imposible cumplir los objetivos para 2020

País de vertederos: una vergüenza ante Europa que puede traer multas millonarias

España está a la cola europea en gestión de residuos y reciclaje. El Tribunal de Justicia de la UE ha condenado dos veces (2016 y 2017) a nuestro país por los vertederos incontrolados

Foto: Vertedero en El Hierro.
Vertedero en El Hierro.

La poca atención que presta España al reciclaje y el cuidado del medio ambiente ya es hoy un motivo de vergüenza ante la Unión Europea, pero amenaza con convertirse en una fuente de multas millonarias en los próximos años. Bruselas tiene planes muy ambiciosos en materia de reciclaje: en 2020, todos sus países miembros deberán reciclar el 50% de sus residuos, y la Comisión está a punto de aprobar que se alcance el 70% en 2030. Sin embargo, España apenas recicla hoy el 33% de sus desechos y la progresión es mínima. Ni los más optimistas esperan que nuestro país cumpla con sus deberes para dentro de tres años.

"Es imposible saber a qué sanciones se puede enfrentar España por no cumplir las directivas europeas, pero el riesgo de multas elevadas es alto", adelanta Carlos Arribas, responsable de residuos de Ecologistas en Acción. "Lo que sí sabemos es que en cuanto Bruselas obligue a separar la recogida de materia orgánica, nos va a hacer un roto, porque estamos a la cola de Europa. Necesitamos implantar medidas fiscales y de educación ambiental cuanto antes. Si no, además de multas, nos quedaremos sin fondos europeos por incumplimiento de obligaciones", prosigue el experto. Los españoles generan 21 millones de toneladas de basuras al año, según datos de Eurostat de 2013. De los cuales, siete millones terminan anualmente amontonadas en vertederos sin ningún tratamiento.

En cuanto Bruselas obligue a separar la recogida de materia orgánica, nos va a hacer un roto, porque estamos a la cola de Europa

El primer toque de atención ya ha llegado en forma de doble sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), que condena a España por la existencia y absoluto abandono de 88 vertederos incontrolados. La primera se emitió en febrero de 2016 y señaló 27 vertederos que o bien seguían en activo o bien no fueron sellados tras su cierre. La segunda llegó hace apenas unos días y pone el dedo en otros 61 vertederos, el 80% de los cuales se reparte entre las Islas Canarias y Castilla y León. España solo reconoce 36 de esos recintos y asegura que todos han sido ya cerrados y sellados desde el dictamen europeo, con fecha 26 de septiembre de 2014. El TJUE responde que, aunque algunos estén en efecto ya sellados, llegan con el plazo expirado. Más considerando que nuestro país ya fue advertido por primera vez en 2007 y apenas hizo nada en una década.

Residuos vertidos en la isla de El Hierro, en 2008. (Cuida la Isla de El Hierro)
Residuos vertidos en la isla de El Hierro, en 2008. (Cuida la Isla de El Hierro)


"España ha incumplido las obligaciones que le incumben al no haber adoptado las medidas necesarias para asegurar que los residuos sean tratados como establece el Derecho de la Unión, sin poner en peligro la salud humana ni dañar el medio ambiente y, en particular, sin crear riesgos para el agua, el aire, el suelo, la fauna y la flora", sostiene la corte con sede en Luxemburgo. Las dos sentencias solo condenan en costas al Reino de España, pero Bruselas, que ya tiene en su poder los dos dictámenes, podría abrir otro procedimiento para que el TJUE sancione económicamente al Gobierno español. La multa podría superar los 50 millones de euros.

Las máquinas trabajan en el vertedero de neumáticos de Seseña. (EFE)
Las máquinas trabajan en el vertedero de neumáticos de Seseña. (EFE)

Si bien es cierto que el uso de vertederos incontrolados ha ido en retroceso en los últimos años, muchos carecen de mantenimiento, lo que implica graves riesgos medioambientales y de salud, a la vez que cientos de escombreras, más pequeñas y difíciles de detectar, proliferan en pueblos y zonas poco concurridas, donde empresas, particulares e incluso ayuntamientos vierten sus desechos ahorrándose el coste de hacerlo en un vertedero público. Hasta un 25% de todos los residuos que producimos terminan arrojados en terrenos no preparados y sin ningún tratamiento previo.

Muchos vertederos controlados están cubiertos por una capa de polietileno, pero suele punzarse y producir filtraciones en el terreno

"Los vertederos son bombas de efecto retardado. Una vez clausurados, se deben controlar medioambientalmente durante 30 años, supervisando las aguas subterráneas y las emisiones a la atmósfera, porque los procesos de descomposición no se detienen por el hecho de sellar el agujero", indica Arribas. Muchos recintos legales están cubiertos por una capa de polietileno de tres milímetros, con una barrera de arcilla en los mejores casos, pero es habitual que se puncen debido a los gases y a los movimientos del terreno. "Son un peligro para la salud pública. Las administraciones se escudan en que muchos contienen solo residuos inertes, pero mucho ojo con esos materiales de demolición y construcción, como el amianto o las cañerías de plomo, que se ha demostrado que son cancerígenos", prosigue el experto, que augura "más procedimientos contra España" dada la cantidad de porquería que lanzamos despreocupadamente al medio ambiente.

"La cuestión de los vertederos y el reciclaje varía mucho entre comunidades autónomas. Hay algunas, como Cataluña y Navarra, donde hay municipios que cumplen y hasta superan los objetivos de la Unión Europea, y otras como Canarias, Madrid o Baleares que están muy lejos", apunta Ignasi Puig, responsable de proyectos de la consultora medioambiental ENT. "Es una cuestión de interés político, de si lo sitúas como una prioridad o no. Cerrar vertederos y desplegar programas de recogida selectiva es más costoso que hacer las cosas de cualquier manera, pero es necesario para preservar el medioambiente y evitar riesgos sanitarios. Hay comunidades que lo han entendido mejor que otras".

Cerrar vertederos es más costoso que hacer las cosas de cualquier manera, pero es necesario para preservar el medio ambiente

El problema, según los expertos, no es que falten herramientas para reciclar, sino que faltan incentivos para hacer las cosas bien. "El marco fiscal tiene una importancia extraordinaria, y España destaca por haber sido durante muchos años el país que menos ha gravado el vertido de residuos. Aplicar un impuesto marca diferencias, ya que encarece el vertido e incentiva a las empresas y la sociedad a apostar por el reciclaje. Es cambiar las reglas del juego: hacer las cosas mal deja de ser lo más barato", prosigue Puig.

Cataluña es la comunidad pionera a este respecto: en 2004 instauró un impuesto sobre los vertidos con carácter finalista, cuyo monto se dedica a promover programas de gestión de residuos. Actualmente grava 30 euros por tonelada vertida y tiene previsto aumentar a 40 euros este año. "Al impuesto hay que añadir otras dos medidas urgentes: la recogida selectiva puerta a puerta de la materia orgánica, que es la fracción mayoritaria y nuestra gran cuenta pendiente, y aplicar la responsabilidad ampliada al productor", es decir, trasladar los costes de recogida y tratamiento al fabricante a través de tarifas que favorezcan el ecodiseño, señala Puig.

Un camión descarga tierra para cubrir un vertedero en Dos Aguas, Valencia. (Reuters)
Un camión descarga tierra para cubrir un vertedero en Dos Aguas, Valencia. (Reuters)

Clases de refuerzo

Para acercarse al nivel de Europa, España recibió clases de refuerzo en 2016 junto a otros siete alumnos rezagados: Croacia, Chipre, Hungría, Irlanda, Eslovenia, Malta y Portugal. Bruselas puso nota a los esfuerzos de "cumplimiento en materia de residuos municipales" realizados por España entre 2014 y 2015. Valoró los avances en prevención de residuos, separación en la recogida, gestión de residuo biológico, instrumentos económicos y planificación de la infraestructura. El veredicto: existe un buen marco legislativo, englobado en el Plan Estatal Marco de Gestión de Residuos (Pemar), pero falta coordinación entre comunidades autónomas. Es decir: el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente incurre en dejadez de funciones, lo que se traduce en la inexistencia de un plan de objetivos claro y uniforme para todas las comunidades.

A esa deriva política se suma la vergonzante ineficiencia de nuestras plantas procesadoras. España ha invertido cientos de millones (la mayoría procedentes de fondos europeos) en la construcción de macroplantas de tratamiento mecánico biológico (TMB), que concentran en un solo punto los desechos de provincias enteras. Sin embargo, Europa camina en la dirección contraria: gestionar los residuos a nivel municipal con el fin de separarlos y que puedan ser reciclados con éxito a pequeña escala.

Las macroplantas de tratamiento de residuos solo recuperan un 5% de los materiales.
Las macroplantas de tratamiento de residuos solo recuperan un 5% de los materiales.

"Las plantas de tratamiento son un desastre completo, solo sirven para justificar la existencia de los vertederos. La tasa de recuperación de materiales es bajísima, las mejores apenas llegan al 5%. El 95% restante termina igualmente en los vertederos", critica Arribas, de Ecologistas en Acción. "Cuando no haces recogida selectiva de la materia orgánica, esta termina contaminando la mayoría de materiales. Por ejemplo, un cartón manchado de grasa ya no se puede reciclar, no da la calidad para ser compost y por lo tanto no puede ser reutilizado. Lo mismo con plásticos, vidrios… Las plantas TMB son un despilfarro de recursos, porque gastan dinero en procesar materiales que luego no se pueden vender y terminan en un vertedero".

La tasa de recuperación de materiales de las plantas TMB, que costaron entre 30 y 50 millones, apenas alcanza el 5%

Gastar entre 30 y 50 millones de euros por planta para recuperar solo un 5% de los materiales no parece un buen negocio. Por eso, en su evaluación a España, Bruselas señala lo siguiente: "La baja eficiencia de las plantas TMB en cuanto a la recuperación de materiales y compostaje constituye un cuello de botella para el cumplimiento de los objetivos de reciclaje. La contribución de las TMB en la tasa global de reciclaje está previsto que se reduzca un 40% para 2020. En consecuencia, su rol será limitado". No hay más que echar un vistazo a las estadísticas para comprender el fracaso de estas infraestructuras: entre 2004 y 2014, solo ha aumentado un 2% el reciclaje de residuos en España, según datos de la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA). El resto ha seguido siendo vertido en eriales, ya sean controlados o ilegales, a pesar de haber pasado en muchos casos por una de las 118 plantas TMB que hay en España.

El contacto de residuos orgánicos con otros materiales impide su posterior reciclaje y valorización.
El contacto de residuos orgánicos con otros materiales impide su posterior reciclaje y valorización.

Es lo que está ocurriendo en Salamanca. El centro de tratamiento de residuos (CTR) de Gomecello, inaugurado en 2007, tiene su vaso de rechazo (el recinto de vertidos) casi colapsado, cuando su periodo de vida estimado era de 20 años. "Vendieron este centro como una solución muy cómoda para el ciudadano, que reciclaría el 70% de todos los residuos generados en Salamanca con solo separar la basura en los contenedores de colores. La realidad es que la planta solo recicla el 30% y se ha convertido en un macrovertedero", denuncia Gabriel de la Mora, diputado provincial de Ganemos. "Y como la gestión de los residuos es mala, ahora el gran problema son las escombreras. Hay entre 200 y 300 por toda la provincia ya catalogadas por la Unión Europea. Cualquier día nos caerá una sentencia por esto", vaticina.

Como la gestión de residuos es mala, ahora el problema son las escombreras. Cualquier día nos caerá una sanción de la UE

A la falta de coordinación por parte del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, la casi inexistencia de impuestos al vertido y el enfoque erróneo de concentrar los residuos en macroplantas, se añade el último pilar, quizás el más importante: la concienciación ciudadana, capítulo en el que España tampoco puede sacar demasiado pecho. "La materia orgánica supone un 40% del total de los residuos, pero es muy fácil de separar y tratar si lo hacemos bien desde casa. Si conseguimos que los restos orgánicos no entren en contacto con los demás materiales, daremos un paso de gigante en el reciclaje y valorización de los residuos. Eso requiere cultura del reciclaje por parte de la sociedad y una apuesta clara de la Administración por la recogida selectiva puerta a puerta. Ese es el camino si queremos cumplir los estándares europeos y terminar con los vertederos", adelanta Arribas.

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