UN DILEMA VITAL

¿Quieres certeza u oportunidades? Por qué cambiar no siempre es bueno

A veces las personas se bloquean y se sienten desorientadas y atrapadas en sus vidas, pero es posible salir de esos bloqueos con un cambio de enfoque

Foto: Siempre podemos elegir entre una opción u otra. (iStock)
Siempre podemos elegir entre una opción u otra. (iStock)

En muchas ocasiones la gente acude a la consulta de un psicólogo o un coach con el objetivo de aclarar sus dudas. En la mayor parte de los casos estas dudas tienen que ver con pequeñas decisiones que afectan a cambios puntuales en sus vidas, y por lo general suelen resolverse de manera eficaz y en poco tiempo. Sin embargo, existe otra clase de dudas que cuesta más resolver. Se trata de personas que buscan desesperadamente encontrar su verdadera media naranja, su auténtica vocación, o en los casos más extremos, su objetivo es encontrar quiénes son en realidad. El problema no es la dificultad en la toma de decisiones, el problema radica en la búsqueda de esa alternativa más veraz, real o auténtica. Esta actitud implica asumir la existencia de un lugar en nuestros cerebros difícilmente accesible, en el que algo o alguien ha programado de antemano lo que más nos gusta o conviene. Por si esto fuera poco, además ese algo o alguien tuvo la feliz idea de ocultar la información, de manera que por mucho que nos esforcemos y suframos en el intento, no conseguimos encontrar las respuestas que buscábamos.

En estas condiciones las personas se bloquean y se sienten desorientadas y atrapadas en sus vidas, pero es posible salir de esos bloqueos con un cambio de enfoque. En muchos casos el origen del problema está en una mala combinación de ciertas creencias irracionales con una interpretación desenfocada de algunas experiencias humanas. Veamos qué implica cada uno de estos factores.

¡Qué grave error sería concluir que algo importante para nosotros debería dejar de serlo solo porque ha cambiado temporalmente la forma en la que nos sentíamos ante ello!

Las creencias a las que nos referimos son aquellas que enfatizan el control y la certeza por encima de la flexibilidad y funcionalidad. Dicho de otra manera, cuando asumimos que debemos estar extremadamente seguros de acertar antes de tomar cualquier decisión importante, nuestro comportamiento se volverá progresivamente más rígido y menos espontáneo, tenderemos a evitar todo aquello que conlleve un cierto nivel de riesgo o incertidumbre y nos limitaremos a movernos en una zona de nuestras vidas que conocemos y nos hace sentir cómodos. Si nos dejamos llevar por esta tendencia, con el tiempo, cuando nos enfrentemos a decisiones complejas, una “vocecita” interior nos recordará que no debemos iniciar una relación hasta no estar completamente seguros de que es la persona adecuada, no debemos aceptar un trabajo si no estamos completamente seguros de que es el adecuado y no debemos sentirnos satisfechos con las personas que somos, hasta que no estemos completamente seguros de conocer quiénes somos en realidad.

Por qué fallamos al interpretar nuestras experiencias

La cuestión es… ¿cómo sabremos que ya tenemos las respuestas? ¿Cómo sabe alguien que por fin ha encontrado lo que realmente es, siente o prefiere? La respuesta más frecuente es de tipo emocional, creemos que tendremos las respuestas correctas cuando nos sintamos intensa y constantemente felices, motivados y apasionados. Esto nos lleva al siguiente punto, es decir, a la interpretación desenfocada de algunas experiencias.

Y no es que no podamos tener experiencias geniales con nuestras relaciones o nuestro trabajo, pero pensar que alguien pueda vivir hasta el último día de su vida sintiendo una pasión incontrolable por su pareja y una motivación inagotable hacia su trabajo es sencillamente una locura. Las emociones y la motivación son elementos cambiantes, reactivos, varían de acuerdo con un montón de factores internos y externos que apenas controlamos. Además están sujetos a complejos procesos fisiológicos, que hacen que, sin previo aviso y al margen de nuestra voluntad, las cosas y las personas nos hagan sentir distintas emociones y con intensidades diferentes de un día para otro. Podemos elegir lo que hacemos, pero no cómo nos sentiremos al hacerlo.

Elegir es el mayor acto de libertad y determinación que tenemos, tanto que cuando se ve limitado o comprometido aparecen importantes problemas para salud física y psíquica

¡Qué grave error sería concluir que algo importante para nosotros debería dejar de serlo solo porque ha cambiado temporalmente la forma en la que nos sentíamos ante ello! Este es el desencadenante más frecuente que lleva a las personas a tomar decisiones poco coherentes que en ocasiones terminan por sabotear sus vidas y las de las personas que tienen a su alrededor. Todos conocemos ejemplos de personas que dan por hecho que deberían cambiar de trabajo porque el actual no les motiva, que creen que ha llegado el momento de terminar una relación porque ya no sienten la pasión del inicio o personas que creen que deben cambiar su forma de ser porque no se sienten del todo seguros con la imagen que tienen de sí mismos. Casi siempre la historia se repite una y otra vez y, tras cada cambio, vuelven a aparecer las dudas, la inseguridad y un nuevo ciclo de insatisfacción vital y búsqueda.

Elegir es el mayor acto de libertad y determinación que tenemos, tanto que cuando se ve limitado o comprometido aparecen importantes problemas para salud física y psíquica. Lo que elegimos y lo que hacemos es la mejor muestra de quiénes somos en realidad, es lo único que depende exclusivamente de cada uno de nosotros. La pregunta clave, por tanto, no es quiénes somos en realidad, sino qué elegimos que sea importante en nuestras vidas. Lo que mejor nos define como personas está aún por ocurrir y podemos elegirlo, hoy, ahora mismo y cada día durante el resto de nuestras vidas. Y ahora, ¿qué vas a hacernbsp;¿buscar certeza o crear oportunidades?

*Daniel Peña Molino es doctor en psicología, consultor de Recursos Humanos y coach ejecutivo.

Alma, Corazón, Vida
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