a partir del 22 de marzo en los teatros del canal

Pérez-Reverte: "No soy una ONG"

Por primera vez salta al teatro una adaptación de una novela del escritor, 'El pintor de batallas', dirigida por Antonio Álamo y protagonizada por Jordi Rebellón y Alberto Jiménez

Foto: Presentación de la adaptación al teatro de 'El pintor de batallas' (EFE)
Presentación de la adaptación al teatro de 'El pintor de batallas' (EFE)

Confiesa Arturo Pérez-Reverte que de todas las adaptaciones de sus novelas, la primera que aplaude "sin fisuras" es el salto al teatro de 'El pintor de batallas'. Quizás porque es su obra más personal. Un exorcismo contra la maldad humana y los demonios de la guerra que vivió en primera persona durante sus 21 años como reportero de guerra que parió en 2006 en forma de libro y que ahora llega a los Teatros del Canal (22 de marzo a 16 de abril) adaptada y dirigida por Antonio Álamo y protagonizada por Jordi Rebellón y Alberto Jiménez.

"El hombre mata y tortura porque es lo suyo. Lo busca", dice el fotógrafo y pintor Faulques en la función, el álter ego de Reverte en la novela. Frente a él, Ivo Markovic, un superviviente del asedio de Vukovar al que su retrato arruinó la vida y que llega a su estudio en busca de venganza, pero sobre todo de porqués. En el fondo, 'El pintor de batallas' es un ajuste de cuentas del escritor y académico de la RAE consigo mismo. Una purga para alejar a los fantasmas de todos esos cadáveres que dejó en la cuneta mientras estaba preocupado por ser reportero y que le seguían persiguiendo tiempo después por las noches.

"Es una novela especial para mí porque está hecha con mi memoria. Todo lo que ocurre es real y se ha convertido en literatura", explica. 'Territorio Comanche', un retrato más bucólico y superficial de la vida del reportero de guerra, y 'El pintor de batallas' son los dos libros que explican la vida de Pérez-Reverte, aunque el novelista reconoce que esta último que ahora salta al teatro "es la novela más dura, cruda y personal" que ha escrito nunca. "Es un ejemplo de introspección doloroso e intenso. Nunca haré una igual".

Esta es la primera vez que se lleva al teatro una de sus novelas y, asegura, aunque estaba preocupado por cómo "su memoria" iba a ser interpretada por otros, no quiso leer el texto que le pasó Álamo a pesar de que le dijo que sí lo había hecho. "No quería, era demasiado personal", asegura. Álamo le pasó 30 o 40 correcciones sobre la primera adaptación, que hizo sin su consentimiento, a las que, de nuevo, no les dio importancia. "Me dio patente de corso", cuenta el dramaturgo y director.

Así, llegó Pérez-Reverte al estreno en el Teatro Calderón de Valladolid al patio de butacas: sin conocer ni una coma de la obra en la que se había convertido su novela y, quizás, fue lo oportuno porque el resultado le gustó tanto que asegura que "está en deuda" con el equipo. "Me quedé asombrado porque han elegido las situaciones que mejor definen la intención de lo que quería contar. Si hubiera querido hacer una obra, hubiera sido así. Me reconozco en sus palabras, gestos y reconozco mis textos en ellos. Estoy impresionado porque llegué a olvidar que el texto era mío".

"El mundo es un lugar hostil"

Alberto Jiménez y Jordi Rebellón en 'El Pintor de Batallas' (Efe)
Alberto Jiménez y Jordi Rebellón en 'El Pintor de Batallas' (Efe)

'El pintor de batallas', explica Pérez-Reverte, "es un viaje al corazón de la memoria y al corazón de las tinieblas". "Esos chicos con los que conviví esa primavera era amigos, compartimos cigarrillos, charlas y ahora están muertos. Yo no soy muy sentimental ni romántico, pero ahora hay un acto de justicia poética porque ellos los hacen vivir otra vez", afirma. No obstante, y aunque es un ajuste de cuentas personal para silenciar los fantasmas de todos esos chavales que conoció en el asedio de Vukovar que hoy están muertos, subraya que no pretende hacer un homenaje.

No estoy orgulloso de mí mismo con ser humano, pero sí como reportero

"Yo no soy una ONG. No pretendo homenajear a nadie. Yo escribo con la intención de describir y contar que el mundo es un lugar hostil poblado por unos seres peligrosos que se llaman seres humanos y la pintura o el arte permiten entender mejor las reglas del juego. No es un homenaje, otra cosa es que lo consiga", añade. Por eso, cuando se planteó escribir esta novela su intención "no era positiva" sino que quería contar su memoria de más de dos décadas como reportero de guerra y apagar esos espectros que aparecían en sus sueños. "No podía envejecer con ese hueco en mi conciencia y de forma egoísta decidí escribirla".

Jordi Rebellón en 'El Pintor de Batallas' (Efe)
Jordi Rebellón en 'El Pintor de Batallas' (Efe)

En concreto, relata los 21 años que pasó "mirando el reloj porque tenía que transmitir". "Esa eficacia profesional y esa fría ejecución de mi trabajo se hace a costa de dejar a muchas muertes en la cuneta, gente que no paré a ayudar, que quise ayudar y no pude, gente que murió delante de mí... Eso te deja la sensación de que eres un buen reportero pero al mismo tiempo vas acumulando en la mochila fantasmas. No estoy orgulloso de mí como ser humano, pero sí como reportero. Para contar lo que pasa hay que dejar de lado muchos sentimientos", remacha.

La purga fue el resultado. "Me ayudó a entender que soy un transeúnte por un territorio de reglas muy crueles". Eso es, de hecho, la naturaleza y el porqué de 'El pintor de batallas': "Comprender las reglas físicas, la maldad y la crueldad que rige la curva del mortero. Y lo hice". Hoy, remacha, "no la haría... O sí. Las reglas son inevitables. Están ahí. Hay dos tipos de personas: las que conocen las reglas y enfrentan la vida con mayor lucidez, y las que las ignoran y solo dicen qué horror, pero es que son las reglas y el mundo funciona así".

Un combate a 15 asaltos

Álamo define 'El pintor de batallas' como un combate de boxeo a 15 asaltos entre Faulques y Markovic. Ambos son viejos conocidos que se reencuentran en el estudio del primero para resolver a muerte su conflicto: una historia de sangre, muerte, mierda e infinita crueldad en la que se plasma con toda su crudeza uno de los temas que persiguen la literatura de Pérez-Reverte: la maldad humana. A pesar de ello, es una obra que enfrenta a la ternura emotiva contra la fría lucidez. "Es una novela profundamente ética y muy antibelicista —creo que toda su obra lo es desde 'El húsar'—, y 'El pintor de batallas' condensa todo su mundo literario", dice el director.

Pérez-Reverte, por su parte, reconoce que nunca escribe pensando en las adaptaciones cinematográficas o televisivas de sus novelas y que, de hecho, esta es de las menos adaptables. "Ese es el milagro. Han conseguido lo imposible. Es una novela compleja, densa, tan llena de crueldad que jamás pensé que fuera transportable al teatro. Fue un texto íntimo, pensé que era un libro para minorías y fue una sorpresa que funcionara tan bien". Ahora, añade, el regalo es que "un texto mío vuelva a conmoverme al cabo de tantos años. Me han conmovido con mis propios recuerdos".

Por primera vez una novela de Pérez Reverte salta al teatro (Efe)
Por primera vez una novela de Pérez Reverte salta al teatro (Efe)

Preguntado por si se anima tras esta experiencia a hacer teatro, el académico es tajante. "No me siento capacitado", dice ya que desconoce las herramientas y le faltan las aptitudes técnicas necesarias para ello. "Yo cuento historias bien y es lo que hago. Soy un razonable novelista, pero el teatro no es mi territorio", matiza.

Tanto Rebellón como Jiménez, protagonistas de esta adaptación escénica, garantizan que el texto es muy duro. El primero ha tirado de vísceras e intuición para dar vida a ese fotógrafo que ha descubierto que la única forma veraz de acercarse a las atrocidades de la guerra es a través del arte y de la pintura y cuyo lienzo —el tercer personaje, garantiza— preside y se va descubriendo durante toda la función . "Creo que ni la mejor fotografía de guerra refleja lo que es la guerra de verdad. Hay cuadros que sí. La fotografía ha dejado de tener la fuerza que tenía. Solo el arte consigue resumir al hombre de todas las guerras", reflexiona Pérez-Reverte.

Jiménez, por su parte, defiende que en esta obra hay algo muy desgarrador, por un lado, pero también hay esperanza por un mundo mejor. Markovic, su personaje, está arrasado por lo que le ha provocado la fotografía de Faulques, pero "llega a este molino con ansias de venganza y también buscando una respuesta para entender el porqué y el para qué de ese horror que le ha tocado vivir. Yo creo que eso también tiene que ver con la esperanza". La esperanza, añade el escritor, "es que el ser humano es capaz de lo peor pero también de conversar y que la lucidez es capaz de acercar a hombres que son enemigos. No hay más esperanza que la de dos seres humanos mirándose a los ojos", zanja.

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