedad tradicionales, se dio cuenta que había dos factores importantes en nuestro dolor de espalda: la pérdida de una tradición kinestésica y la industria de la moda. En otras palabras, caminamos poco y mal y nos sentamos aún peor.

Antes sólo nos sentábamos para pensar sin que nos distrajesen, ahora pasamos el día sentados y distraídos por multitud de estímulos

Por lo general, las personas que pertenecen a estas culturas caminan mucho más erguidas que nosotros, una postura favorecida por actividades como llevar agua en recipientes que se colocan en la cabeza, y que obligan forzosamente a sus portadores a mantenerse rectos. La autora recuerda que en muchos pueblos africanos, la mayor parte de las miradas no se realizan moviendo la cabeza, sino los ojos. Ello no quiere decir que no debamos levantarnos mucho más a menudo de lo que lo hacemos y caminar: como explica un artículo en Liberated Body sobre Gokhale, el ser humano empezó a sentarse para llevar a cabo actividades relacionadas con el pensamiento y la reflexión, con el objetivo de no ser distraído por ningún otro estímulo. Hoy en día, nos sentamos todo el tiempo pero ya no lo hacemos para reflexionar, sino que estamos más distraídos que nunca, a veces mirando el teléfono móvil, otro de esos dispositivos que provocan que nuestra espalda sufra.  

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