SEGÚN UNA ANTROPÓLOGA AMERICANA

Las fiestas sexuales de los más ricos del mundo: toda la verdad

Muchas personas se llevan las manos a la cabeza cuando leen acerca de las orgías de las personas más ricas, pero el sexo en grupo es más habitual (y frecuente) de lo que piensan las mentes más puritanas

Foto: Para los 'swingers' de mayor poder adquisitivo, una fiesta sexual a la semana es algo que entra dentro de lo posible. (iStock)
Para los 'swingers' de mayor poder adquisitivo, una fiesta sexual a la semana es algo que entra dentro de lo posible. (iStock)
La reciente acusación formal del exdirector del Fondo Monetario Internacional Dominique Strauss-Khan por un jurado de dos de los cargos presentados por la Fiscalía de Nueva York, los de abuso sexual e intento de violación. ha provocado que muchas personas se hayan llevado las manos a la cabeza ante los relatos de sus fiestas con presuntas prostitutas

El francés ha utilizado como defensa el hecho de que, efectivamente, eran fiestas sexuales de intercambio de pareja, pero que desconocía que alguna de sus participantes hubiese cobrado por formar parte de ellas. En definitiva: sátiro sí, pero no delincuente. Sin embargo, algunas testigos han definido dichas orgías como “una carnicería con mujeres apiladas en el suelo”.

En opinión de la antropóloga cultural Katherine Frank, de la American University y autora de Play Well in Groups. A Journey Through the World of Group Sex (Rowman & Littlefield Publishers), Strauss-Kahn no es, ni de lejos, uno de los viciosos más notorios del panorama internacional. Algo que cabría esperar de alguien que ha frecuentado los círculos del grupo de hard rock Mötley Crüe, célebre por sus excesos de sexo, drogas y Jack Daniels, y que señala en una entrevista publicada en Salon que las 12 fiestas en tres años a las que acudió el político palidecen ante la posibilidad de acudir todos los fines de semana a un encuentro sexual en grupo. Algo habitual entre los lifestylers que, como su nombre indica, hacen del sexo en grupo su forma de vida.

Swinger pobre, swinger rico

Como expone Frank en su libro, las fiestas sexuales en grupo no son, ni mucho menos, una práctica exclusiva de los más ricos. Cada persona que lleva a cabo este tipo de prácticas tiene sus razones culturales y sociales para llevarlas a cabo (o no hacerlo): esta clase de sexo puede tener tanto implicaciones de jerarquía social –el sexo como poder– como una mera puesta en cuestión de los límites por parte de los individuos y grupos sociales que intentan temar conciencia de sí mismos.

Para las estrellas del mundo del espectáculo, es fácil y barato pasar toda la noche de fiesta y encontrar a decenas de groupies interesadas en acostarse con ellosPor ejemplo, muchas de las personas que participan en fiestas sexuales, lo que desean es vivir la experiencia de la estrella del rock, algo muy común en las orgías de los países desarrollados. Un encuentro te permite sentirte como un rico sin la necesidad de serlo, aunque ello ayuda bastante a la hora de recibir un trato VIP o ciertas ventajas. El sexo en grupo, incluso el más cutre, siempre intenta tener un marcado perfil fantasioso y de lujuria: a pesar de que tan sólo somos unos sátiros de clase media, compraremos champán, ropa de encaje y algún afrodisiaco de esos que supuestamente funcionan. Si tenemos dinero, quizá drogas, bebidas de primer nivel y alquilaremos un entorno privilegiado para llevar a buen puerto la fiesta, quizá un yate o, por qué no, un castillo.

Si algo tiene claro Frank es que la privacidad es un tema clave, no sólo para los ricos. Todo el mundo considera que tiene mucho que perder al formar parte de un encuentro así, pero ello determina la forma en que estas personas buscan su compañía sexual. En otras palabras, Strauss-Kahn u otros políticos y directivos no son los Rolling Stones. Para las grandes estrellas del mundo del espectáculo, es fácil y barato pasar toda la noche de fiesta y encontrar a decenas de groupies interesadas (e interesados) en acostarse con ellos sin nada a cambio.

Mötley Crüe es un grupo célebre por sus fiestas sexuales, y su batería Tommy Lee se casó con Pamela Anderson.
Mötley Crüe es un grupo célebre por sus fiestas sexuales, y su batería Tommy Lee se casó con Pamela Anderson.

Frank recuerda que las fiestas sexuales no tienen por qué tener el sexo como factor más importante. En realidad, el hecho de que se lleven a cabo en grupo suele provocar que estas se realicen con personas con gustos afines y situaciones vitales parecidas. Sin embargo, las celebridades mundialmente famosas tienen más problemas para encontrar a otros con sus mismos gustos, aunque su nivel económico les favorezca. No pueden poner un perfil en Internet, no pueden preguntarle a alguien en una fiesta si le va eso del cancaneo y no pueden llegar a Las Vegas y preguntar por la convención de swingers vestidos de cuero… Salvo que alguien lo haga por ellos.

Lo que se hace (y no se hace) en el cuarto del placer

Después de analizar las palabras de Strauss-Kahn detenidamente, Frank concluye que, frente al sexo generalmente respetuoso que se realiza en los encuentros de grupo, la dureza que han manifestado muchos testigos le lleva a pensar que las mujeres eran completas desconocidas para el economista y sus amigos o no tenían a nadie que las protegiese ante sus deseos. Por lo general, si participan las esposas u otras personas allegadas, son estas las que marcan los límites cuando se percibe que los límites se están transgrediendo.

Donde hay hombres poderosos y ricos, siempre hay mujeres que quieren acostarse con ellosPor lo general, muy pocas de estas fiestas recurren de verdad a las prostitutas. Sobre todo, porque como hemos dicho, no se necesitan si tienes dinero en el bolsillo o eres lo suficientemente famoso: “Donde hay hombres poderosos y ricos, siempre hay mujeres que quieren acostarse con ellos”. Es una situación de mucho riesgo para alguien que puede ser fácilmente identificado, lo que pondría en peligro su carrera profesional. Por eso, y como contaba la actriz porno Asa Akira en sus memorias, es frecuente que se arreglen fines de semanas en localizaciones ocultas o paradisiacas a través de intermediarios que ofrezcan sexo de lujo y el completo anonimato a sus clientes.

Una regla sagrada es que lo que ocurre dentro de los dormitorios, se queda. Frank pone de ejemplo el castillo de sir Ivan en los Hamptons, que suele albergar a menudo orgías y en el cual existe una rigurosa norma que impide la entrada de teléfonos móviles. ¿La conclusión final de la autora? Que probablemente los ricos pero no expuestos a la luz pública son los que mejor se lo pasan, como es el caso de algunos militares o empleados del gobierno, porque tienen lo mejor de ambos mundos: una privilegiada situación económica que atrae a las parejas sexuales y el anonimato del hombre de clase media que tiene poco que perder si sus aficiones salen a la luz. 

Alma, Corazón, Vida

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