EROTICÓN

Fantasía hecha realidad

Las parejas disfrutan dentro. Las chicas llegan y se unen a la fiesta, y los ‘solteros’ esperan a ser elegidos. Tabúes a un lado, comienza el desenfreno.

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Fantasía hecha realidad
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Las parejas disfrutan dentro. Las chicas llegan y se unen a la fiesta, y los ‘solteros’ esperan a ser elegidos. Tabúes a un lado, comienza el desenfreno. Es la hora del intercambio de parejas. Dos son los requisitos básicos: no ser conservador y adorar el sexo. Lo demás, surge solo.

 

El matrimonio clásico convive ahora con el liberal y el sexo de dos en dos se abre al sexo en grupo. Los locales de intercambios de pareja de las grandes ciudades no dan abasto para acoger a tantos hombres ávidos de lujuria y, mientras las chicas solas cumplen “el sueño de todo hombre”, como dicen los encargados de estos clubs, “que es acostarse con dos mujeres a la vez”, los ‘solteros’ aguardan su turno tomándose una copa mientras fantasean con lo que les deparará la noche.

 

¿Cómo funcionan estos locales? ¿quién los frecuenta? ¿qué actividades ofrecen? Los dueños de un par de estos ‘paraísos del sexo libre’ han contado a El Confidencial los entresijos del ‘amor en grupo’.

 

La mayor cualidad de practicar el sexo grupal en este tipo de locales es que allí no cabe el engaño, como sí ocurre con las citas acordadas a través de internet, donde hay personas “mal intencionadas” que, tras ser contactados por sus anuncios -‘vive tus fantasías con un matrimonio real’, ‘ofrecemos masajes a cuatro manos’...-, se comprometen a acudir con su pareja y, cosas de la vida, llegado el día, ‘algo’ impide que éstas acudan. Además, los clubs ofrecen la posibilidad de comparar y no tener que escoger a la primera pareja que se presenta.

 

La práctica está tan extendida que tiene su propio argot. En el ambiente nocturno recibe el nombre de swinging. Además de la participación activa, también permite el exhibicionismo y el voyeurismo, y tiene dos modalidades de acuerdo al grado de participación: soft swinging o soft swap -intercambio ligero, que sólo permite besos y sexo oral con una tercera o cuarta persona, pero no la penetración- y full swap, subdividido en open y closet dependiendo de si las -en principio cuatro- personas quieren practicar el coito en la misma habitación o sin que les vea su ‘pareja de siempre’. En algunos locales se entregan pulseras de diferente color a los clientes para facilitar los encuentros en función de las apetencias.

 

Una mujer y muchos hombres

 

Dependiendo del tamaño de estos clubs de ocio naturistas, los hay que ofrecen ‘fiestas multitudinarias’ o más reservadas. En uno de los más grandes de Madrid, la fiesta estrella consiste en que la mujer del matrimonio disfrute del sexo con muchos chicos la misma noche. Para esta actividad, las parejas tienen entrada libre y los ‘solteros’ pagan 60 euros por el acceso -aunque finalmente no sean elegidos-. Para el resto, el precio que pagan los hombres solos es aproximadamente de la mitad y, una vez seleccionados para formar parte del trío, pueden disfrutar con el matrimonio en la sauna, el spa, el jacuzzi...

 

Quienes quieran probar la experiencia sin la posibilidad de encontrarse allí con su jefe -sin maletín- o su vecino -sin barra de pan- y sus respectivas mujeres, les encomiendo a visitar el mayor lugar de reunión de swingers europeo, situado a unos 300 kilómetros de la ciudad condal. Se llama Cap d´ Agde y en verano cuelga en cartel de completo cuando el cliente número 30.000 deja su D.N.I en recepción: es el paraíso de la lujuria.
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