Las primeras astronautas y sus logros

Ocho mujeres que protagonizaron la conquista del espacio

Sólo el 10% de los astronautas que han salido al espacio hasta el día de hoy han sido mujeres. A pesar de estar en minoría, su papel ha sido esencial en la exploración espacial

Foto: En sentido de las agujas del reloj: Dorothy Metcalf-Lindenburger, Naoko Yamazaki, Stephanie Wilson y Tracy Caldwell
En sentido de las agujas del reloj: Dorothy Metcalf-Lindenburger, Naoko Yamazaki, Stephanie Wilson y Tracy Caldwell

El 7 de abril de 2010, por primera vez en la historia cuatro mujeres coincidían en el espacio al mismo tiempo. La coincidencia no era sólo una curiosidad, también una señal del avance de la participación femenina en la conquista espacial puesto que únicamente el 10 % de los astronautas han sido mujeres. El dato no dejaba de ser significativo.

El papel de las mujeres dentro de las agencias espaciales siempre ha existido, aunque no siempre han sido visibles. Administrativas, científicas, ingenieras llevan años formando parte del entramado que culmina con el espectacular despegue de un cohete o un emocionante paseo espacial. Pero el papel del protagonista se les ha resistido durante décadas.

Hubo algunas que sí lo consiguieron, pioneras de la exploración espacial que abrieron el camino a las que vinieron después y que ayudaron a normalizar el hecho de que una mujer se enfundase el traje de astronauta sin que eso extrañase a nadie. No es una lista exhaustiva, que requeriría decenas de nombres, pero estas son ocho de esas mujeres que protagonizaron la conquista del espacio.

1. Valentina Tereshkova: "¡Hey cielo, quítate el sombrero!" 

Cuando la primera mujer en salir al espacio exterior despegó de la Tierra, lo hizo exigiendo respeto al mismo cielo. Valentina Tereshkova, con el nombre en clave Gaviota, hizo historia el 16 de junio de 1963 a bordo de la nave Vostok 6. Por entonces tenía 26 años y llevaba poco más de uno participando en un programa de mujeres cosmonautas. A causa del secretismo de la época, en plena Guerra Fría, ni siquiera su madre supo que iba a viajar al espacio hasta que toda la URSS seguía por la radio la misión.

Tereshkova había sido trabajadora de una fábrica textil y de una de neumáticos antes de ser seleccionada junto a otras cuatro mujeres para ingresar en el cuerpo femenino de cosmonautas. Finalmente, ella fue la única que llegó a protagonizar una misión. El objetivo de su vuelo era determinar si las mujeres tenían el mismo aguante físico y psicológico que los hombres en el espacio, algo que Tereshkova confirmó sin lugar a duda.

Sin embargo, la misión no fue sencilla para ella. La cosmonauta comenzó a experimentar mareos y náuseas llegado un momento que le acompañaron durante los tres días que estuvo en la nave, y en el despegue sufrió un fuerte impacto en la cara que le dejó un vistoso moratón. A causa de sus molestias, Seguei Koroliov, diseñador del Vostok 6 y máxima autoridad técnica del programa espacial ruso, no le dejó tomar el control manual de la nave como estaba previsto.

Tras la misión, Tereshkova fue un personaje muy activo en la URSS. Se graduó como ingeniera espacial y ocupó varios cargos políticos. Como anécdota, en 1964 dio a luz a la primera persona cuyos progenitores habían estado en el espacio (su marido, Andrian Nikoláyev, también era cosmonauta), lo que atrajo mucha curiosidad médica y científica. 

2. Jerrie Cobb, astronauta frustrada

En realidad, Jerrie Cobb nunca llegó a viajar al espacio, aunque entrenó duro para ello. De hecho, consiguió demostrar que, si era una cuestión de condiciones físicas, las mujeres también podían ser astronautas. Sin embargo, a diferencia de su competidora, la agencia espacial soviética, la NASA no estaba por la labor de entrenar y emplear mujeres astronautas. 

Jerrie Cobb se enamoró de volar cuando su padre la llevaba a bordo de una avioneta con la que entrenaba para acumular horas de vuelo. A los 16 años ella misma obtuvo su licencia de piloto, y a los 18 años ya se ganaba la vida con ello, aunque los empleos para una mujer piloto eran escasos. Atlética y deportista, jugó como semiprofesional al fútbol durante su estancia en la universidad, y trabajó como instructora de vuelo y piloto de vuelos charter.

En 1960, el investigador William Lovelace, que ayudó a crear las pruebas que debían seleccionar los astronautas, la eligió para someterse a esos y comprobar si una mujer podía pasarlos, y lo hizo. De hecho, sus resultados estaban entre el 5% más alto de todos los que las realizaron. Así que se le pidió que reclutase a más candidatas. Además de Cobb, doce las superaron. Pasaron a conocerse como las Trece del Mercury, aunque lo cierto es que nunca formaron parte de un programa oficial de la NASA y su entrenamiento estuvo financiado con fondos privados. 

Pero en 1962, la agencia espacial, que no esperaba realmente que las aspirantes aprobasen los exámenes físicos, tomó la decisión formal de excluir a las mujeres de la selección de astronautas. Casi al mismo tiempo que la URSS ponía una mujer en el espacio la NASA descartaba el programa de astronautas femeninas. 

3. Mercury 13, inspiración para el futuro

No formaron parte oficialmente del programa espacial de la NASA, no fueron al espacio y de hecho no llegaron a coincidir como grupo, pero las conocidas como las Trece del Mercury, o Mercury 13 jugaron un importante papel para sus sucesoras, las mujeres astronautas que sí participaron activamente en la exploración espacial. El nombre se lo puso el productor de Hollywood James Cross, inspirado por los Siete del Mercury, el grupo de astronautas masculinos elegidos para la misión Mercury, estos sí oficialmente.

Todas ellas eran pilotos experimentadas ya que Lovelace y Cobb, la primera de las trece, no invitaron a ninguna que tuviera menos de mil horas de vuelo. Puesto que por entonces los médicos no sabían exactamente qué condiciones experimentaba el cuerpo al salir al espacio, las pruebas variaban desde un escáner con rayos X hasta inducción del vértigo inyectando agua helada en los oídos, así como de resistencia física y fuerza.

Cuando se disponían a realizar las pruebas más avanzadas, que requerían material militar, recibieron un telegrama indicando que, sin un requerimiento oficial de la NASA, la armada no podía realizarlas. El programa quedaba cancelado. A pesar de sus reclamaciones en Washington, y de que se celebró una audiencia ante el comité del senado encargado de la materia, en la que se discutió sobre un posible caso de discriminación de género (una cuestión que la Ley de Derechos Civiles reguló dos años después, en 1964), no lograron reactivar sus entrenamientos.

El argumento esgrimido era que la NASA exigía que todos los aspirantes a astronautas fuesen pilotos de las fuerzas armadas, y el ejército estadounidense de la época no aceptaba mujeres en sus academias de vuelo, de forma que era imposible que ninguna entrase en el programa espacial. El hecho de que todas ellas fuesen pilotos civiles, y que muchas tuviesen más horas de vuelo que los candidatos masculinos, no sirvió para nada. 

4. Sally Ride, por fin una americana en el espacio

Tuvieron que pasar 20 años para que la NASA llevase una mujer al espacio. Fue Sally Ride el 18 de junio de 1983 a bordo del transbordador Challenger. La misión desplegó dos satélites de comunicaciones, realizó experimentos médicos y fue la primera en emplear un brazo robótico.

Pero además, ayudó a despejar algunas dudas que muchos científicos tenían sobre los peligros de que una mujer menstruase en el espacio. Según cuenta Miguel García Álvarez, ingeniero y divulgador, parte de la reticencia de la agencia espacial estadounidense a llevar a una mujer al espacio era el riesgo que podía suponer para sí misma y para la misión si sus niveles hormonales se alteraban o si la falta de gravedad alteraba la expulsión de fluidos.

Esto último no era totalmente absurdo. Los científicos se preguntaban si ante la falta de gravedad, parte del tejido endometrial podría permanecer en el útero o incluso retroceder por las trompas de falopio, causando problemas graves para la salud. Cuando Ride se estaba preparando para su misión, varios consultores de la NASA sugirieron que se hormonase para controlar su ciclo menstrual y evitar estos posibles riesgos.

Carlos González, ex director de operaciones de la NASA en Madrid y testigo directo de la carrera espacial, daba a Teknautas otro punto de vista. "Había un punto de puritanismo. Resulta curioso que ninguna mujer estadounidense subiese al espacio hasta que se empezaron a utilizar pañales desechables y se puso una puerta en el baño de las naves. ¡Cómo iban a dejar a un hombre y una mujer juntos y solos allí arriba, sin una puerta en el baño!". 

5. Christa McAuliffe, una profesora en el Challenger

Tampoco Christa McAuliffe era astronauta, sino profesora de inglés e historia americana en un instituto de New Hampshire. Nacida en 1948, fue seleccionada en 1985 para ser la primera civil estadounidense en viajar al espacio como parte de un programa para inspirar a la nación y reavivar el interés por el programa espacial.

En septiembre de 1985 ingresaba en el Centro Espacial Johnson de Houston para comenzar su entrenamiento. Sin embargo, la historia terminó en tragedia. El 28 de enero de 1986, pocos minutos después de despegar, el transbordador Challenger explotaba en pleno vuelo. No hubo supervivientes entre la tripulación, y todo el país, inlcuida la familia de McAuliffe fue testigo en directo del accidente.

6. Eileen Collins, la primera comandante de un transbordador

"Solamente estaba haciendo mi trabajo, un trabajo que me encantaba". Eileen Collins fue la primera mujer piloto y la primera comandante de un transbordador espacial, un dato que asegura que no le pasó por la cabeza mientras realizaba su misión. "Estaba muy concentrada pensando en la seguridad de la misión, en su precisión, en que cumpliésemos con su propósito."

Hija de una familia humilde, Collins siempre quiso aprender a volar, algo que consiguió a hacer a los 16 años cuando consiguió un trabajo y ahorró durante unos cuantos meses. En 1978 terminó la universidad, coincidiendo con el primer año en que la NASA aceptaba mujeres para las pruebas de selección para el programa de los transbordadores espaciales. Desde entonces, "mucho trabajo duro y un poco de buena suerte" le llevaron a cumplir su sueño: pilotar y comandar un transbordador. 

Fue en febrero de 1995 a bordo del Discovery cuando Collins hizo historia como la primera mujer piloto de un transbordador espacial, y otra vez en 1999 como la primera mujer comandante. Además, comandó la primera misión que la NASA lanzó tras el desastre del Columbia, en 2003, después de dos años de interrupción del programa. En esa misión se realizó por primera vez una maniobra que hoy es habitual: la nave de Collins hizo un giro de 360 grados cuando se acercaba a la Estación Espacial Internacional para que sus ocupantes fotografiasen la cubierta en busca de posibles daños que pudiesen causar que se repitiese el accidente.

7. Anousheh Ansari, la primera turista espacial

Aunque ingeniera, Anousheh Ansari no era astronauta, sino emprendedora. Fundó y presidió varias empresas, pero entra en esta lista porque el 18 de septiembre de 2006 se convirtió en la primera mujer que financió su propio viaje a la Estación Espacial Internacional como turista espacial (un nombre que ella rechaza, prefiere considerarse "participante espacial"). En total, sus vacaciones duraron 10 días y 21 horas. Aunque su contrato no permitía divulgar la cantidad de dinero que pagó por el viaje, el billete de turistas anteriores rondaba los 20 millones de dólares.

De origen iraní, quiso aprovechar su experiencia para inspirar a otras mujeres y para reclamar más igualdad de oportunidades en los países árabes. "Esperamos inspirar a todos, especialmente a los jóvenes, mujeres y niñas en países de Oriente Medio, que no proporcionan a las mujeres las mismas oportunidades que los hombres, a que no renuncien a sus sueños y los persigan". 

8. Peggy Whitson, la primera comandante de la ISS

Nacida y criada en una granja en Iowa, Peggy Whitson se graduó en química y biología, y fue como investigadora en esas áreas como comenzó a trabajar en el centro espacial Johnson de Houston. Participaba en proyectos científicos de los departamentos de Medicina Interna y Bioquímica Humana. Entre 1992 y 1996, cuando fue seleccionada como candidata a astronauta, trabajó como científica en un programa conjunto entre estadounidenses y rusos. Cuando viajó al espacio por primera vez en 2002, su tarea fue llevar a cabo experimentos sobre biología humana en el espacio y microgravedad. Además, realizó su primer paseo espacial como parte de las tareas de mantenimiento de los paneles solares y el brazo robótico de la ISS.  

El 18 de diciembre de 2007, mientras realizaba un paseo espacial inspeccionando la primera ampliación de la ISS en seis años, el control de la misión en tierra anunció a Peggy Whitson de que se acababa de convertir en la mujer astronauta con más tiempo acumulado de actividad extravehicular. En total, tres horas y 37 minutos. Este era otra más de las marcas de Whitson, aunque no la más importante. Sólo unas semanas antes, el 10 de octubre de 2007, la ISS tenía por primera vez una mujer como comandante, y fue bajo las órdenes de Whitson.

En total ha pasado 377 días en el espacio, lo que supone también el mayor tiempo pasado en el espacio por una mujer, pero parece que tiene ganas de más. El 9 de febrero de este mismo año, la NASA anunció que Whitson será uno de los seis astronautas que volará el año que viene en la misión Expedición 50. Para entonces tendrá 56 años, con lo que será la mujer astronauta de mayor edad en participar en un vuelo espacial. "Las reuniones no te hacen sentir lo mismo. Es mucho más emocionante ponerte manos a la obra y hacer que las cosas funcionen. Así que hace tres años decidí que si quería volver a volar, mejor ponerme en la fila ya si no quería hacerme demasiado vieja". 

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