El vídeo con el que todos nos identificamos

"¿Qué estás pensando?" La pregunta trampa de Facebook que nos arruina la vida

En las redes nuestra vida parece de color de rosa. Ofrecemos una imagen engañosa, que roza lo patológico. Los efectos psíquicos son devastadores

Foto: El personaje protagonista del cortometraje, Scott Thomson. (Youtube)
El personaje protagonista del cortometraje, Scott Thomson. (Youtube)

Tu amigo Juan, sonriente, pasándoselo estupendamente con su pareja en una playa idílica del pacífico. “Me gusta”. Tu prima Inés, en Londres, de fin de semana, haciéndose un selfie frente al Támesis con sus dos mejores amigas, cuyas caras rebosan la más absoluta felicidad. “Me gusta”. Y tú, “¿qué estás pensando?”, te pregunta Facebook.

Además del agotamiento que sientes después de un largo día de trabajo con el pesado de tu jefe sin parar de incordiarte, el disgusto por la bronca que has tenido con tu pareja o el estrés por las facturas atrasadas que no sabes cómo pagar… seguro que algo bueno tienes que contar, aunque sea exagerando un poquito: “Feliz por trabajar en lo que más me gusta, estar al lado de la persona que más quiero en el mundo y seguir persiguiendo mis sueños. I’m loving it!”. Por supuesto, “me gusta”.

Cuanto peor sea el momento por el que estamos pasando, más distorsionaremos la realidad en las redes sociales

En las redes sociales nuestras vidas son de color de rosa, a ojos de los demás, no de los nuestros. La imagen que ofrecemos de nosotros mismos en Facebook, de nuestros sentimientos, ya no sólo es exagerada, sino tremendamente engañosa. Más bien, todo lo contrario de lo que realmente es nuestro día a día. Cuanto peor sea el momento por el que estamos pasando, más distorsionaremos la realidad para mostrar una falsa percepción de que todo en nuestras vidas es maravilloso.

La necesidad (perversa) de reconocimiento

Se trata de un fenómeno en el que caemos sin saber exactamente por qué, pero mostrar nuestra vida a los demás, dándole un giro de 180 grados como si fuese una película de Disney, es una reacción cada vez más común. Reímos por fuera, lloramos por dentro. Un peligroso hábito que, según insisten los psicólogos, representa un serio peligro para nuestra salud mental, pues se trata de la reacción más antiterapéutica que podemos tener. No sólo nos reprimimos, sino que nos autoengañamos, y así nos sentimos aún más vacíos y desdichados.

No sólo reprimimos nuestros sentimientos, sino que nos autoengañamos mostrando nuestra vida como si fuese de color de rosas

Pocos son los que no ofrecen una imagen manipulada de sus sentimientos y experiencias, sin tener conciencia de que, a la larga, los efectos de esta actitud pueden volverse en nuestra contra. Para llamar la atención sobre ello, el director de cine Shaun Higton ha publicado en Youtube un cortometraje, de apenas dos minutos y medio, que lleva por título la sugerente pregunta de Facebook a sus usuarios: Whats’s on your mind? (¿Qué estás pensando?). No son pocos los que se han identificado con su contenido, pues se ha convertido en viral alcanzando los 2.750.000 visionados en tan sólo tres semanas, a las que hay que sumar las miles de descargas en otras plataformas.

Aunque el trabajo de Higton tenga unos tintes demasiado tragicómicos, revela un problema social que afecta, sobre todo, a las nuevas generaciones. Falta de inteligencia emocional, de seguridad en uno mismo, necesidad de refuerzos externos (“me gusta”), aunque sean efímeros, superficiales y hasta perversos, narcisismo patológico, personalidad vacía…

Dime de lo que presumes…

La sociedad está mutando, las nuevas generaciones ya lo han hecho al amparo de la cobertura tecnológica que permite hinchar su ego, y las consecuencias se plasman en una menor capacidad emocional, relacional e, incluso, amorosa, como explica el psicólogo social Yves Michaud en su ensayo El narcisismo y sus avatares (Grasset). Una triste paradoja. Cuanto más conectados estamos con los demás más nos alejamos de ellos y más nos imbuimos en nosotros mismos.

La egolatría y la necesidad de mostrarse no cómo somos, sino cómo nos gustaría ser, no puede entenderse en los parámetros de antaño, sino en un contexto en el que la tecnología proporciona una multitud de espejos en los que mirarse y mostrarse a los demás. Una necesidad de reconocimiento, que ni siquiera es grupal, y que caracteriza a las personas con una “personalidad débil, tremendamente inconsistente”, según matiza el filósofo francés, autor de numerosas obras sobre estética y filosofía política.

La engañosa imagen que damos de nosotros mismos en las redes sociales está adquiriendo tintes de patología. Una peligrosa tendencia entre las nuevas generaciones, cuya incapacidad para gestionar las emociones está potenciada por el exhibicionismo propio de las redes sociales. Y por la dictadura del “me gusta”. Como dice el refrán: “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”. Y la sabiduría popular rara vez se equivoca.

Alma, Corazón, Vida
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