Concierto en la capital

Caetano Veloso, ¿oficio o beneficio? Más carisma que música en Madrid

Con el cantautor parece que aplaudamos nuestro exquisito gusto en vez del placer que proporciona la música. Justamente lo contrario de los que propone la música popular brasileña

Foto: Actuacion de Caetano Veloso en Madrid. (EFE)
Actuacion de Caetano Veloso en Madrid. (EFE)

Nueve en punto. Bochorno en la acera del Circo Price de Madrid. Supuestamente, es la hora de comienzo del concierto de Caetano Veloso, pero dos largas filas siguen estancadas en la puerta. Si te paras a mirar, distingues rostros conocidos como Fernando Trueba (que hoy se siente brasileño), Alejo Stivel (Tequila, productor de Sabina) y una presentadora morena de informativos Telecinco, cuyo nombre no consigo recordar. Manda el público fino, de mediana edad, que ha agotado las localidades, entre 45 y 65 euros.

Esta vez Veloso no viene solo, sino con la poderosa intérprete de samba Teresa Cristina, flanqueada por el guitarrista Carlinhos Sete Cordas. Todo está preparado para una noche “de calidad”.

Más carisma que música

Hablemos claro: los conciertos de Caetano Veloso son un ritual.¿En qué sentido? Después de unos quince años acudiendo, tengo claro que no venimos aquí solo por la música, sino por la reconfortante sensación de que al comprar una entrada estamos adquiriendo un certificado de sensibilidad. Pasa también con otros artistas, pero especialmente con Veloso, un compositor que derrocha inteligencia, delicadeza y encanto personal. ¿Cuál es el problema, entonces? Un pequeño detalle llamado música. El bahiano interpreta diecinueve canciones en solitario, con la única ayuda de una silla y una guitarra acústica. Recordatorio: el público ha pagado una media de cincuenta euros.

No venimos solo por la música, sino por la reconfortante sensación de adquirir un certificado de sensibilidad

Durante gran parte de la noche, funciona el karaoke mental, agarrarse a los esquemáticos sonidos que llegan desde el escenario como punto de apoyo para recordar las grabaciones, con sus arreglos minimalistas y majestuosos, su voz en plenitud, sus bien usados silencios. También hay karaoke colectivo de verdad en alguna canción del tramo final, especialmente en 'A luz de Tieta', también muy por debajo de la embriagadora versión de estudio. Suena en la cabeza la suave percusión del original, además de la voz de Gal Costa, que tan bien podría haber suplido Teresa Cristina.

Hippies contra militares

Otro momento mustio es 'Cucurrucucú paloma', de Pedro Infante, cantada de manera áspera y a un poco remolque de la melodía, nada que ver con la hipnótica versión de 'Hable con ella', la película de Pedro Almodóvar, donde usaba chelo y contrabajo. Más que disfrutar lo que toca, me descubro intentado recomponer el sonido del cine. Se disparan las ganas de llegar a casa para disfrutarla con los auriculares. Se supone que un concierto ha de ser algo más que esto. Veloso es un hombre de casi setenta y cinco años, que lleva haciendo canciones espléndidas desde finales de los sesenta. Sin duda, es capaz de emocionarte con mínimos recursos: yo recuerdo hace unos años una interpretación de la minimalista 'London, London' que me dejó clavado en la silla. Otra cosa es que pueda hacerlo todo el rato con cualquier canción sin más ayuda que su guitarra y su voz cada vez menos expresiva. En la cinta de Almodóvar, cedía la acústica para concentrase en la interpretación.

El concierto no está mal: seguro que cada asistente de anoche tuvo media docena de flashes mágicos, pero es complicado aguantar un buen nivel medio de emoción renunciando a la riqueza de una banda en directo. De hecho, el momento estelar del concierto llega en la recta final, donde le acompañan Teresa y Carlinhos. Tampoco Veloso parece especialmente emocionado al tocar sus canciones, excepto cuando llega el humor de 'Love For Sale' (interpretada a capella) y dos canciones tropicalistas de 1968, los años del hippismo y de la protesta contra la dictadura militar. Hablamos de 'Enquanto sao lobo nao vem' y 'A voz do morto'. A pesar de todo, tampoco llegan a prender. Mientras avanzan, otra pregunta me ronda por la cabeza: ¿cuántos de los personajes humildes y machacados que pueblan sus canciones podrían permitirse hoy en día pagar las caras entradas de este recital?

¿Oficio o beneficio?

La voz de Teresa Cristina, en cambio, se disfruta plenamente sin adornos. Se trata de uno de esos registros poderosos, pero a la vez vulnerables, a medida de la samba más sutil. Interpreta canciones de un clásico, Argenor de Oliveira, popularmente conocido como Cartola. De las nueve iniciales, no hay un minuto de sobra, borda un concierto corto que toca techo con 'Acontece'. No se corta de denunciar el machismo del autor en 'Seve Tim'. “Imaginad la versión contraria: una mujer explicando a un hombre que antes tuvo otro amante y que este era mejor”, ironiza. Su voz hace palidecer a la de Veloso, dueño de un repertorio espléndido, cuyo potencial se sabotea con la falta de recursos sonoros.

Es legítimo preguntarse si las giras acústicas son una opción o una forma de obtener el máximo beneficio con la mínima inversión

Es legítimo preguntarse si esta predilección por las giras acústicas es una opción artística o una forma de obtener el máximo beneficio con la mínima inversión. Los mayores aplausos y expresiones de entusiasmo del público no se dan al final de las canciones, sino en los primeros compases, cuando conseguimos reconocerlas. Parece que estamos aplaudiendo nuestro exquisito gusto, en vez del placer que proporciona la música. Justamente lo contrario de los que propone la música popular brasileña.

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