de luto tras la muerte de un niño piloto

Sin cinturón y a 100 km/h desde los ocho años para ser como Fernando Alonso

La muerte de Gonzalo Basurto, un piloto de karts de 11 años, ha puesto los focos sobre un deporte de riesgo en el que se empieza a competir a edades muy tempranas

Foto: Una competición de karts en el circuito de Recas (RFEA)
Una competición de karts en el circuito de Recas (RFEA)

Ocurrió el sábado pasado. Gonzalo Basurto se acercaba a la tercera curva del circuito Fernando Alonso cuando golpeó a otro kart, dio la vuelta en el aire y cayó de cabeza sobre el asfalto, cargando con el peso del vehículo. El niño piloto tenía 11 años y murió esa misma noche en el Hospital Universitario Central de Oviedo. A la mañana siguiente los teléfonos no paraban de sonar. El accidente había caido a plomo sobre las cientos de familias españolas que consagran cada año grandes cantidades de tiempo y dinero a este deporte. Con el sueño de que sus hijos se conviertan algún día en el próximo gran piloto español.

Sin cinturón y a 100 km/h desde los ocho años para ser como Fernando Alonso

El de las carreras infantiles de karts es un universo relativamente pequeño en el que, según sus protagonistas, no participan más de mil corredores en toda España. Tampoco es que esté al alcance de todo el mundo. Completar las pruebas de un campeonato de España junior puede suponer fácilmente una inversión cercana a los 40.000 euros. Requiere además muchas horas y sacrificios familiares. Por eso, y con algunas excepciones, detrás de los 'mini-pilotos' suele haber padres muy motivados, adictos al motor.

“Los hay que proyectan en sus hijos sus propios sueños”, dice Quique Sánchez, preparador de corredores. Después de toda una vida compitiendo y trabajando con niños, ha aprendido que entrenar a un piloto alevín supone normalmente lidiar con toda una familia. “Porque los padres”, detalla, “lo pueden llegar a vivir con más intensidad que los chavales”. En su opinión, algunos empujan a sus hijos demasiado pronto (hasta con cuatro años), les hacen correr demasiado rápido y les meten demasiada presión. “No quiero que se entienda mal lo que digo, no estoy hablando del caso de Gonzalo Basurto, ni de sus padres. Son reflexiones que siempre he hecho alrededor de un deporte que disfruto y que defiendo”, subraya.

A menudo se producen guerras entre padres que están jugando a que su hijo va a ser el próximo Fernando Alonso

Sánchez recuerda haberse encontrado de todo en las pistas. “Hay niños a los que poco menos que obligan a correr, por las frustraciones del padre o por lo que sea. Yo he dejado de entrenar a algunos porque no me gustaba la caña que les daban. Es gente que ha gastado dinero, tiempo, y lo viven mucho. Si después los niños no lo hacen bien, les regañan hasta que se quitan el casco llorando. Críos de ocho y nueve años a los que no paran de motivar con promesas y les meten una presión que no tiene ningún sentido. A menudo se producen guerras entre padres que parece que están jugando a entrenar al próximo Fernando Alonso... Se obsesionan con comprar las mejores piezas, el mejor motor, el mejor todo. Y los niños pueden sufrir y tener secuelas por las presiones físicas y las psicológicas. La pena es que haya chavales que teman más la reacción de los padres que a los accidentes”, dice.

No existen registros fiables sobre los accidentes de kart que se producen en España, pero desde la Real Federación Española de Automovilismo (RFEA) subrayan que el fallecimiento de Gonzalo Basurto es el primero que se produce en un circuito infantil español. A nivel internacional, uno de los estudios más completos es este de la US Consumer Product Safety Commission, en el que se documentaron los 113 accidentes mortales de menores de 15 años ocurridos entre 1990 y 1999 en todo Estados Unidos. El mismo documento estima que a finales de los 90 había una media de unos 12.000 accidentes al año relacionados con los karts.

Participantes de una competición de karts (RFEA)
Participantes de una competición de karts (RFEA)

"Me lo pidió mi hijo"

El tópico que describe Sánchez no siempre se cumple. Es el caso de Óscar Herencia, a quien nunca entusiasmó demasiado el mundo del motor. “Lo mío era el balonmano y el fútbol, pero a mi hijo lo que le gustaba era el automovilismo. Lo hablamos un tiempo y ahora pienso empezó un poco mayorcito. Tenía 11 recién cumplidos, mientras que algunos de sus compañeros llevan desde los cinco entrenando. Ahora tenemos un kart propio y compite mucho. A él le apasiona y se le da muy bien. Corre en el extranjero y los campeonatos de España, que nos pueden salir por entre 30.000 y 40.000 euros”, dice.

Óscar hace memoria y no recuerda ningún un “susto gordo”, aunque sí varios golpes. “En Venecia saltó el pontón, pero no se hizo nada. Y en Valencia se salió de la pista y se dio contra las protecciones, aunque acabó saliendo por su propio pie y pensando en la carrera. Como padre te da miedo, claro. Ahora corre en la categoría junior, con niños de 12 a 14 años. Los coches alcanzan una velocidad punta de 110-120 kilómetros por hora”. Óscar asume el riesgo cada vez que su hijo salta a la pista, pero no interpreta que sea muy diferente al de otros deportes, como las motos o la hípica. Sobre el accidente del sábado cree que hay que evitar el alarmismo. “Cuando pasa algo así, se te hace un nudo en el corazón, pero esto tiene que seguir. No vamos a dejar el deporte. Los accidentes son muy poco habituales".

Glosan los biógrafos que a Fernando Alonso le regalaron el primer kart con tres años. Y a los pocos meses ya estaba ganando su primera carrera, organizada por un centro comercial y en la que, cuenta la leyenda, participaron niños que le doblaban la edad. Su padre siempre estuvo presente en su aventura. Igual que hace ahora Óscar, que sigue a su hijo por el mundo y se toma días libres en el trabajo cuando es necesario. “Para mí lo más bonito es la relación que estoy desarrollando con él. Pasamos mucho tiempo juntos, estamos muy unidos”, subraya.

Para mi lo más bonito es la relación que estoy desarrollando con él. Pasamos mucho tiempo juntos, estamos muy unidos

El pediatra Javier Lluna, especializado en prevención de lesiones de la AEP, cree que "es mínima la seguridad que ofrecen estos vehículos", ya que "la mecánica supone un peligro, que no sólo facilita el accidente, sino que en caso de colisión puede incrementar el riesgo y gravedad de las lesiones". Explica, por ejemplo, que la dirección "no es la misma que un vehículo de uso habitual", que carecen de diferencial y en las curvas pierden adherencia al suelo "facilitando derrapes y trompos", además de "carecer de amortiguación y de sistemas antivuelco".

En su opinión las competiciones de karts son una "barbaridad". "No se entiende que se prohíba a los menores de 16 años conducir vehículos a motor por la vía pública y, por el otro lado, se les autoriza a edades mucho menores a jugarse la vida en una competición con vehículos que tienen unas medidas de seguridad pasiva y activa prácticamente nulas".

No se entiende que las autoridades prohiban circular a los menores en la vía pública pero les autoricen a jugarse la vida en competiciones

El delegado médico de la Federación Española de Automovilismo, José Cuartero, le quita importancia a los riesgos e insiste en que los peligros del karting no son tan diferentes a los de otros deportes. Y detalla el catálogo de lesiones comunes. “Cosas como la del sábado son de verdad infrecuentes. Sí hay más lesiones en la parrilla costal, aunque los chicos llevan un chaleco para proteger las costillas. Los miembros superiores también sufren, pues la tendencia natural cuando hay un inicio de salida de pista es echar la mano al suelo, de modo que se raspan o se rompen el brazo. Luego hay problemas, claro, cuando un kart alcanza a otro, porque se puede montar una rueda por encima de otra. Y tampoco es infrecuente que se pillen la mano contra el volante. Al volcar puede haber luxaciones y fracturas de hombro, pero esto es dificil que pase porque tienen estabilidad”.

Sin cinturón de seguridad

Los karts infantiles no están equipados con demasiadas protecciones y tampoco disponen de cinturones de seguridad ni otras estructuras de anclaje. Alguien sin nociones de mecánica ve cuatro ruedas, unos cuantos tubos saliendo del motor y un asiento que cubre hasta la zona dorsal. En la primera categoría oficial, la de alevines, compiten niños de entre 8 y 10 años con aparatos que pueden alcanzar los 100 km/h. “Llevan ropa ignífuga, casco, chalecos rígidos y collarines. Antes de competir se revisa todo el material para ver si está homologado con la normativa internacional”, subraya el médico. Las familias que viajan con sus hijos de carrera en carrera, argumenta, son conscientes de que tiene sus riesgos, “como todo lo relacionado con el volante, pero no hay que exagerar”.

No hay que ser muy listo para entender que, a cien kilómetros por hora, es como ir sobre un misil y te puedes matar

Quique Sánchez es un pelín más crítico. Recuerda que “en un kart para niños se circula totalmente libre, sin protecciones, casi como en una moto, pero con un vehículo que pesa mucho más que el niño, por lo menos 70 kilos. No hay que ser muy listo para entender que a cien kilómetros por hora eso es como ir encima de un misil y que te puedes matar. Y lo más peligroso puede ser el padre diciéndole al niño que tiene que adelantar, que tiene que arriesgar, que hay que ganar, que hay que echarle huevos y devolver un golpe al rival para que te respeten”.

Sánchez compite desde que era pequeño pero no le ha querido introducir el gusanillo a su hijo, que ahora tiene 10 años. "A veces vamos a una pista a divertirnos, pero tampoco es su pasión. Si luego le gusta cuando sea más mayor, ya tendrá tiempo, no hace falta precipitarse". Destaca la importancia de una buena preparación física y emocional. Y cuestiona que sea pertinente empezar tan pronto como hacen algunas familias.

Óscar Herencia durante una competición
Óscar Herencia durante una competición

“Casi todos los adultos que han estado en el karting de niños tienen después hernias, lesiones sin curar y cosas así. Es un deporte agresivo, no podemos negar eso, aunque una buena preparación minimiza los daños. Bajo mi punto de vista se manejan unas máquinas excesivas para los más pequeños. Y no solo por los accidentes, sino por el tipo de rebotes, vibraciones y contusiones que se producen. Un cuerpo de un niño de seis años no es lo mismo que el de un adulto”, remarca, antes de la reflexión final. “Este deporte es precioso y tiene que servir para disfrutarlo y aprender, no para sufrir siendo una marioneta subida en un misil que muchos adultos no podrían controlar. No hay que olvidar que son niños y lo hacen con la mayor sonrisa e ilusión, pero también con inocencia”.

Casi todos los adultos que han estado en el karting de niños tienen después hernias, lesiones sin curar y cosas así

José Luis Bermúdez es entrenador de un equipo (‘Kids to Win’) integrado por 25 niños y defiende que los karts cuentan con protocolos de seguridad muy estrictos, al menos en la competición oficial. “Los padres nos eligen para formar a sus niños e intentar que acaben las carreras lo más adelante posible”, dice, matizando que no todos se lo toman de la misma manera. “Algunos se hacen el kart en plan casero, con una pequeña estructura o un remolque. Otros prefieren llevar un equipo como el nuestro donde se incluyen todos los servicios. Pero aquí no depende tanto del coche como en la Fórmula 1. Suele ganar el mejor piloto, no el mejor coche”, resume.

Bermúdez admite que se ha generado “un poco de pánico” tras el accidente del sábado pasado. “Ahora mismo están todos un poco en estado de shock porque esto no es algo habitual. He tenido cancelaciones desde el accidente. Lo que tenemos que hacer ahora es mirar con calma, analizar por qué ha pasado esto y ver cómo seguimos adelante. Si vuelve a pasar, el problema sería mucho más grave. Es una pena que un deporte tan bonito como este salga en la televisión y los periódicos por esto”, dice.

Hay riesgo, como esquiando, como en la hípica, como en el motociclismo… La vida es un riesgo y salir a la calle es un riesgo

Tras el accidente de Gonzalo Basurto, el presidente de la RFEA, Manuel Aviñó, suspendió la competición y ordenó una investigación en el circuito Fernando Alonso. “Lo que ha quedado patente es que contaba con todas las medidas de seguridad que marca la Federación Internacional de Automovilismo (FIA). Fue un choque entre dos pilotos, no un problema de la pista. Pero aun así hemos decidido extremar todavía más las medidas y vamos a poner en marcha un desarrollo en materia de seguridad”, argumenta, acogiéndose al mantra de que el karting es un deporte seguro. “Hay riesgo, como esquiando, como en la hípica, como en el motociclismo… La vida en sí misma es un riesgo y salir a la calle es un riesgo. Nosotros organizamos más de 100 carreras cada año y este es el primer accidente mortal”, zanja.

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