Cómo mejorar tu memoria, dedicando tan sólo quince minutos todos los días
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NO HACE FALTA SER UN GENIO O UN BICHO RARO

Cómo mejorar tu memoria, dedicando tan sólo quince minutos todos los días

Miramos con envidia a aquellos capaces de recordar el más mínimo detalle de capítulos intrascendentes de sus vidas, pero todos podemos imitarlos

Foto: Sheldon Cooper, protagonista de 'The Big Bang Theory', hace gala de una gran capacidad memorística.
Sheldon Cooper, protagonista de 'The Big Bang Theory', hace gala de una gran capacidad memorística.

El pasado se nos escurre de entre los dedos continuamente, y tan sólo tenemos nuestros recuerdos para acceder a él. Todos sabemos que, no obstante, la memoria es traicionera, y es capaz de hacernos olvidar incluso los momentos más felices de nuestra existencia. Por ello miramos con envidia a aquellas personas que son capaces de recordar hasta el más mínimo detalle de capítulos intrascendentes de sus vidas. Estos dichosos poseedores de una potente memoria fotográfica no son ni genios ni bichos raros, y no resulta tan complicado alcanzar su capacidad siempre y cuando estemos dispuestos a esforzarnos un poco.

Con el nombre de memoria fotográfica o memoria eidética (de “eidos”, “forma” en griego) se conoce a la capacidad de recordar cosas vistas u oídas con un nivel de detalle muy preciso. Tanto el personaje interpretado por Dustin Hoffman en Rain Man, la película de Barry Levinson, como Sheldon de The Big Bang Theory u Olivia Dunham de Fringe hacían gala de una poderosa capacidad memorística, aunque la ficción ha contribuido a generar mitos sobre la memoria fotográfica que no se corresponden con la realidad.

Ignorar dicha habilidad y no utilizarla puede causar su completa desaparición

Por una parte, el nombre que recibe ha llevado a muchos a pensar que, una vez grabada en la memoria la impresión, los eidéticos pueden acceder a ella cuando y como quieran de igual manera que lo haría un documentalista en un archivo. En realidad, estos recuerdos están sujetos a la misma clase de fluctuaciones que los de cualquier tipo, por lo que el tiempo de exposición a los mismos, el paso del tiempo o la atención que se haya prestado al mismo influirán en su retención.

No hay que olvidar que una buena memoria no tiene por qué equivaler a poseer una gran memoria fotográfica e incluso hay quien ha negado su existencia, como es el caso del científico cognitivo Marvin Minsky, que en La sociedad de la mente (Ediciones Galápago) asegura queno se trata más que de un mito creado por “magos profesionales o charlatanes”, ya que no existe nadie que pueda recordar todos los detalles de un texto o imagen con un simple vistazo. Además, y aunque películas como Rainman hayan señalado lo contrario, la asombrosa capacidad cerebral que demuestran algunos autistas no suele ser producto de la memoria fotográfica.

Tres factores esenciales

De lo que no cabe ninguna duda, no obstante, es de que algunas personas gozan de una mayor facilidad que otras para recordar detalles visuales. Existen tres grandes factores que intentan explicar esta diferencia. Por una parte, la puramente genética: hay gente que nace con una mayor capacidad eidética, aunque no se trate de una cualidad hereditaria. No obstante, ignorar dicha habilidad y no utilizarla puede causar su completa desaparición.

Nuestra memoria funciona a través de la asociación de recuerdos eminentemente visuales

Las circunstancias ambientales también determinan enormemente la cantidad de información que se recordará. Una dieta correcta y el descanso adecuado son condiciones imprescindibles para el óptimo funcionamiento de la memoria; el ejercicio físico, que mejora la fuente de oxígeno del cerebro, también contribuye de forma positiva. Igualmente, la capacidad de concentración que favorece el deporte puede marcar la diferencia a la hora de recordar determinada información. Cuantas menos distracciones reclamen nuestra atención, más fácil será focalizarnos en aquello que queremos recordar.

Nada de esto importa si no entrenamos lo suficiente la memoria. No se trata únicamente de cuidarnos, sino de dedicar una parte de nuestro día a día a realizar ejercicios que permitan poner en funcionamiento nuestro cerebro y, sobre todo, de conocer aquellos procedimientos y ejercicios que permiten agudizar nuestra atención. Uno de ellos es el de los palacios de la memoria, utilizado por grandes oradores como Cicerón y que se basaba en el principio que dice que nuestra memoria es eminentemente visual.

Gracias a ello, podemos generar nuestras propias mansiones mentales, donde depositaremos, en forma de cuadros, esculturas o decoración todo aquello que necesitamos recordar. Un proceso particularmente útil en el caso de que tengamos que memorizar un discurso, una larga explicación o una lista de tareas por realizar. En este artículo previo explicamos pormenorizadamente dicho proceso, pero no se trata del único.

Asociación y reglas mnemotécnicas

El de los palacios mentales es un procedimiento que se basa, ante todo, en la asociación. Es la forma en que funciona nuestra mente, que viaja de una cosa a otra de manera continua favoreciendo la información relacionada entre sí, y la base de las reglas mnemotécnicas, que utilizan frases cortas, que riman de forma interna y sencillas de recordar, para facilitar la memorización de otras fórmulas más complejas.

De igual manera, resulta mucho más sencillo recordar el nombre de alguien si lo relacionamos con otro concepto. ¿Se llama Margarita? Si pensamos en la flor nos acordaremos instantáneamente de ella. ¿Su nombre es Pepe? Bueno, quizá el defensa central del Real Madrid sirva como atajo. En otras ocasiones, una mera semejanza fonética puede servir. Algo semejante ocurre con las imágenes. Si nos viene a la cabeza una instantánea será incluso más fácil recordar datos, fechas, nombres y una gran larga lista que, debido a su abstracción, costaría rememorar por sí mismos.

Existen diversos métodos que permiten entrenar esta capacidad. Uno de ellos ha sido utilizado por el ejército americano durante los últimos 70 años, desde que en la Segunda Guerra Mundial se hizo necesario que los aviadores identificasen y recordasen rápidamente los componentes del ejército enemigo, que consiste de los siguientes pasos:

  1. Encuentra una habitación oscura, donde no haya ninguna distracción y pueda situarse una lámpara en el suelo. El cuarto de baño puede servir.
  2. Siéntate en el suelo de manera que puedas apagar y encender la lámpara sin moverte. Consigue un trozo de papel y corta de él el espacio correspondiente a un párrafo.
  3. Coge el libro o aquello que estés intentando memorizar y tápalo con la hoja que has cortado previamente, dejando al descubierto tan sólo el párrafo que el agujero no cubre. Sitúa el libro a una distancia adecuada para que al abrir los ojos puedas enfocar rápidamente las palabras.
  4. Apaga la luz y deja que tus ojos se acostumbren a la oscuridad. Enciende brevemente la luz y vuélvela a apagar: habrás conseguido que en tus ojos quede impreso el texto frente a ti.
  5. Cuando desaparezca la impresión, vuelve a encender brevemente la luz para repetir el procedimiento.
  6. Repite el proceso hasta que puedas recordar cada palabra del párrafo en el orden correcto. Si lo haces bien, aseguran los defensores del método, tarde o temprano conseguirás ver el párrafo completo en tu cabeza y tu capacidad memorística comenzará a mejorar.

En Internet existen tanto testimonios de gente a la que el procedimiento le ha permitido mejorar, a la larga, sus habilidades, como de aquellos que creen que no se trata más de que un excéntrico procedimiento no confirmado por la ciencia. Aquel que desee comprobar su auténtica capacidad eudética, puede utilizar páginas como la diseñada por laOpen University donde el usuario puede someterse a un examen que apenas dura 10 minutos.

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