Carlos González, exjefe de operaciones de nasa en madrid

"Cuando aterrizamos en la Luna nos quedaban 17 segundos de batería"

Desde la estación situada en Fresnedillas, Carlos González, ex director de operaciones de NASA en Madrid, fue testigo directo de la carrera por conquistar el espacio

Foto: Carlos González Pintado (Foto: Daniel Muñoz)
Carlos González Pintado (Foto: Daniel Muñoz)

En 1968, la NASA se preparaba para lanzar la misión Apolo 7, la primera del programa que iba a llevar astronautas al espacio. Era un momento crucial de la carrera espacial, uno de los campos en los que Estados Unidos y la Unión Soviética competían por la supremacía técnica y científica mundial, pero no había que irse a Washington o a Moscú para seguir de cerca el desarrollo de la ingeniería espacial puntera del momento.

En Robledo de Chavela, en lo que hoy es la sierra oeste de la Comunidad de Madrid, la Administración (que no la agencia) Aeroespacial de Estados Unidos puso en marcha una estación de comunicaciones para el seguimiento de misiones tripuladas. Abrió también otra estación en Cebreros (Ávila) y otra en Fresnedillas (Madrid). Las tres formaban parte del Madrid Deep Space Communications Complex.

Carlos González Pintado fue durante más de cuatro décadas el jefe de operaciones de ese complejo. Vivió la carrera espacial como un espectador de primera fila, con acceso a escenas que muy pocos pudieron ver

Carlos González Pintado fue durante más de cuatro décadas el jefe de operaciones de ese complejo. Vivió la carrera espacial como un espectador de primera fila, con acceso a escenas que muy pocos pudieron ver. A su estación llegó en 1958 la primera fotografía de Marte que se recibió en la Tierra, y fueron los únicos en todo el mundo que siguieron en directo el descenso y alunizaje del Apolo 11, la misión que puso al primer hombre sobre la Luna en julio de 1969. 

Ahora está jubilado y entregado por completo a la divulgación de su experiencia, sus conocimientos de ingeniería espacial y sus anécdotas de la época. Tiene un blog en el que recoge sus escritos (no dejen de leer el ensayo Anécdotas y chascarrillos sobre el Programa Espacial), y participa en conferencias siempre que puede, ya sea de institutos, de universidades o de cualquier otra organización. Esta semana oficiará como ponente en EmTech España 2014, un encuentro organizado por la MIT Technology Review sobre tecnologías emergentes.

González nos recibió en su casa de Navalcarnero, en Madrid, donde tiene los tesoros y recuerdos de sus años en la NASA: la Medalla de la NASA al Servicio Público Distinguido ("es el honor más alto que concede a los no nacidos en Estados Unidos") y una pequeña bandera estadounidense que voló en la primera misión del transbordador Columbia y que le fue concedida por su participación en esa misión.

Carlos González con sus trofeos de la NASA
Carlos González con sus trofeos de la NASA

Pregunta: ¿Cómo termina un madrileño trabajando para la NASA en los 60?

Respuesta: Todo empezó con una beca de estudios que conseguí para irme a estudiar a Estados Unidos y graduarme allí del instituto. A la vuelta de Estados Unidos comencé la carrera de ciencias. Yo quería ser médico, esa es mi gran vocación frustrada, pero en aquella época mis padres no tenían el dinero para que hiciera una carrera como Medicina, y decidí hacer Electrónica, que era mi segunda opción. En la misma época, empecé a trabajar en Telefónica. Y entonces vi el anuncio.

P.: ¿La NASA buscaba a alguien aquí en España?

R.: Sí, y decía que era imprescindible hablar buen inglés. Fíjate, a mí que había estado estudiando en un colegio en Estados Unidos… Con decirte que la persona que me entrevistó hablaba peor inglés que yo…

P.: ¿En qué momento de la carrera espacial nos encontramos?

R.: Era el año 1968. El Apolo 1 había sido una desgracia, con la muerte de tres astronautas, el 2 y el 3 no habían salido, el 4, 5 y 6 fueron sin tripulación. Estaban a punto de lanzar el 7, el primer cohete Saturno tripulado al espacio, que iba a lanzar tres astronautas en octubre de ese año. Yo entré justo antes de que se lanzara. Si no me equivoco, y creo que no, fui el primer técnico español que participó en la misión del Apolo 7.

P.: Usted estaba aquí, en Madrid, ¿cuál era su misión?

R.: Aquí había unas antenas impresionantes en aquella época. Teníamos tres antenas de 26 metros de diámetro, una en Robledo de Chavela, otra en Cebreros y otra en Fresnedillas. Esta última era específica para vuelos tripulados, y las otras dos para espacio lejano, pero Robledo participaba con Fresnedillas en el proyecto Apolo.

Nos teníamos que asegurar de que la señal que enviábamos y recibíamos de las naves era adecuada, no tenía ruido, estaba en las mejores condiciones. Así que Houston hablaba con los astronautas y nosotros escuchábamos a Houston antes que ellos. Y viceversaTodas las comunicaciones pasaban por la estación, y teníamos que escucharlas para asegurarnos de que la calidad de la conversación era la adecuada. Por entonces, las transmisiones eran por cable submarino, nosotros nos teníamos que asegurar de que la señal que enviábamos y recibíamos de las naves era adecuada, no tenía ruido, estaba en las mejores condiciones. Así que Houston hablaba con los astronautas y nosotros escuchábamos a Houston antes que ellos. Y viceversa. Escuchábamos la respuesta de los astronautas antes que el control de Tierra.

Estábamos a la cabeza del mundo en tecnología, usábamos técnicas que no se empezaron a usar en la calle hasta mucho tiempo después.

P.: ¿Hubo una transmisión de esa tecnología a la sociedad civil?

R.: De alguna manera, pero muy poco, porque se fabricaban los equipos específicamente para las misiones. Nuestro receptor, por ejemplo, había sido desarrollado por el laboratorio de propulsión a chorro de Pasadena, en California, y se había desarrollado para misiones tripuladas. Se utilizó en muchas misiones.

Luego el equipo fue evolucionando tanto que, con el paso de los años, fuimos adquiriendo tecnología que nosotros llamamos off the shelf, que es la tecnología que puedes comprar en un comercio. Lo que hacíamos si necesitábamos algo muy específico era hablar directamente con el fabricante y explicarle lo que queríamos.

P.: ¿Había otros centros similares al de Madrid?

R.: Sí, hay tres centros similares en el mundo. Uno está en el desierto del Mojave, en California, hay otro cerca de Canberra, en Australia, y luego está el de Madrid. Mirando el globo, se ve que están separados casi 120 grados entre ellos, para que, a partir de cierta distancia de la Tierra, siempre haya una antena viendo la nave. Eso era muy importante.

P.: El 11 de octubre de 1968 despega el Apolo 7, es la primera misión Apolo que sale al espacio con tripulación. ¿Cómo se vivió desde los fogonesnbsp;

R.: El día anterior fue frenético, no podía ser de otra manera. Teníamos que comprobar que absolutamente todo en la estación de Fresnedilla funcionaba, y que absolutamente todo lo de la estación de Robledo también funcionaba, porque ese sería nuestro plan B en caso de que algo en la primera fallase por algún motivo. Se hicieron prácticamente 24 horas de pruebas constantes, hasta que se verificó que todo estaba bien.

Hay una cosa muy curiosa, y es que te sientas en tu puesto, delante de la consola de un receptor o de un transmisor y sientes simultáneamente dos cosas que son muy diferentes. Por un lado sabes que estás viviendo un momento histórico, y por otro piensas “dios mío, tengo que atender a esto porque no se me puede escapar la señal, tiene que ser lo más limpia posible y no puedo perderla”. Es muy difícil desvincular las dos. Sientes vértigo y concentración al mismo tiempo.

Cuando la nave regresa 10 días después, los astronautas caen al mar y son rescatados, entonces es cuando te das cuenta de que lo que has vivido ya es parte de la historia.

P.: ¿Cómo siguió la carrera a partir de aquí?

R.: El Apolo 8 tuvo cierto interés porque fueron a la órbita de la Luna, y además fueron en Navidad. Lo hicieron adrede, claro, los americanos son especialistas en organizar sus encuentros con Saturno o con Júpiter en fechas señaladas: el 4 de julio, o el Día de Acción de Gracias…

Era muy importante que el contribuyente, que es quien pone el dinero a fin de cuentas, estuviera muy interesado por la misión. ¿Y cómo interesarle? Pues teniendo a tres astronautas dando vueltas a la Luna en Navidad. Imagina la transmisión desde allí: “Admiramos la grandiosidad del Universo, que es una obra de Dios…”. En fin, te haces una idea.

P.: El marketing de la NASA

Muy poca gente lo sabe, pero la parte más difícil y espectacular de la misión, la bajada desde la nave de mando y el alunizaje, solo pudieron seguirse desde MadridR.: Exacto. Seguimos entonces. Las misiones 9 y 10 pasaron de alguna manera más desapercibidas. Pero la 11... Esa fue espectacular porque ahí iban a bajar a la Luna, iban a pisar la Luna. Y además, muy poca gente lo sabe, pero la parte más difícil y espectacular de la misión, la bajada desde la nave de mando y el alunizaje, sólo pudo seguirse desde Madrid. Sólo nosotros lo escuchamos directamente.

P.: ¿Por qué sólo desde aquí?

R.: Porque sólo las antenas de Robledo y de Fresnedillas estaban alineadas en ese momento para ver bajar y aterrizar al módulo lunar, con todos los problemillas que tuvo. Una vez que el módulo estaba en la Luna les dijeron a los tres astronautas que se echaran una siesta (ríe). Imagínatelo: después de hacer un viaje de 400.000 kilómetros, hacer un descenso que no estuvo falto de incidentes… ¿me dicen que tengo que dormir? ¡Hombre, por favor! ¿Dónde están mis nervios? ¿Cómo voy a dormir ahora?

P.: ¿Y por qué esa petición?

R.: Por una cuestión de horarios, claro. Era importante que no salieran en ese momento, que cuando lo hicieran, todo el territorio de Estados Unidos lo estuviera viendo. Tenían que esperar un poco para que fuera tarde en la costa este y relativamente temprano en Hawai, que es el punto más alejado. Les hicieron esperar y salieron cuando ya estaban las antenas de California haciendo el seguimiento.

P.: Habla de que hubo dificultades en el ascenso... ¿Qué ocurrió?

R.: ¡Qué no ocurrió! Desde aquí conocimos todos los detalles.

P.: Cuénteme alguno

R.: Verás... Cuando el módulo lunar y el de mando están ocupados, hay una escotilla que cierra la comunicación. Bien, pues entran en órbita lunar y, cuando comprueban que está todo bien, abren la escotilla, Neil Armstrong y Edwin Aldrin entran en el módulo (Michael Collins se quedan en la nave de mando), encienden toda la instrumentación, cierran escotillas y se preparan para separarse. El hueco entre el módulo de mando y el módulo lunar debía estar despresurizado, pero no lo estaba del todo. Así que en vez de simplemente soltarse, salieron ligeramente despedidos, como el corcho de una botella de champán. Se fueron 10 kilómetros más lejos de lo que debían. 

P.: Lo mismo que el tapón de una botella, sí

R.: Lo siguiente es comprobar que todo está en orden: uno despliega las patas, el otro mira por la ventana, parece que todo es correcto, no hay nada roto ni abollado... Muy bien, pues a bajar. Para eso hay que adoptar una posición especial, desde la cual el piloto no ve la Luna. Eso es tremendamente incómodo para él.

Además, tienen una antena de ganancia que apunta a la Tierra para vigilar el alunizaje, que es el momento crítico de la misión. Pues de pronto se perdió la comunicación. Era la tecnología más avanzada del mundo, acabábamos de empezar y les habíamos perdido. Aldrin tuvo que reorientar la antena a mano e ir manejándola todo el viaje.

P.: ¿Cómo falló algo tan básico?

R.: Estas cosas se investigan después. Aquella era una antena de alta ganancia automática en la que los ingenieros habían programado la máscara, es decir, que tenía grabado todo aquello que podía obstruir la señal y estaba preparada para esquivarlo. Pues el responsable de esa programación se olvidó de incluir como posible obstáculo la propia nave de mando. El módulo lunar miraba a la nave y no la reconocía como un obstáculo para la señal de la Tierra. Y entonces la señal no podía pasar.

Aldrin reorienta la antena, recuperamos la señal y empiezan a bajar. Porque Armstrong estaba determinado a bajar, eso te lo garantizo. Y cuando están en ello, saltan varias alarmas de seguridad. Armstrong dice "Houston, tenemos una alarma 1202 y un botón rojo parpadeando que pone "Abort!", ¿qué hacemos?". Las primeras no eran importantes, pero después saltó otra que sí lo era. El ordenador falló. "¿Y ahora qué?".

Había dos posibilidades. La primera era desprender la parte del módulo para el aterrizaje, reencontrarse con la nave de mando y volverse a casa. Armstrong se negó en rotundo. La otra era bajar en modo manual.

P.: Así que eso hicieron

R.: Exacto. Se soltaron las bridas (por aligerar peso el módulo no tenía ni asientos), cogieron los mandos y siguieron bajando. Pero aún hay más. Por el radar se dieron cuenta de que se estaban pasando de largo, y no iban a aterrizar donde pensaban, sino 6 u 8 kilómetros más lejos de lo previsto, en una zona que no estaba cartografiada. Los equipos de a bordo tenían un margen de 15 metros, así que si había una roca de 14 metros, no la iban a ver. Iban a ciegas. 

Pero Armstrong dijo que bajaba como fuese. Así que fueron buscando un sitio donde aterrizar. "Aquí no que hay rocas, aquí no que hay pendiente y nos caemos rodando...". El problema era que el módulo tenía una batería limitada y perfectamente medida para cada maniobra. Bueno, pues desde Houston les avisaron: "Águila, 30 segundos". Se les estaba acabando el tiempo. Hasta que encontraron por fin un sitio razonable donde aterrizar cuando solo quedaban 17 segundos. 

P.: Ahora entiendo por qué pedirles que durmieran en ese momento era imposible

R.: De dormir nada, claro. Dijeron que iban a ir haciendo tiempo poniéndose el traje espacial, que se tardaba un par de horas en poner. Y cuando por fin llega el momento de salir, resulta que no caben por la escotilla. Para disminuir el peso del módulo, los ingenieros habían hecho la escotilla más pequeña, pero no habían reducido la mochila de supervivencia y no pasaba.

Y fíjate qué curioso: a pesar de todos los problemas que habían tenido en todo el descenso y el aterrizaje, ese fue el momento en el que a Armstrong más le subieron las pulsaciones. Cuando se vio tan cerca del destino y sin poder salir. Con ayuda de Aldrin pudo salir, bajó a la Luna e hizo historia.

P.: Una curiosidad personal: si hoy viajáramos de nuevo a la Luna ¿allí seguirían las huellas de Armstrong?

A pesar de todos los problemas que habían tenido en todo el descenso y el aterrizaje, ese fue el momento en el que a Armstrong más le subieron las pulsaciones. Cuando se vio tan cerca del destino y sin poder salirR.: Obviamente. Allí no hay viento ni rozamiento que las borre. Además, el polvo lunar es muy especial: al no haber rozamiento, no hay piedrecitas redondas como aquí, y todo el polvo tiene muchas aristas. Así que donde se deja una huella, las propias aristas hacen que la huella se conserve.

E igual que las huellas, seguirán todos los restos de los cohetes que hemos estrellado en la Luna, los restos de todos los experimentos, las plataformas de aterrizaje de los Apolos… Toda la porquería que hemos dejado allí, allí sigue.

P.: Volvamos a la misión. Vuelan tres astronautas, pero solo dos bajan en el módulo lunar hasta aterrizar en la superficie. Siempre me he preguntado cómo se tomó Collins el papelón de quedarse arriba, orbitando pero sin pisar la Luna

R.: Pobrecito mío, la historia se olvidó de él.

P.: ¿Le conoció, o tuvo noticia de cómo reaccionó ante su tarea en la misión?

R.: Yo personalmente no le conocí. Pero los astronautas tenían una preparación psicológica muy fuerte, y eso se podía ver en que su voz nunca se alteraba, no importaba los problemas que pudiesen surgir. Collins era el piloto del módulo de mando, así que él sabía desde el principio que no podría salir de ese módulo, tenía que pilotarlo. En el otro iban el piloto del módulo lunar y el comandante de la misión. Cada uno tenía claro su papel, y Collins salió asumiendo que no iba a pisar la Luna.

Por supuesto que es un momento duro: subir cientos de miles de kilómetros para quedarte dando vueltas mientras los demás hacen historia.

P.: Las pruebas de selección de los astronautas debían ser dignas de ver

R.: Entonces eran muy duras, una auténtica tortura. Se pensaba que hacían falta unas condiciones físicas muy concretas: estar entre determinadas edades, una forma física excepcional… Ahora se ha demostrado que no es así. Cualquier persona de físico normal puede asumir una aceleración de 4 o 4,5 G, que es lo que experimentas cuando sales al espacio. Y si me apuras y el viaje es a la Luna, que a la vuelta sí que tienes que soportar 7 o 7,5 (se vuelve a 40.000 kilómetros por hora), pues incluso así, cualquier persona normal podría resistirlo sin mayores problemas. 

P.: Después de poner por fin un hombre en la Luna, ¿qué ocurrió con la carrera espacial?

R.: La carrera espacial estaba ganada desde mucho antes en realidad, desde el 66. Americanos y soviéticos querían llegar a la Luna los primeros, obviamente. Los soviéticos tenían un cohete impresionante, un N1, que podía competir con un Saturno 5, con la diferencia de que los soviéticos iban a mandar un solo cosmonauta y los americanos tres astronautas. Pero los cohetes eran similares.

Lo que ocurrió fue que, en 1966, el que era el cerebro soviético del diseño de estos cohetes, Sergei Korolev, tuvo una afección que requería una intervención quirúrgica de poco riesgo, y en esa intervención murió. Podéis imaginaros los rumores que corren al respecto. Sus colaboradores no consiguieron terminar el proyecto: intentaron cuatro lanzamientos y fallaron los cuatro. En ese momento los soviéticos arrojaron la toalla y los americanos ya habían ganado.

P.: Pero siguieron adelante

R.: Lo único que querían hacer ya era cumplir las palabras de Kennedy y poner un americano en la Luna antes de que terminase la década. Y tuvieron que darse prisa, porque casi no llegan a tiempo. Pero ya no había carrera espacial. Era ya más una cuestión de imagen pública que de estrategia militar.

Además es curioso porque a partir del Apolo 11, el interés por la carrera espacial decayó enormemente en Estados Unidos. El ciudadano de a pie se preguntaba “¿para qué vamos a gastar más dinero si ya hemos llegado a la Luna? ¿Si ya hemos sido los primeros? ¿Si nos hemos traído 80 kilos de materiales para investigar? ¡Con lo que cuesta eso!”.

P.: Fueron los primeros en poner un hombre en la luna, pero en casi todos los hitos anteriores, los soviéticos llegaron primero: el primer animal, el primer hombre y también la primera mujer en el espacio. Estados Unidos no llevó una mujer al espacio, Sally Ride, hasta 1983. La URSS llevó a Valentina Tereshkova 20 años antes, en 1963

R.: Fue una mezcla de machismo y puritanismo. Primero se pensó que no serían capaces de aguantar las pruebas físicas. Pero un grupo de mujeres, a las que después se conoció como las 13 Mercury, pasaron esas pruebas y demostraron que el físico no era un problema.

Entonces la NASA se escudó en que las normas para establecer quién podía ser astronauta y quién no las había fijado el presidente Dwight Eisenhower: tendrían que ser pilotos de pruebas de cualquiera de las tres ramas del ejército. Y eran las autoridades militares las que no permitían que las mujeres fuesen pilotos de pruebas. Se lavaron las manos, dijeron que no era culpa suya.

Lo del puritanismo lo digo porque resulta curioso que ninguna mujer estadounidense subiese al espacio hasta que se empezaron a utilizar pañales desechables y se puso una puerta en el baño de las naves. ¡Cómo iban a dejar a un hombre y una mujer juntos y solos allí arriba, sin una puerta en el baño! 

Resulta curioso que ninguna mujer estadounidense subiese al espacio hasta que se empezaron a utilizar pañales desechables y se puso una puerta en el baño de las naves. ¡Cómo iban a dejar a un hombre y una mujer juntos y solos allí arriba, sin una puerta en el baño!P.: El tema económico sería crucial, imagino, como lo es ahora. Parece una inversión algo alejada del contribuyente, al que se refería usted antes. Haciendo de abogado del diablo: ¿es que no había nada mejor en lo que invertir que en llegar al espacio?

R.: Seguramente sí que lo hay, la verdad. Lo que ocurre es que sobre la Luna había muchas teorías sobre su formación, y aunque todas coincidían en que era un trozo de la Tierra que se había desprendido por un impacto increíble, el hecho de que ellos fueran allí y trajeran material, demostró que efectivamente, se  formó así.

Pero es que además la carrera espacial incidió en muchas otras cosas, de las que muchos ciudadanos no están al tanto. Por ejemplo, solo en medicina los desarrollos fueron incontables: se mejoraron los marcapasos, las medicinas para el mareo, se empezaron a hacer escáneres, se inventaron las lentillas, se inventó el pañal desechable superabsorbente (algo que todas las madres agradecen)… También se desarrolló el horno microondas, se impulsó la miniaturización, los PCs…

Si tuviésemos que hacer un recuento de las cosas cotidianas en las que ha influido la carrera espacial, no terminaríamos nunca.

P.: A día de hoy, la escasez de recursos vuelve a plantear esta pregunta. Hay que elegir mejor, y el espacio parece un destino caprichoso y lejano

R.: Es que son momentos muy distintos. ¿Tienen hoy sentido los vuelos tripulados? ¿Tenemos algún interés en volver a la Luna? Yo creo que no, pero es una opinión personal. De allí ya sabemos todo lo que era interesante saber. Así que ir a la Luna ahora, ¿para quénbsp;Quien sí puede tener interés en ir a la Luna ahora es China, para demostrar que es capaz de hacerlo.

En cuanto a otro tipo de viaje tripulado, también podemos olvidarnos en el corto plazo de ir a Marte.

P.: Le quería preguntar por Marte, porque parece claro que será el próximo lugar donde pondremos pie, pero usted opina que aún falta mucho más de lo que pensamos

R.: Siendo muy optimista, nos quedan al menos 50 años. Siendo muy, muy optimista. Y que conste que cuando en el año 68 llegamos a la Luna, yo fui de los que opinó que en el 90 estaríamos en Marte. Pero es que a partir de ese momento, el desarrollo tecnológico de los viajes espaciales no ha seguido la misma velocidad que cuando empezó la carrera espacial.

Eso, y que ahora el interés está en estudiar el origen del universo, la materia oscura, la energía… Estamos en otras cosas, no tanto en los viajes espaciales.

P.: Aspectos que se pueden estudiar desde aquí sin necesidad de mandar personas al espacio

R.: Por no decir que ahora mismo tenemos en Marte una serie de vehículos que pueden hacer cualquier cosa que puede hacer un ser humano. ¿Para qué mandar un ser humano, entonces? Si solamente el coste de esa misión es inasumible por cualquier nación del mundo ahora mismo.

P.: Pero ya no solo están las naciones en este escenario, ahora han entrado en juego empresas privadas con intereses en el espacio. ¿Qué le parece la aparición de estos nuevos actores?

R.: Ese es un truco fenomenal. NASA cada vez tiene menos dinero, es una administración que depende del presupuesto federal. Cuando el congreso de los Estados Unidos establece a quién le va a dar dinero, dice: “A ver, ¿qué interés tiene la gente en la NASA? Pues si el interés ha decrecido 5 puntos, el presupuesto baja 5 puntos”. ¿Cómo conseguir entonces que la tecnología siga avanzando? Dándole alas a la empresa privada. Se les dice que si desarrollan algo que tenga interés, NASA se puede beneficiar de ello, Estados Unidos también y ellos pueden sacar tajada.

P.: Algo que tenga interés como ¿qué? Póngame un ejemplo

R.: Pues mira: Estados Unidos ahora mismo no puede llevar astronautas a la Estación Espacial Internacional (ISS), porque no tienen ningún vehículo para subir. Así que cuando quieren mandar a alguien, acuden a la Federación Rusa y les piden por favor que les suban, y Rusia les cobra por ello. Cada asiento que utiliza un astronauta americano cuesta 70 millones de dólares. Teniendo esto en cuenta, se pregunta uno, ¿por qué no desarrollan algo para subir ahí?

Cuando quieren mandar a alguien a la ISS, acuden a la Federación Rusa y les piden por favor que les suban. Cada asiento que utiliza un astronauta americano cuesta 70 millones de dólares. Teniendo esto en cuenta, se pregunta uno, ¿por qué no desarrollan algo para subir ahí?P.: ¿Y que NASA se lo compre?

R.: No, no. NASA (o quien sea) puede decir a una de estas empresas: “¿Tú has pensado lo interesante que sería poner un hotel en órbita?”. Algo tipo la ISS, pero no para hacer experimentos, sino de ocio: ver 19 amaneceres diarios, experimentar la ingravidez y ver la Tierra desde 400 kilómetros de altura… En este mundo hay mucha gente con mucho dinero que pagaría lo que fuera por esto sin ninguna duda.

Pues bien, esa empresa tendría que desarrollar también un sistema de transporte que lleve a la gente al hotel y les vuelva a bajar. Y entonces podría llevarles también a la ISS. Es una forma de promover la investigación espacial.

P.: ¿Qué hay que seguir investigando en el espacio? Si dependiese de usted, ¿qué estudiaría?

R.: Si me preguntas a mí, yo creo que habría que invertir un poco más en estudiar y mejorar el mundo en el que estamos viviendo. El espacio va a seguir ahí muchos millones de años, podemos investigarlo un poco más tarde. La población está aumentando a un ritmo frenético y a esa velocidad, y a la que estamos contaminando, o ponemos un freno o me preocupa qué será de mis bisnietos.

P.: ¿Cree que acabaremos emigrando, no de país, sino de planeta?

R.: Sí, estoy convencido de que sí. Creo que para eso hará falta un salto tecnológico considerable. Los astrofísicos más notables opinan que en el universo hay 11 dimensiones. Nosotros conocemos 4: largo, ancho, alto y el tiempo. Necesitamos saber algo más, tenemos que meternos en lo que ahora es ciencia ficción y hacer saltos espaciales a través de agujeros de gusano para plantarnos a 200 años luz en tres días. Cuando consigamos eso, podremos explorar el universo y encontrar un planeta habitable al que trasladarnos y continuar la vida allí.

P.: De nuevo, volvemos a la misma cuestión: para esto hace falta mucho dinero

R.: Desde luego. Lo interesante en este caso, como en muchos otros, sería la cooperación internacional; pero ahí el que más pone, más exige, y es el que acaba imponiendo lo que hay que hacer, y a lo mejor no es lo mismo que quieren los demás.

P.: La ISS sería un buen ejemplo de esta colaboración que creemos utópica, ¿no?

R.: Sí que lo es, pero la clave está en la misión científica que desarrolla. Independientemente de las tendencias políticas y los conflictos entre países, los científicos se mueven en otra dirección: ellos siempre publican sus descubrimientos para que acceda el mundo entero. La ISS está dedicada a la experimentación, y por lógica, la colaboración allí dentro es mucho más grande que si fuera una estación dedicada a cualquier otra cosa. 

De hecho, todo es muy bonito y muy colaborativo, excepto cuando hay que hacer un lanzamiento, que como lo hacen los rusos, imponen sus condiciones económicas y hay que pasar por el aro. ¡Subidles gratis, joder, que a lo mejor sois vosotros los que otro día necesitáis ayuda!

P.: Dice usted que al menos en 50 años no llegaremos a Marte, pero ¿sabe que ya hay en marcha una selección de voluntarios para una misión tripulada a Marte? Hay varios españoles en la preselección

R.: Sí, sí. Tengo un amigo apuntado a ese proyecto. Está emocionado con el tema, y yo le digo: “¿pero tú estás loco?”.

P.: ¿Usted nunca quiso ser astronauta?

Claro que sí. En la época del Apolo sí que lo hubiera sido. Pero entonces tenía otra edad. Ahora si me levanto más de un metro del suelo ya creo que estoy demasiado alto.

P.: Decía usted que no cree en ese viaje sin retorno a Marte…

R.: Es que hay que pensarlo muy bien. Dicen de llevar a cuatro personas, que pasarían allí cuatro años solos antes de recibir a los siguientes cuatro colonos. ¿Quiénes serían esas personas? Tendrían que ser superespecialistas: un médico de medicina general, cirujano traumatólogo, cardiovascular y neurocirujano, todo en uno, al que además no le puede pasar nada porque tendría que atenderse a sí mismo; un psicólogo y psiquiatra de muchísimo nivel, porque los conflictos y problemas serían inmediatos…

Y luego hay otra cuestión que se comenta poco, y es que para colonizar necesitas descendencia, y para tener descendencia hace falta una enorme variedad genética. Se habló en su día de que hacen falta al menos 20.000 individuos diferentes, mezclándose entre sí. Si se mezclan solo un puñado de personas, en la cuarta generación están todos enfermos. Anda que no habrán desaparecido dinastías reales por no mezclarse con los plebeyos.

Y luego hay otra cuestión que se comenta poco, y es que para colonizar necesitas descendencia, y para tener descendencia hace falta una enorme variedad genética. Se habló en su día de que hacen falta al menos 20.000 individuos diferentes, mezclándose entre síP.: Por no hablar de que el propio entorno haría la misión muy dura

R.: Claro. Si Marte fuese un planeta con agua, vegetales, oxígeno… El único problema sería la diferencia de gravedad. Pero está todo en contra. Además, que no serías solo tú, es que si tienes hijos, ellos tampoco pisarán nunca la Tierra. Nadie querría tener hijos allí. Eso sí, con menos gravedad, tendrías unos hijos altísimos (se ríe).

P.: Por cierto, he leído que la primera fotografía de Marte que llegó a la Tierra en 1956, se recibió precisamente en Madrid

R.: Es verdad. Esa fotografía la envió el Mariner 4.

Cuando se lanzó no había ninguna antena construida. Justo entonces se firmó un acuerdo de tecnología y amistad entre los Estados Unidos y España, y el gobierno americano encargó a NASA que buscara una contrapartida en España para montar una antena. Se hizo contacto con Inta, se buscaron los terrenos y se construyó la antena a toda prisa, porque tenía que estar terminada antes de que llegara el Mariner 4 a Marte.

Se terminó justo a tiempo, y por eso la primera fotografía de un planeta fuera de la Tierra se recibió en Robledo de Chavela. Eso no lo sabe mucha gente. Eso sí, si vieras qué fotografía… Nada que ver con las que vemos ahora (ríe).

P.: De forma que el futuro inmediato de la exploración marciana es Curiosity y otros vehículos similares. Curiosity que, por cierto, es un ejemplo brillante de marketing. Es un vehículo robot al que han dotado de personalidad propia y con el que muchos simpatizamos. Está muy bien vendido

R.: Desde luego. Tiene su propia cuenta en Twitter, se hace sus selfies y hasta se parece a Wall-E, el personaje de Disney. Pero es que además sus predecesores resultaron cumplir con su misión mucho mejor de lo que se esperaba, y durante mucho más tiempo. NASA ha recuperado parte de su prestigio gracias a estos robots. La del Pathfinder, que fue la primera de estas misiones, fue muy exitosa e importantísima en su época.

P.: Un prestigio que había perdido por algunos fallos garrafales. Mezclar millas y kilómetros…

R.: Desde luego. Marte ha sido un planeta maldito para la NASA hasta hace poco. Más del 50% de las misiones a Marte fracasaron por un motivo o por otro. Misiones que costaron muchos millones.

Marte ha sido un planeta maldito para la NASA hasta hace poco. Más del 50% de las misiones a Marte fracasaron por un motivo o por otro. Misiones que costaron muchos millones

 P.: Entonces, ¿ha quedado la NASA como una gran empresa de marketing?

R.: La NASA intenta convertirse en una gran empresa de marketing, y para ello está en todas las redes sociales y hace mucha divulgación: cualquier proyecto de educación cuenta con su apoyo, y puedes usar sus materiales para tus conferencias si las das sin ánimo de lucro.

Lo que quiere es recuperar el interés de la gente y eso es un poco difícil. Que se haya despertado todo este interés por Marte, que Obama lo incluyese en su programa… Es un intento por volver a ilusionar a la gente con el espacio.

P.: Una última curiosidad. Ustedes manejaban información crucial de la Guerra Fría. ¿Tenían que cumplir medidas de seguridad especiales por trabajar en NASA?

R.: Bueno, claro. Teníamos un contrato de confidencialidad y además, y de esto me enteré a posteriori, cuando yo solicité el trabajo en la NASA, la CIA vino a mi barrio y preguntó por mí a mis vecinos, si me conocían y qué tal era yo. Y como se enteraron de que había estado estudiando en Estados Unidos, fueron a mi instituto de allí a preguntar también. Yo de esto me enteré después.

P.: Vaya. Entiendo que no encontraron nada que les disgustase

R.: (Ríe) Debe ser que no, porque me dejaron trabajar con ellos 43 años.

Tecnología
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
16 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios