Lucha contra tu otro 'yo'

¿Por qué a veces parece que estamos boicoteándonos a nosotros mismos?

Conseguir un objetivo es complicado, pues existen numerosos obstáculos. En ocasiones uno de ellos somos nosotros mismos y hemos de saber llevarlo

Foto: ¿De verdad existe el otro 'yo' que tantas molestias nos causa? (iStock)
¿De verdad existe el otro 'yo' que tantas molestias nos causa? (iStock)

A la hora de perseguir nuestros objetivos nos encontramos con numerosos obstáculos: las circunstancias de la situación, otras personas que persiguen lo contrario a nosotros o el no tener las capacidades o recursos pertinentes para llegar a la meta. Difícil es ya de por sí luchar contra todos ellos como para encima tener que hacer frente al peor de todos: ese enemigo que nos conoce mejor que nadie porque habita en nosotros y boicoteará todas nuestras acciones siguiendo nuestros deseos e intenciones verdaderas. Ese ‘yo’ poderoso que de manera oculta controla nuestras vidas.

Como cuando se nos pierden las llaves y no podemos entrar en casa, porque inadvertidamente lo que queríamos era seguir estando de fiesta. O como cuando abandonamos la dieta y nos ponemos a comer pasteles porque ‘en realidad’ nos odiamos y no queremos lucir buena silueta. O como cuando soñamos que dejamos a nuestra pareja porque ‘en el fondo’ lo que queremos es estar solteros.

Para encontrar las respuestas que buscamos hemos de hablar del inconsciente

¿Pero de verdad existe este “otro yo” tan socorrido al que culpar de los actos que no sabemos explicar? ¿Tenemos un enemigo interior que, en el fondo, en realidad, e inadvertidamente sabotea que cumplamos lo que queremos? La respuesta es no. Y cuando digo no, lo hago basado, como siempre, en la evidencia empírica que nos brinda la ciencia y no porque quisiera decir sí pero mi enemigo interior me haya hecho confundir las teclas.

¿De dónde viene, entonces, esta idea de dualidad y de pulso entre fuerzas contrapuestas? Para explicarlo debemos hablar de dónde se encuentra ese yo oculto, que es ya un sinónimo del mismo y que, intencionadamente de nuevo, aún no había usado: el inconsciente.

La verdad del inconsciente

Aunque Sigmund Freud no fue el primero en usar el término, fue el psicoanálisis de principios del siglo XX el que lo convirtió en la explicación de toda la conducta humana. Es en el inconsciente donde se albergan los sueños, las pulsiones, los traumas y las ideas a las que no tenemos acceso desde la conciencia. Por tanto, todo trastorno o problema que no era explicable en base a lo que se conocía del ser humano era porque ocurría en esa instancia inalcanzable que operaba en términos independientes del resto de nuestra mente.

No es necesario recurrir a entes invisibles para explicar conductas o problemas

De igual manera que los médicos antiguos atribuían las enfermedades a la existencia de cuatro humores, o la física delegaba en el éter aquello que no había aún cuadrado. Nada nuevo en cualquier disciplina que aún no haya podido ser abordada por la ciencia. 

Pero la psicología, como la medicina o la física, ha experimentado un avance enorme gracias a la investigación y hoy en día no es necesario recurrir a entes invisibles para explicar conductas o problemas perfectamente atribuibles a procesos fisiológicos, cognitivos y de aprendizaje.

Por supuesto que existen procesos que operan al margen de nuestra percepción, conocimiento o voluntariedad, que influyen en nuestra conducta diaria pero en absoluto son gestados en ese limbo sin reglas llamado inconsciente, sino que siguen otros mecanismos cuya exposición excede el objetivo de este artículo al abordar muchas disciplinas distintas, pero que no por ello dejan de ser perfectamente analizables en el presente o abordables en el futuro.

Hay, por ejemplo, procedimientos cognitivos automáticos en los campos de la percepción o la memoria que explican el deja vú o los lapsus y añaden variables desconcertantes a la ecuación. Pero la neurociencia ya ha establecido muchas de esas rutas neuronales y cada día avanza en el descubrimiento de nuevas formas de seguir investigando. Como ocurre también en el tema de los sueños, tantas veces tratado desde la superstición y la falta de rigor.

La dificultad de explicar nuestro pensamiento

La psicología científica también lleva décadas estableciendo leyes de aprendizaje, teorías explicativas o quedándose de momento en hipótesis funcionales, pero siempre avanzando en la investigación empírica, publicando miles de artículos, contrastando experimentos y contradiciendo a todos los que aún creen que la psicología no responde a las mismas leyes que el resto del universo.

Algunaas verbalizaciones que configuran el pensamiento son difíciles de analizar por ser tan diversas y complejas

Hay procesos de condicionamiento que provocan respuestas nuevas y asociaciones estimulares imprevistas, que hacen que una persona se agite al estar en la arena de la playa, quiera llorar si escucha una determinada canción o diga “cañón” cuando quería decir “cariño”. También se ha descubierto cómo los estímulos que suceden a la conducta tienen relevancia a la hora de predecir una nueva. Y de qué forma lo hacen. Y en qué grado. ¿Cómo no iba la ciencia a ocuparse de algo tan importante en nuestro día a día?

Y por supuesto existen verbalizaciones que configuran el pensamiento tan diversas y complejas que son difíciles de analizar pero cuyo abordaje está siendo la herramienta más útil de intervención clínica en los últimos años.

El problema de errar en recurrir a los mitos para explicar lo que me ocurre es que, al partir de idea errónea, me será mucho más difícil predecir y modificar lo que hago mal para conseguir lo que quiero hacer.

Así, si me dejo las llaves dentro tendré que darme cuenta que antes de salir no puedo estar hablando por teléfono porque es probable que falle mi atención o que debo encontrar un sitio en la mesa que discrimine de forma acertada el cogerlas antes de cerrar la puerta. Si quiero modificar la dieta tendré que ver que a corto plazo resulta bastante aversivo y que no funcionará sólo proponiéndolo, sino modificando mi entorno para que refuerce de manera más potente este sacrificio. Y si sueño con que estoy soltero puedo disfrutar con la idea o reflexionar sobre ella a la mañana siguiente sin darle más importancia que si hubiera visto una película sobre el tema el día antes.

A no ser que quiera realmente seguir de fiesta o no tenga intención propia de hacer la dieta o aún no me atrevo a plantear que quiero romper con mi pareja. Pero eso es tan fácil como saber si quiero o no. A veces, con ayuda de alguien que me guie en la reflexión, y otras, dándome cuenta de los pros y contras de la decisión y de las variables que interfieren. Pero nunca negándome a mí mismo la capacidad de querer y desear y perseguirlo a costa de algo que no existe.

En definitiva, siempre podemos decir que somos nuestro peor enemigo cuando no aprendemos las conductas adecuadas que nos llevan al éxito, cuando no somos capaces de controlar los pensamientos que nos provocan malestar, cuando no sabemos la mejor manera de modificar nuestras rutinas… pero en modo alguno podemos decir que ese enemigo existe dentro de nosotros como algo oculto, oscuro y poderoso que nos posee a capricho para impedir nuestra felicidad. 

*David Pulido. Compagina la actividad clínica con la docente, siendo profesor del Máster de Terapia de Conducta en el Instituto de Terapia de Madrid y profesor honorario del Prácticum de la facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid. Su actividad profesional se ha desarrollado en diversos ámbitos clínicos como centros de salud, centros de acogida de menores o gabinetes de psicología. Ejerce como divulgador de la psicología en programas de televisión como 'Las mañanas de la 1', 'España Directo' o 'Las Mañanas de Cuatro'.

Alma, Corazón, Vida
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