trágico fallecimiento del presidente de total

Christophe de Margerie: el adiós del amigo ruso de Occidente y del presidente 'total'

Liberal, campechano, cercano, poderoso... El trágico fallecimiento del presidente de la petrolera gala Total deja un enorme hueco con muchas ramificaciones

Foto: Christophe de Margerie: el adiós del amigo ruso de Occidente y del presidente 'total'

Un conductor de quitanieves empapado de vodka, una becaria al mando de las operaciones en la torre de control del aeropuerto, el jefe de los controladores viendo la tele… Una  secuencia de ineptitudes que tuvo como resultado la muerte del presidente de la petrolera francesa Total, Christophe de Margerie, cuyo Falcon 50 ardió en la noche del lunes tras impactar brutalmente contra el vehículo dedicado a limpiar apenas diez centímetros de nieve en las pistas del aeropuerto moscovita de Vnúkovo.

Una serie de elementos que para algunas tesis conspiracionistas en Rusia y Francia explicarían que "el amigo de Rusia" podría haber sido víctima de una confabulación para eliminarle. La realidad parece menos literaria. La potencia euro-asiática, a pesar de su riqueza y de los avances de la sociedad civil, sigue siendo uno de los paraísos de la negligencia y de la falta de seriedad, heredada de décadas de ausencia de responsabilidad individual y menosprecio de las mínimas normas de seguridad. La marca Rusia pierde miles de puntos.

Christophe de Margerie ha perdido la vida allí donde había situado el futuro de su empresa. Para Total, Rusia era el dorado del petróleo y el gas, que representará su primera fuente de producción en 2020, según los cálculos del dirigente fallecido. Las declaraciones de pesar de Vladímir Putin no forman parte de la diplomacia forzada; eran sinceras. Moscú pierde a uno de sus principales embajadores en la Unión Europea. De Margerie estaba rotundamente en contra de las sanciones que los países comunitarios han impuesto a Rusia por su intervención en Ucrania. Para él, el castigo a Moscú "es un camino sin salida" y defendía el diálogo y la comprensión con un socio con el que Total hace negocios desde 1991. Para el Kremlin y su entorno, tener abogados así en estos momentos es importante desde el punto de vista económico, político y psicológico. 

Rusia, el futuro de Total

De Margerie, que acababa de reunirse con el primer ministro, Dmitri Medviedev, en el marco del Consejo consultivo para las inversiones extranjeras, era también co-presidente del Consejo económico franco-ruso. Por supuesto, ese amor al país de Jodorkovski no era ciego ni desinteresado. Total está aliado con los gigantes rusos Gazprom, Lukoil y Novatek. La compañía francesa extrae más de 200.000 barriles de petróleo al día en el yacimiento de Jariaga, en el norte de Siberia. Con la empresa gasística privada Novatek, de la que posee el 17%, desarrolla un importante proyecto en la península de Yamal, que penetra en el Océano Ártico. También con Novatek y con la china CNPC, Total está asociada en otra gran operación de extracción de gas natural licuado (GNL) por un valor de 27.000 millones de euros. Este proyecto está en entredicho para los franceses como consecuencia de las penalizaciones europeas. Uno de los oligarcas cercanos a Putin, Guennadi Timchenko, afectado directamente por el castigo de Bruselas, posee el 23% de Novatek.

De Margerie y Total estaban también aliados con Lukoil en la futura extracción de gas de esquisto, del que Rusia posee las reservas más importantes en el mundo. Otra iniciativa dañada por el boicot al régimen putiniano. Si Rusia representa el futuro para Total, África es el presente, con Nigeria y Angola como principales bases en el negocio petrolero, por delante de sus rivales Exxon, Shell, BP o Chevron. Antes de su desaparición, De Margerie había dejado encaminado el asalto a otros países, como Uganda, Kenia, Mozambique y Tanzania. Australia, considerado el segundo Catar, también forma parte de los objetivos de Total, asociada al gasista japonés Impex. 

Un futuro ambicioso que la compañía francesa no quiere poner en peligro por el fallecimiento de su patrón. En pocas horas, Total encontró el tándem que regirá, de momento, los destinos de la empresa, que ha optado sin sorpresa por la continuidad. Thierry Demarest, antiguo presidente, ya retirado, repite cargo y ejercerá de tutor temporal del nuevo Director General, Patrick Pouyanné, de 51 años y miembro de la garde rapprochée de de Margerie, que será nombrado PDG si las cosas no se tuercen.

Presidente y dircom

Lo que será imposible de reemplazar es la personalidad de Christophe de Margerie. En Francia era un personaje único y atípico dentro del restringido grupo de dirigentes de empresa, y no solo por sus espectaculares bigotes. Descendiente de una familia de diplomáticos y empresarios - era nieto de Pierre Taittinger, creador de la marca de lujo y del champán del mismo nombre -, de Margerie, a diferencia de sus pares, no había estudiado ni ingeniería ni otras especialidades de prestigio. Estudió en la Escuela Superior de Comercio de París y entró de becario a los 23 años en Total. 

Otro rasgo que según sus allegados le distinguía de otros jefes de empresa era su cercanía. Uno de los rasgos que definen a los alto dirigentes de empresas francesas es su arrogancia, su altanería y su frialdad con sus empleados. Los trabajadores de Total, acosados por la prensa durante dos días, contaban cándidamente entre lágrimas que su presidente –no es "les saludaba en el ascensor y en la cantina de la empresa". En definitiva, un "empresario simpático" para unos trabajadores acostumbrados a ser ignorados en los pisos superiores. 

Ese componente de campechanía y el gusto por decir las cosas claras le sirvió de mucho para torear las graves crisis que han afectado a la empresa a lo largo de los últimos 15 años. La personalidad de de Margerie valía más que las teorías de cualquier supuesto gurú de la comunicación

En el lado oscuro de Total hay que relatar la catástrofe ecológica del petrolero Erika (1999), del que la compañía se libró con una leve multa. Más grave fue la explosión de la fábrica AZF de Toulouse (2001), que provocó la muerte a 31 trabajadores y heridas a más de 2.500. Total explicó que la desgracia fue consecuencia de "una mezcla de productos incompatibles". Las familias de las víctimas acusaron a la compañía de "camuflar la verdad". Total fue también protagonista negativa de la violación del embargo al Irak de Sadam Husein en el programa "Petróleo por alimentos", y tuvo su gran momento internacional con su implantación en Birmania, de la mano de la junta militar. Total fue acusada y condenada por la utilización de trabajo forzado, en colaboración con el ejército. Cristophe de Margerie indemnizó a las víctimas que denunciaron el caso, creó un fondo millonario de ayuda al desarrollo y obtuvo, orgulloso, el plácet de la opositora, Aung San Suu Kyi, para seguir instalado en Myanmar, donde Total no ha dejado de desarrollarse y acaparar contratos. 

«Una empresa; no una ONG»

De Margerie tenía claro que su papel era ganar dinero para la empresa. Si hubiera tenido que seguir las reglas de cualquier ONG, decía, no habría podido hacer negocio en ningún continente. Lo explicaba así de claro y sin tapujos, como justificaba sin complejos que Total, con una cifra de negocios de 190.000 millones de euros al año, no pagara impuestos en Francia, sino en los países donde desarrollaba su actividad. 

En un país donde la figura del empresario es vilipendiada constantemente por sistema y en el que ganar dinero para tu empresa equivale a ser tachado, como mínimo, de buitre, de Margerie sabía mantener el tipo y una discusión sin gritos ni insultos con sus contrincantes políticos o éticos, y era el único dirigente empresarial capaz de acudir tanto a los sesudos debates que, para envidia española, acoge la televisión pública francesa, como a los programas de los bobós (bourgeois-bohèmes) y modernos del Canal Plus local. 

El homenaje del presidente François Hollande y, especialmente, el del primer ministro, Manuel Valls, a Christophe de Margerie ha desbordado en elogios los pésames de la derecha. De Margerie, un liberal sin complejos para quien "el problema de Francia es el Estado, responsable del 55% del PIB", acompañaba siempre a Hollande al extranjero. Se había convertido, como señaló el Ministro de Exteriores, Lauret Fabius, en un "embajador económico de Francia". Tanta unanimidad en los elogios ruboriza un poco cualquier sentido crítico. Para romper el consenso, un miembro del buró político del Partido Socialista se ha ganado más de un cuarto de hora de fama con un tuit en el que llabama a de Margerie "chupasangre". Valls ha pedido que le expulsen del partido.

 

 

 

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