el país que da asilo a más extranjeros

Alemanes que no son Pegida: "Tenemos un refugiado viviendo en nuestra casa"

Aunque la islamofobia acapara titulares, Alemania recibe hoy más refugiados que nunca y muchas familias los acogen voluntariamente en sus casas
Foto: Manifestantes en una protesta contra Pegida (Patriotas Europeos contra la islamización de Occidente) en Duesseldorf el 12 de enero. (Reuters)
Manifestantes en una protesta contra Pegida (Patriotas Europeos contra la islamización de Occidente) en Duesseldorf el 12 de enero. (Reuters)

Mientras las masivas manifestaciones contra el islam en Alemania atraen el interés de los medios y polarizan a la opinión pública dentro y fuera de sus fronteras, cientos de alemanes, sin apenas repercusión, están abriendo sus propias casas a la masiva avalancha de refugiados que está desbordando la capacidad de respuesta del país.

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Mareike Geiling vio la oportunidad de aportar su granito de arena a la causa en el momento en que le confirmaron que había obtenido una plaza de profesora de alemán en una universidad de El Cairo (Egipto). Ese día ella y su compañero de piso, Jonas Kakoschke, decidieron que no iban a tratar de encontrar un nuevo inquilino para la habitación de la joven berlinesa. En su lugar iban a buscar a un refugiado. "Llevábamos mucho tiempo preocupándonos por el tema de los refugiados y queríamos también hacer algo concreto", asegura Geiling.

Geiling y Kakoschke sabían que la mayoría de los centros de acogida en su país estaban desbordados. Los medios alemanes se han hecho eco en los últimos meses de episodios lamentables, con refugiados durmiendo en contenedores de mercancías, en tiendas de campaña o prácticamente al raso. Ambos habían leído también múltiples artículos sobre la polémica política en torno a qué hacer con las más de 202.000 personas que pidieron asilo el año pasado en Alemania, una cifra sin parangón en dos décadas y el 60 por ciento más que en 2013.

La situación es tan precaria que la localidad de Schwerte está sopesando habilitar un antiguo anexo del campo de concentración nazi de Buchenwald para alojar allí refugiados, con la consiguiente controversia. Los dos jóvenes también habían oído el llamamiento del Consejo de Refugiados de Berlín, que instaba a empresas, instituciones y particulares a poner a disposición locales libres para reconvertirlos en improvisadas instalaciones de acogida.

Redes de solidaridad espontáneas

"Decidimos dejar mi habitación a un refugiado. Sólo quedaba aclarar la financiación", señala Geiling recordando ese día. Pero pronto encontraron una solución. Los jóvenes escribieron un correo electrónico a un puñado de amigos y familiares para tantear quién podía echar una mano y rascarse el bolsillo. Y la respuesta les sorprendió. "En dos semanas teníamos compromisos como para pagar el alquiler de todo el año", explica Geiling. Algunos prometieron tres o cinco euros al mes, otros hasta 50.

Decidimos dejar mi habitación a un refugiado. Sólo quedaba aclarar la financiación

Poco después de que marchase a El Cairo llegó al piso el malinés Bakary, que prefiere no conceder entrevistas dada su precaria situación en Alemania. Kakoschke le conoció a través de una amiga común que imparte clases de alemán para inmigrantes. "Cuando ella oyó que buscábamos alguien para la habitación, nos puso en contacto. Jonas y Bakary se cayeron bien de inmediato y Bakary se mudó en seguida", relata Geiling. El malinés pasó de dormir en bancos de plazas y estaciones de metro a compartir piso con un alemán.

Viendo la facilidad con la que habían reunido el dinero necesario para acoger a Bakary, Geiling y Kakoschke decidieron hacer pública su experiencia y crear un página web llamada "Flüchtlinge willkommen" ("Refugiados bienvenidos") en la que ponen en contacto a ONG que atienden a refugiados con personas que ofrecen techo y otras dispuestas a contribuir económicamente a la iniciativa. Desde su lanzamiento a mediados de noviembre más de 350 personas han puesto una habitación a disposición de esta plataforma y cuatro refugiados ya han encontrado, al menos de forma temporal, un hogar.

La de Geiling y Kakoschke es tan sólo una de las decenas de iniciativas que están surgiendo en la sociedad civil alemana en respuesta al colapso de los centros públicos de acogida de refugiados. Algunos tratan de organizar una red para poner en contacto a los distintos actores necesarios, otros actúan de manera absolutamente individual. Como una pareja de 63 años de la localidad Langerwehe que ha acogido a un nigeriano de 20 años, como relataba recientemente el diario Aachener Nachrichten manteniendo el anonimato de todos los implicados. En la actualidad hay ya cientos de solicitantes de asilo en Alemania que están residiendo en hogares privados, según las estimaciones de la ONG Pro Asyl, con casi tres décadas luchando a favor de los refugiados.

Refugiados sirios en el corredor de un antiguo monasterio utilizado para darles refugio en Oggelsbeuren (Reuters).
Refugiados sirios en el corredor de un antiguo monasterio utilizado para darles refugio en Oggelsbeuren (Reuters).

Más voluntarios que islamófobos

Bernd Mesovic, subdirector ejecutivo de Pro Asyl, destaca en entrevista que todas estas iniciativas parten de la ciudadanía y que muchas van mucho más allá de la mera provisión de una cama y un techo. Se trata de comida, educación y salud. "Estas personas están desarrollando estrategias para atender apropiadamente a los menores que están llegando y prestar servicios sanitarios a los refugiados", asegura.

Mesovic critica la falta de capacidad de los centros temporales de acogida así como la caótica respuesta de las distintas autoridades locales y regionales implicadas en la atención de los refugiados. Además, lamenta ciertas paradojas a las que el estamento político no ha dado solución, como el hecho de que los municipios que ofrecen más plazas para refugiados, normalmente en zonas rurales, sean los que cuentan con menos opciones laborales para ellos, lo que condena al desempleo (y la dependencia económica) a quienes encuentran allí techo.

Como muestra de la respuesta de la sociedad alemana ante el drama de los refugiados, Mesovic apunta que el número de socios de Pro Asyl aumentó en 2014 con respecto al ejercicio anterior, al igual que el volumen de las donaciones que recibió esta organización.

"Nuestra impresión es que hay muchos más voluntarios que en silencio están dispuestos a acoger refugiados en sus casas que los que salen a manifestarse con esa basura de Pegida", afirma Mesovic en referencia al colectivo denominado Patriotas Europeos Contra la Islamización de Occidente, un movimiento xenófobo que este lunes congregó a unas 25.000 personas (su mayor logro de participación hasta la fecha) en Dresden, una ciudad de medio millón de habitantes en el este de Alemania. Su auge ha ido de la mano de la controversia sobre la avalancha de peticionarios de asilo.

Alqasem y su familia en una cocina del monasterio de Oggelsbeuren, cerca de Biberach (Reuters).
Alqasem y su familia en una cocina del monasterio de Oggelsbeuren, cerca de Biberach (Reuters).

"Aquí había un gran consenso social en la cuestión de los refugiados. Hasta hace poco no había ningún debate populista sobre el tema", agrega Mesovic, que califica a los líderes de Pegida, que se niegan a conceder entrevistas y actúan de forma poco transparente, de los "clásicos neonazis", que han organizado de "forma artificial" un movimiento de carácter islamófobo. "No se puede ser naive sabiendo quién está detrás de Pegida, organizando", apostilla. Geiling, por su parte, confía en que Pegida sea un "fenómeno que pase pronto" y niega que representen al pueblo alemán, como estos manifestantes reivindican al grito de "Nosotros somos el pueblo".

La edición de enero de la encuesta Deutschlandtrend, del instituto demoscópico Infratest Dimap, ratifica las valoraciones del subdirector ejecutivo de Pro Asyl. Según este estudio, el 30% de los alemanes considera que su país debe acoger a más refugiados que hasta la fecha, lo que supone un 2% más que en diciembre. Por su parte un 43% aboga por mantener el volumen y un 20% querría reducirlo. En torno al 75% de los encuestados se declara contrario a Pegida.

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