Orgías a la española

Las fiestas sexuales madrileñas, contadas desde dentro

"Muchas personas creen que el concepto de libertad más sexo se traduce en follarse a todo lo que se mueva, y no es así necesariamente". Así se viven las fiestas sexuales en España

Foto: 'Siempre tienen la idea preconcebida de que vamos a ser un 70-80% tíos y el resto chicas, pero no. Solemos ser fifty- fifty'. (iStock)
'Siempre tienen la idea preconcebida de que vamos a ser un 70-80% tíos y el resto chicas, pero no. Solemos ser fifty- fifty'. (iStock)

“Viví dos años en Inglaterra y todo el lío en el que estoy metido ahora viene de ahí. Cuando descubrí que mi afición al BDSM y a los rollos fetichistas que vivía en privado, allí la gente los llevaba sin ningún problema, me empecé a plantear por qué aquí no se hacían”, explica Miguel Vagalume a El Confidencial. “El primer espectáculo que vi en directo eran dos bolleras vestidas de militares. Era como el paraíso hecho evento… No me lo podía creer, era flipante”, confiesa el cofundador de la plataforma Golfxs con principios que ofrece talleres, charlas, fiestas y apoyo profesional para personas con relaciones, identidades o prácticas sexuales no convencionales.

“Después de ver eso y de morirme de envidia durante años viendo los eventos que se organizan en Holanda, Londres y otras capitales europeas, pensé  ‘no quiero tener que irme a Berlín para ver esto y, si puedo, lo hago aquí”. Así, con mucho trabajo de fondo y un gran esfuerzo por encontrar apoyo monetario –porque no, “económicamente estas fiestas no son rentables”, comenta Vagalume– comenzó hace alrededor de 6 años a organizar encuentros sexuales en grupo nuestro país. Y, cuando los consigue sacar adelante, son todo un éxito.

Fiestas fetiche, BDSM, poliamor, públicas o para ambientes más privados e íntimos. Así se viven las fiestas más atrevidas en nuestro país.  

La mayoría de las fiestas públicas tienen temática 'bedesemera'. (Corbis)
La mayoría de las fiestas públicas tienen temática 'bedesemera'. (Corbis)

Toc, toc: ¿puede ir cualquiera?

“Hacemos la convocatoria a través de nuestra lista de contactos –en la que hay unas 200 personas aunque más o menos la mitad acuden regularmente– y los propios miembros pueden llevar a quien les dé la gana: como si quieren fletar tres autobuses con gente que han conocido y que es majísima, asumiendo cierta responsabilidad sobre quiénes son y cómo van a actuar”, explica el organizador. Saben previamente quiénes son los participantes –aunque todo se trate desde el anonimato– y cuántos van a ser. “Tú vienes porque te hemos invitado o porque te ha invitado alguien que está aquí”.   

Miguel Vagalume (@lamoscacojonera)
Miguel Vagalume (@lamoscacojonera)

Pero hay diferencia entre las fiestas privadas y las abiertas al público para las que basta con ser mayor de edad, comprarse una entrada y cumplir con el dresscode que se estipule para asistir que suele ser, como comúnmente se conoce, sadomaso. “Lo que intentamos evitar en las públicas es que entre cualquiera que pase por la calle sin más. Es normal que si alguien ve a una persona con un traje estupendo de cuero, mucha piel al aire o unas grandes tetas postizas piense ‘hostia, voy ahí para dentro’”, explica Vagalume. De ahí que se exija acudir con un código de vestimenta del ambiente fetiche: “No puedes entrar con vaqueros sin más, tienes que ir preparado con la ropa adecuada”.

Las entradas suelen costar entre 20 y 30 euros y su precio va subiendo a medida que se acerca el evento. Una cantidad bastante módica para el coste real de estas fiestas que son muy caras de realizar: “Hace un par de años organicé con un amigo por primera vez en España un evento fetish llamado Torture Garden y fue muy complicado y caro montar algo así: costó varios miles de euros que puso una marca que ahora se dedica a otras cosas”, cuenta el también experto en sexología.

Para las públicas se hacen carteles para darlas a conocer y se convoca a la gente por redes sociales y demás plataformas mientras que las privadas, por el contrario, “no se anuncian en ningún lugar y nadie fuera de ese local y de esa lista de correo sabe que está ocurriendo esa fiesta”, comenta.  

“El ambiente es muy variado”, asegura Vagalume. Suelen acudir entre 40 y 100 personas de 35-40 años de media, dependiendo del día, y las fiestas duran alrededor de 5 o 6 horas hasta altas horas de la madrugada. Además en sus eventos suele haber paridad: “Cada vez que cambiamos de local para organizar las fiestas siempre tienen la idea preconcebida de que vamos a ser un 70-80% tíos y el resto chicas, pero no. Solemos ser fifty fifty. ”

Torture Garden Madrid 1 / October 2013.

La puesta en escena

Suelen organizarlas en locales gais “porque muchos están ya pensados para follar”, dice Vagalume, quien explica que además suelen ofrecer el ambiente idóneo con instalaciones de BDSM, potros, cruces y, en general, suelen tener espacios para practicar sexo allí directamente: “Tienen lo que suelo denominar como follódromo: por un lado está la zona de barra y por otro tienen como un sitio donde puedes enrollarte si quieres”, comenta.

Vagalume explica que los locales heteros –generalmente los de swingers– son más diáfanos y están pensados para dar espectáculo y apenas hay intimidad mientras que los de gais tienen muchos recovecos, esquinas, reservados… Justo lo que él y su grupo buscan. “Nos gusta hacer posible que la gente pueda hacer lo que le dé la gana”, insiste, y para eso este tipo de locales ofrecen todo tipo de posibilidades para los asistentes, desde practicar sexo en mitad del bar hasta irse a un rincón con una o varias personas o, simplemente, quedarse en la barra tomando una copa.

La mayoría de las personas del grupo son, como yo las llamo, gente inflamable

El atrezo y decoración suele ser bedesemero pero evitan una puesta en escena demasiado artificial que, en la mayoría de los casos, es innecesaria: “Si ponemos ostras u otros afrodisíacos parece que estemos intentando convencer a alguien para que venga, y la gente que acude ya trae mucho de casa”, añade.

Animando el cotarro

Mujeres en lencería ofrecen champan en bandejas mientras una chica encuerada con botas hasta los muslos invita a los asistentes a entrar a la fiesta y les azota picarona con un látigo. No, al menos no es así en las fiestas privadas –en las públicas sí hay animadores y mucho más teatro– para las que no hace falta activar a los asistentes.

“La realidad es menos hostil de lo que se espera. Quien va a estas fiestas es porque quiere y sabe a lo que va, de ahí que normalmente no haga falta ayuda para animar la reunión”, explica Vagalume. “La mayoría de las personas del grupo son, como yo las llamo, gente inflamable. A nada que haya ese día buen feeling –que hay veces que no y la gente se va a las salitas privadas y ya está– no nos cuesta nada soltarnos: normalmente ves a alguien que está en la barra, te vas al reservado, de camino te cruzas con no sé quién que después se anima también… Y poco a poco se va contagiando todo el mundo”.

No se anuncian en ningún lugar y nadie fuera de ese local y de esa lista sabe que está ocurriendo en esa fiesta

Muchas veces les preguntan qué tipo de gente va a ir, si va a ser más BDSM, swinger o más poliamor, cuánta gente va a ir, qué va a pasar o cómo va a ser, “pero no puedo contestarles porque depende del grupo, de día…”. Al contrario de las públicas, en las que se establece una temática, “en las fiestas privadas no nos dedicamos a empujar el evento hacia una determinada dirección, aunque sí que solemos hacer sugerencias: para este llevar lentejuelas, plumas, pelucas… Que haya una excusa como para que te lo tomes más de fiesta y no vayas allí sin más a tomarte algo”, explica.

En su opinión, una parte muy erótica es el tiempo que pasa entre que sabes que vas a ir a un evento y te imaginas la ropa que vas a llevar, dónde conseguirla, cómo te va a quedar, saber qué otra gente va a ir… “Toda esta anticipación que te vas montando en la cabeza hace que ya llegues allí con las expectativas bien altas y la gente ya está predispuesta a pasarlo bien y participar”, insiste. “No es el ambiente depredador de que llegas con algo de escote y te meriendan viva, pero gracias a ese deseo generado, digamos que el ambiente ya está cargadito así que a nada que pase algo empiezan a surgir más cosas”.  

Fotografía de Marcelo Sotomontes (golfxsconprincipios.com)
Fotografía de Marcelo Sotomontes (golfxsconprincipios.com)

Disfrutar en libertad: no es follar por follar

Un mantra acompaña a todas las fiestas que organizan y se preocupan de que esté visible en varios sitios del local: Si alguien te acosa, agobia o molesta, por favor, avísanos inmediatamente y lo solucionaremos discretamente en ese momento. “Cada palabra es importante, incluso incluye un verbo tan indefinido como ‘molestar’ y está metido muy intencionadamente porque no hace falta que alguien te esté sobando para que te agobie y te haga sentir incómoda”, comenta Vagalume.

“Hemos visto que en otros espacios, la mayoría de la gente –sobre todo chicas– no se queja. La frase que más se repite es la de ‘yo es que no quiero montar un pollo’ y prefieren irse ellas o buscar otra opción en lugar de quejarse y que se lie”, explica. “Nosotros nos preocupamos de que se respete a todo el mundo: si alguien da la brasa y se pone muy pesado le echamos a la calle: le damos el toque, le ponemos aparte y si no es capaz de procesar que haya tanta oferta pues entonces le mandamos a su casa”, sentencia.

Una de sus máximas preocupaciones es “evitar el rollo casposo” y para ello los organizadores se preocupan de estar pendientes de que todo esté bajo control (cuentan con ayuda de vigilantes profesionales de confianza) y que nadie lo esté pasando mal: “Somos un entorno la mar de incómodo para determinadas cosas que fuera se pueden ver como normales como para que cualquiera venga a nuestras fiestas: lo que no queremos hacer es tener lo mismo dentro que lo que hay en la calle, porque para eso ya está la calle. La idea es que sea como una burbuja”.  

“Las fiestas que hacemos nosotros tienen una particularidad, que a algunas personas les cabrea pero nos hace estar más a gusto a la mayoría: en nuestros encuentros puedes hacer lo que quieras. Abrimos varios caminos a la vez para que todo sea posible. Pero cuando digo todo, es todo”, comenta orgulloso el padre de Golfxs.

 

Normalmente el ambiente ya está cargadito así que a nada que pase algo empiezan a surgir más cosas

“No es follar por follar, igual llega ese día y no tienes el mejor estado de ánimo, estás cansado, no cuadran las horas o el local te da poca onda, y ese día pues se folla poco”, explica el experto en eventos sexuales. “Tienes el mismo derecho a estar tomándote una copa y hablando sin más como el que se pone a follar encima de la barra sin necesidad de que te esté metiendo mano todo cristo”.

“Hay gente que se raya porque piensan ‘he venido aquí a hartarme de follar’, pero si quieres sexo sin más ya hay locales swingers que están pensados para eso”, insiste. “Muchas personas creen que el concepto de libertad más sexo se traduce en follarse a todo lo que se mueva, y no es así necesariamente: no todo el mundo piensa en estos eventos para aparearse en masa”.

No es tan idílico: las complicaciones

Más allá del gasto económico, en nuestro país se hace bastante complicado encontrar el lugar adecuado para organizar fiestas sexuales y, especialmente, no encontrarse trabas burocráticas por el camino: “El problema es el Ayuntamiento de Madrid, que hace muy complicada la vida a los locales”, comenta Vagalume, quien defiende que al tratarse de eventos con un claro contenido sexual “es más fácil que traten de evitarlos ‘porque sí’”.

“El pasado Halloween organizamos la Zombie Fetish Party y aparecieron tres policías municipales de madrugada pero dentro del horario legal del local para hacer una inspección: si tiene que ver con sexo, ahí les tienes”, explica. En su opinión, “saben perfectamente que el hecho de que haya dos policías paseando por la sala va a echar para atrás a mucha gente, y por eso lo hacen”.

“Pero, siendo justos”, añade, “hay más cosas que afectan: depende mucho de lo que quieren cobrar los espacios por el alquiler (que a veces se les va la cabeza y piden cantidades inmensas) y además no todos los locales gais están abiertos a organizar eventos mixtos ni todos los espacios son adecuados (no en todos hay dos espacios separados, barra y follódromo)”.   

Quien va a estas fiestas es porque quiere y sabe a lo que va. No hace falta ayuda para animar la reunión

Pero pese a las trabas y dificultades Vagalume no piensa dejar de organizar estas fiestas. “Con la idea de mezclar un montón de ambientes, hace años organizamos la fiesta Diverse, y seguimos buscando espacios para repetirla”, comenta.  

Orgulloso de sus éxitos y de que cada vez más personas les apoyen y se interesen por sus iniciativas, asegura tener la vida que había soñado que podía llevar cuando tenía 20 años, y no quiere dejar de llevarla en ningún momento, aunque le inquieta cómo será el futuro: “Si puedo seguir cuando sea un anciano pues perfecto, pero entiendo que tendré que ir adaptando los eventos a partir de esas edades”.

“Me fascina preguntarme cómo irá evolucionando y cómo será cuando dentro de unos años nos veamos con 70 años todos en pelotas”, visualiza entre risas: “¿Cómo será esto con 80 años? Pues no sé, pero tengo ganas de verlo”.  

Alma, Corazón, Vida

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