conozca los imprescindibles de la ciudad

Qué ver en París en cuatro días: Torre Eiffel, Notre Dame, Louvre y más

La capital de Francia abarca una gran superficie, pero es posible conocer sus monumentos y lugares más emblemáticos siguiendo esta ruta

Foto: París y su famosa torre Eiffel. (iStock)
París y su famosa torre Eiffel. (iStock)

La ciudad del amor, de las luces… y la más visitada del mundo. París tiene tanto encanto que no hay quien se resista a conocer en primera persona todo lo que ofrece. Para adentrarse en los secretos de la capital francesa, existen viajes programados que permiten despreocuparse de la organización previa de las rutas. Dicen los expertos que “París es una ciudad para patearla”, así que no deje pasar la oportunidad de empezar a recorrer sus calles el mismo día en que su vuelo le haga pisar suelo galo —lo ideal es contratar un avión que aterrice temprano para aprovechar la jornada al máximo—.

En todo recorrido por París, no puede faltar la visita a Notre Dame. Esta catedral es la más famosa de Francia, y ha inspirado a multitud de escritores y artistas que quisieron contar con esta joya gótica en la trama de sus historias. Mientras contempla esta edificación terminada a mediados del siglo XIV, puede jugar a adivinar dónde se esconde el jorobado que protagonizó la narración de Victor Hugo y que más tarde sirvió de inspiración a la factoría Disney. Este templo católico, empleado como escenario para la coronación de Napoleón Bonaparte, está ubicado en la isla de la Cité y queda rodeado por las aguas del río Sena.

Catedral de Notre Dame. (iStock)
Catedral de Notre Dame. (iStock)

Poniendo rumbo al norte desde Notre Dame, se accede al distrito de la Ópera, donde no puede faltar una visita al famoso edificio que da nombre al barrio y cuyo tejado oxidado por el paso del tiempo 'tiñe' de verde las melodías que se interpretan en su interior. Se puede continuar caminando por el arcoíris hasta que aparezca el rojo, color que bautiza al mítico Moulin Rouge de París. Este cabaret galo debe sus orígenes al español Josep Oller, quien tuvo la idea de instalar la tildada por algunos como 'taberna del infierno' en la zona de Pigalle.

Solo 15 minutos andando le separan del archiconocido Sacré Coeur, una basílica que corona el conocido como Montmarte o Monte de los Mártires —fue levantada en homenaje a los franceses que perecieron durante las batallas de la guerra franco-prusiana—. Cuatro cúpulas, un intenso color blanco que refleja los rayos solares y una campana de 18,5 toneladas son solo algunas de las características que definen este templo, al que se puede acceder en funicular: si lo prefiere, suba a pie, pero recuerde que la escalinata de acceso la componen 197 empinados escalones que puede utilizar para sentarse y contemplar una de las puestas de sol más bonitas de París. Para terminar el día, déjese caer por la plaza de la Bastilla y su activo ambiente nocturno.

El Sagrado Corazón de París, al fondo. (iStock)
El Sagrado Corazón de París, al fondo. (iStock)

'Tour' panorámico por París

Entre las posibilidades que ofrecen agencias de viajes como Pangea, se incluye el acceso a un autobús turístico que le llevará a conocer, en visita panorámica, los rincones más emblemáticos y conocidos de París. Si lo prefiere, puede retirar esta opción de su viaje y aprovechar su segundo día en la ciudad para adentrarse en una de las cunas de arte y conocimiento más importantes de Europa: el Louvre. Si salta de la cama temprano, podrá aprovechar las primeras horas del día para visitar las salas más famosas del museo sin la gran cantidad de turistas que lo frecuentan a horas más tardías.

Después de fotografiar la famosa pirámide del Louvre, con sus 20 metros de altura y sus 180 toneladas de peso, puede dirigir su brújula hacia uno de los paseos más bonitos de París. Con su enamorado, su amante o quien usted prefiera, el recorrido por el Arco del Triunfo y los Campos Elíseos formará parte de los recuerdos más bonitos de su viaje a París. Casi dos kilómetros de longitud componen la avenida de Les Champs-Élysées, con impresionantes vistas al icono por excelencia de la capital gala: la Torre Eiffel.

Vistas desde las alturas de la torre Eiffel. (iStock)
Vistas desde las alturas de la torre Eiffel. (iStock)

Su reconocible silueta triangular convierte este monumento —cuya primera piedra se puso el 28 de enero de 1887— en un emblema característico que atrae cada año a casi siete millones de turistas. Dos años, dos meses y cinco días fueron necesarios para ver terminada la obra de Gustave Eiffel, ideada como estandarte de la Exposición Universal de París celebrada en 1889. Desde entonces, la estructura que lleva su apellido es uno de los reclamos más importantes de la ciudad y del país, y cada noche se ilumina con 20.000 bombillas para deleite de todo el que la contempla.

Cuando anochezca sobre París, aproveche para ver la ciudad desde otro punto de vista gracias al minicrucero por el Sena que se incluye en el precio. Subirá a bordo de un 'bateaux mouche' —traducido como 'barco mosca'— y podrá admirar la arquitectura parisina mientras surca las aguas fluviales. Para cenar, es una buena opción hincar el diente a la gastronomía tradicional y probar los 'crepes' —servidos en multitud de puestos callejeros— y 'fondues' de queso. De postre, dese un capricho en forma de pastel.

Visita al monte Saint-Michel

Monte Saint-Michel, en Francia.
Monte Saint-Michel, en Francia.

Los que han recorrido sus calles dicen que las estrechas calles del monte Saint-Michel podrían haber sido escenario de las películas de Harry Potter y su famoso callejón Diagon. Tras dejar atrás la ciudad del amor, llegue por su cuenta a este monte rocoso que le estará esperando para mostrarle —en visita guiada— una curiosidad de lo más llamativa: antiguamente, cuando subía la marea, esta porción de tierra quedaba completamente aislada, rodeada de agua por todas partes igual que si fuera una isla. Sin embargo, a día de hoy, el monte es accesible en todo momento gracias a una carretera que se asfaltó para permitir la llegada de los turistas.

Patrimonio de la Humanidad desde 1979, el monte Saint-Michel queda culminado por la abadía dedicada al santo que le da nombre. San Miguel es el arcángel al que se consagra este edificio, cuyo claustro no se encuentra en el centro del monasterio, como suele ser la tónica habitual en otros casos. ¿Se anima a conocer más secretos de Francia?

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