otro mítico ensayo de david foster wallace

El hip hop explicado por un genio suicida

O la obsesión con el rap negro de un escritor blanco de culto

Foto: El escritor David Foster Wallace
El escritor David Foster Wallace
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Sé que está prohibido por prescripción periodística, pero voy a empezar este artículo con una apreciación personal: hay pocas cosas en la vida que me interesen menos que los novelones de David Foster Wallace. Alabado por la inmensa mayoría de la crítica literaria occidental, sus ficciones suelen ser densos tochos narcisistas desesperados por encontrar la esencia de la identidad estadounidense. Algo parecido a lo que quiere alcanzar aquí Pérez-Reverte con la españolidad, pero con el triple de páginas y rematado por seis mil notas a pie de página.

Empiezo con este comentario antipático para decir que he disfrutado un montón 'Ilustres raperos. El rap explicado a los blancos' (Malpaso, 2017), que escribió en 1996 con la colaboración de su amigo y compañero de piso Mark Costello. Puedo decir, además, que es un libro muy preciso, ya que en aquella época yo tenía 24 años y estaba tan enganchado al hip hop como ellos (aunque me pillara más lejos y me costará mucho tener acceso al material más oscuro y underground).

Estas doscientas veinte páginas, que se leen del tirón en una tarde, retratan del desconcierto y la irresistible atracción que sentimos los chavales de clase media occidentales ante una bomba sociomusical que salió de los guetos más pobres de Estados Unidos y terminó dominando la industria de la música en menos de lo que tardas en decir Jay-Z . El ensayo llega a las librerías españolas el próximo 13 de marzo.

El hip hop explicado por un genio suicida

Juventud sin futuro

El relato arranca en los años de Ronald Reagan, el presidente que dio el pistoletazo de salida al desmontaje del Estado del Bienestar en el país más poderoso de la Tierra. Este gesto fue rápidamente copiado por muchos partidos derechistas y socialdemócratas europeos. La desprotección de los pobres hizo florecer el hip hop, un género musical que apenas requiere medios materiales y que sirve para contar la vida de los guetos de una forma muy distinta a la que utilizan los telediarios. Como dijo Chuck D., vocalista de Public Enemy, el primer rap fue "la CNN de la comunidad negra". Además, el hip hop se convirtió en uno de los escasos ascensores sociales de un sistema diseñado para hacer que los ricos fueran cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.

Retrata el desconcierto y la irresistible atracción que sentimos los chavales de clase media ante una bomba sociomusical que salió de los guetos más pobres de EEUUAsí explica el texto (cojan aliento) las alternativas laborales de los jóvenes afroamericanos de los barrios negros de la muy pija ciudad de Boston: "Estaba el ejército, el salario mínimo o bien hacer carrera en el ramo de los atracos, los robos en casas y la posesión de drogas con intención de vender; pasar temporadas en la penitenciaría de seguridad mínima que tenía la Commonwealth en Deer Island, en la bahía de Boston, que tal vez podrían evitar si delataban a sus amigos íntimos; luego la prisión de seguridad media de Dedham; y finalmente, cuando les echaran el guante por un delito lo bastante serio o bien los terminaran condenando a cadena perpetua tras asignarles el estatus de delincuente habitual que estipula la ley de Massachusetts, una estancia larga en el Hard Rock Café, la prisión de máxima seguridad de Walpole, de la que saldrían ya en plena mediana edad y siendo presos profesionales. Una perspectiva bastante lúgubre para alguien de diecinueve años".

Con semejante panorama, no es de extrañar que la juventud negra de los ochenta se tirase de cabeza a la piscina del hip hop, antes incluso de mirar si había agua. No todo el mundo tiene cuerpo para aspirar a la NBA.

El hip hop explicado por un genio suicida

Rendición negra

El joven Wallace vive obsesionado con ese estilo crudo y callejero, que enamoró a millones de jóvenes blancos cuyo mayor conflicto en la vida había sido un suspenso a destiempo o una pelea con nuestras madres por no tener nuestro cuarto limpio y arreglado. De hecho, entre los universitarios más entregados surgió el tic de preferir a los artistas más pasados de rosca, que identificábamos con la "autenticidad" (algo que nadie ha conseguido definir todavía de forma satisfactoria).

Uno de los mejores pasajes del libro llega cuando Wallace analiza el célebre vídeo de 'Walk This Way', colaboración entre los rockeros viejunos Aerosmith y los fresquísimos Run DMC. "Los raperos de Nueva York volvieron a dejarnos con la miel en los labios. Run DMC deciden que le gusta ese rollo (el rock) y las dos bandas unen fuerzas inesperadamente. Steve Tyler, que no sabe bailar, le enseña a todo el mundo como se hace".

Paradojas de la cultura: el motivo del cabreo de Foster Wallace es legítimo, aunque suena a regañina de listillo blanco hacia la actitud de los negros pobres y vendidos. "Run DMC aspiran a celebrar la desegregación, pero no ven el hecho de que Aerosmith, esos rockeros blancos entre los blancos, no son más que unos imitadores de pacotilla de Led Zeppelin, ni que Led Zeppelin salieron del rhythm & blues negrísimo de Chess Records en Chicago. Mientras bailan con Steve Tyler, se olvidan de que el músico acompañante de Muddy Waters, Willie Dixon, tuvo que demandar a Led Zeppelin para que le acreditaran como es debido para el uso de sus blues", denuncia.

"Walk This Way" https://www.youtube.com/watch?v=n7mLHoeeKAc

El látigo invisible

El cabreo de Wallace por la falta de integridad dura un par de páginas. "En realidad, 'Walk This Way' es una reunión no deseada de la música callejera negra de los ochenta con una parte de su rica herencia, que a su vez ha sido explotada y contaminada por la industria del espectáculo. Si esto es desegregación, entonces los centros comerciales albergan tesoros", ironiza. Run DMC tenían razón en hacer caja, pero también Foster Wallace en recordarles la lamentable y extensa historia de expolio cultural blanco.

Por estas paradojas estamos ante un libro sustancial. Con su estilo punzante y minucioso, el escritor que decidió suicidarse en septiembre de 2008 consigue retratar las principales neurosis y conflictos alrededor de la cultura hip hop. La mejor frase de este ensayo valioso es una cáustica explicación de por qué los blancos aburridos e inofensivos nos hemos enganchado de manera casi enfermiza al género más macarra de la historia de la música popular. "A juzgar por las ventas de discos y entradas, los mejores discos de rap para la gente joven blanca son los de rap duro o violentamente político, que se parece mucho a que te azote un mimo con un látigo invisible, a un rapapolvo artístico lleno de desprecio y de parodia y de amenaza vaga, pero procedente del otro lado de un abismo que nos alegramos de que exista, por mucho que a los izquierdistas nos produzca culpa". Amén.

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