SIN PERDER LOS NERVIOS

Cómo actuar cuando la gente no responde a tus correos o a tus mensajes

Decepción, enfado e, incluso, ansiedad. Los correos electrónicos que no acaban de obtener respuestas nos sacan de nuestras casillas, pero hay un remedio

Foto: Los correos electrónicos o las llamadas que no obtienen respuesta generan demasiadas emociones negativas. (Corbis)
Los correos electrónicos o las llamadas que no obtienen respuesta generan demasiadas emociones negativas. (Corbis)

Decepción, enfado y, en ocasiones, ansiedad. Los correos electrónicos o las llamadas que no obtienen respuesta nos generan una serie de emociones negativas que variarán dependiendo del asunto del que se trate, de la persona y del tiempo de demora. Justificadas o no estas actitudes, de lo que no hay duda es de que se pueden evitar.

Para ello, el coach Marty Nemko ha recopilado una variedad de estos supuestos, junto con los pensamientos que pueden asaltarnos ante un correo o llamada no contestada. Para cada uno de ellos ha propuesto una idea con la que calmarnos, empatizando en la medida de lo posible con la otra persona y restándole importancia a lo sucedido. Una suerte de consejos de relajación, que nos serán de gran utilidad y una completa lista que deberá acompañarnos para echar mano de ella en estas situaciones.

-Sientes que la otra persona es una grosera y que ya no podrás confiar nunca más en sus promesas. En este caso, Nemko recomienda calmarse y tratar de comprender que todo el mundo está ocupado y que, en este caso, seguramente la otra persona tenga una buena razón para no haber cumplido.

-Piensas que, al menos, la otra persona podría haber enviado un simple mensaje explicando por qué no ha podido responder o diciendo cuándo podrá ponerse en contacto. Si es así, apunta Nemko, “estás esperando demasiado de los demás, y seguro que no eres la única persona del mundo con quien tienen que hablar”.

Lo fácil es decirle a los demás lo que tienen que hacer, pero cado uno tiene sus ritmos, sus vidas y formas de hacer las cosas

-Tú tienes tus propias reglas, y aunque estés ocupado, nunca tardas más de un día en responder los correos o las llamadas. Para el coach “lo fácil es decirle a los demás lo que tienen que hacer, pero cada uno tiene sus ritmos, sus vidas y formas de hacer las cosas”.

-Algunas personas evitan responder con premura porque saben que la tardanza es una forma de remarcar el poder que tienen sobre nosotros. “Quizá sea la estrategia que siga alguna gente, pero se trata de una minoría, por lo que es lo último que debemos pensar”.  

-Te vuelves loco cuando te han prometido contestarte, pero la respuesta no acaba de llegar. “Aunque no lo creamos, la gente puede tener buenas razones para demorar sus respuestas. En ocasiones, algunas personas prefieren redactar una respuesta y dejarla sin enviar para volver a verla el día siguiente con otros ojos y realizar cambios en ella”.

-Sin más preámbulos, piensas que los tardones son así por naturaleza, son irresponsables y minusvaloran sus propias promesas. En definitiva, son personas con las que no vale la pena hacer negocios o trabajar en proyectos conjuntos. Una idea que para Nemko no está basada más que en conjeturas, las cuales representan “un gasto de energía emocional que podríamos evitarnos”.

 -Caes en la resignación y asumes que su falta de educación y respeto te mantendrá en vilo hasta recibir la esperada respuesta. Quizá no haya otra alternativa, reconoce el coach, “pero no hay que llegar tan lejos. Entre sus recomendaciones para evitar caer en este hastío destacan las siguientes:

  • Establecer el doble de plazo para la respuesta que el previamente comprometido.
  • Si se cumple este periodo, reenviar de nuevo el mismo mensaje pero indicando la palabra “seguimiento” en el asunto. Otra opción es volver a redactar el correo y preguntar si lo había recibido ya. Si esto se hace de malas formas, apunta Nemko, sólo se conseguirá que la otra persona se ponga a la defensiva, pudiendo echar por tierra lo que esperábamos de ella.
  • Procurar ser amables aunque nos cueste. Sobre todo si queremos conseguir algo del interlocutor en beneficio propio, no hay más remedio que tirar de inteligencia emocional y tratar de ser lo más cordiales posible. Por ejemplo, reincidiendo con otro mensaje encabezado por algo así como “me pregunto si usted ha tenido tiempo de valorar la propuesta/petición que le he enviado por correo electrónico”. Un precio que debemos pagar si realmente queremos conseguir algo más, sentencia el coach.
Alma, Corazón, Vida
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