Foster Wallace condena a Nadal y santifica a Federer
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Crónica del partido del siglo

Foster Wallace condena a Nadal y santifica a Federer

Un libro de artículos inéditos del novelista estadounidense recrea la rivalidad en Wimbledon de dos tenistas de juegos y caracteres antagónicos

Foto: El tenista suizo antes de la final contra Nadal
El tenista suizo antes de la final contra Nadal

40-15. Rafael Nadal sirve para equilibrar su partido contra Roger Federer. Estamos en junio de 2006, en Wimbledon, donde los espectadores aguardan en silencio a que el tenista español golpee la pelota... Pero un momento: ¿Por qué el árbitro lleva vaqueros, camiseta y un pañuelo en la cabeza? ¿Qué está pasando? Que David Foster Wallace (DFW), mito de las letras estadounidenses, está en la casa. El novelista no arbitró el partido, claro, pero ejerció de tal en el reportaje incluido ahora en el ensayo En cuerpo y en lo otro, recopilación de artículos inéditos en español que publica Mondadori el próximo 5 de septiembre. Ese día saldrá a la venta también su biografía, Todas las historias de amor son historias de fantasmas, de D.T. Max. El interés por la obra de Foster Wallace (1962-2008)no deja de crecer. En unos días se cumplirán cinco años de su suicidio.

Sus seguidores sabrán que era muy aficionado al tenis y que compitió de pequeño sin acabar de hacerse un sitio entre la élite escolar de EEUU. El novelista ya había teorizado sobre este deporte en "Tenis, trigonometría y tornados", incluido en Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer (Mondadori, 2001), pero es en el artículo sobre el duelo en Wimbledon, publicado originalmente en el New York Times bajo el título "Federer como experiencia religiosa", donde lleva su obsesión al límite del arrebato místico. Échenle la culpa al juego flotante del helvético.

Porque, y esto quizás no guste a los fans de Nadal, DFW sólo tiene ojos para el tenista suizo, de cuyo juego está rendidamente enamorado. El escritor habla de "los Momentos Federer", o cuando el espectador se queda boquiabierto con uno de sus golpes: "Los Momentos resultan más intensos si has jugado lo bastante al tenis como para entender la imposibilidad de lo que acabas de verle hacer".

Foster Wallace arranca su reportaje con una minuciosa descripción de uno de esos intercambios de golpes que Federer solía zanjar de modo inesperado. Tan exhaustiva que parece una versión tenística de una de esas jugadas de gol de Oliver y Benji que duraban varios capítulos

Foster Wallace arranca su reportaje con una minuciosa descripción de uno de esos intercambios de golpes que Federer solía zanjar de modo inesperado. Tan exhaustiva que parece una versión tenística de una de esas jugadas de gol de Oliver y Benji que duraban varios capítulos. DFW detiene el tiempo para recrear una jugada que duró unos segundos en un duelo Federer/Agassi. Unas páginas más tarde hará lo propio para evocar un agónico intercambio entre Federer y Nadal. Atentos:

"Ahora el español hace un drive con efecto liftado característicamente fuerte y dirigido al fondo del lado del revés de Federer; Federer devuelve con un revés liftado todavía más fuerte a las profundidades del lado de revés de Nadal, un tiro casi de pista de tierra batida. Nadal no se lo espera y se ve obligado a retroceder un poco y responder con una pelota baja, corta y fuerte que aterriza justo detrás de la T de la línea de saque, a la derecha de Federer. Contra cualquier otro oponente, Federer se limitaría a terminar el punto en ese momento, pero una de las razones de que Nadal le cause problemas es que es más rápido que los demás y puede llegar a pelotas a las que los demás no llegan. De manera que Federer se limita a mandar un drive cruzado, plano y de potencia media, buscando no el punto sino una pelota baja y con poco ángulo que obligue a Nadal a alejarse hacia la banda de dobles, que es su revés. Nadal, mientras corre, le pega fuerte y sin cruzarla, hacia el lado del revés de Federer; Federer le pega con efecto cortado y nuevamente sin cruzarla, lenta y suspendida por el corte, obligando a Nadal a volver al mismo punto. Nadal devuelve la pelota cortada y recta -ya van tres tiros que siguen la misma línea- y Federer le vuelve a dar cortada al mismo sitio exactamente, esta vez todavía más lenta y suspendida, y Nadal se planta y da un raquetazo fuerte a dos manos por la misma línea. Ahora parece que Nadal haya acampado en su banda de dobles; ya ni siquiera se mueve hacia el centro de la línea de fondo entre tiros; Federer lanza un revés muy fuerte, muy fuerte y liftado, de esas pelotas que zumban, dirigido a un punto situado a la izquierda de Nadal, a la que Nadal llega y contesta con un drive cruzado...".

Y así va pasando la tarde mientras DFW se deleita hasta llegar a la traca final, al Momento Federer, cuando el suizo se saca un conejo de la chistera en un golpe imposible que no tiene nada de espontáneo: "Cuando lo ves en directo, te das cuenta de que es un punto que Federer ya empezó a preparar hace cuatro o incluso cinco tiros. Todo lo que ha venido después de la primera pelota cortada y sin cruzar estaba diseñado por el suizo para manipular a Nadal, adormecerlo y romperle el ritmo y el equilibrio y abrir ese último ángulo inimaginable:".

El novelista califica el juego "imposible" del suizo como algo salido "de Matrix". Imposible de apreciar en toda su magnitud en televisión porque "el tenis visto por la tele es al tenis en directo más o menos lo que los vídeos porno son a la realidad sensorial del amor humano". El autor habla de la "belleza cinética", "de la reconciliación de los seres humanos con el hecho de tener cuerpo" y de la "metafísica" del juego del suizo: "Roger Federer es uno de esos escasos atletas sobrenaturales que parecen estar exentos, al menos en parte, de ciertas leyes de la física", como Michael Jordan, Muhammad Ali y Maradona.

DFW se jacta de la heterodoxia estética con la que afronta el partido, de su antagonismo con la visión testosterónica imperante. "La belleza no es la meta de los deportes de competición, y sin embargo, los deportes de élite son un vehículo perfecto para la expresión de la belleza humana. (...) Por supuesto, en los deportes masculinos nadie habla nunca de belleza, ni de elegancia, ni del cuerpo. Los hombres pueden profesar su 'amor' al deporte, pero ese amor siempre se tiene que proyectar y representar con la simbología de la guerra: la oposición entre avanzar y ser eliminado, la jerarquía del rango y del estatus, las estadísticas obsesivas y el análisis técnico, el fervor tribal y/o nacionalista, los uniformes, el ruido de las masas, los estandartes, el entrechocar los pechos, el pintarse la cara, etcétera. Por razones que resultan difíciles de entender, a muchos de nosotros los códigos de la guerra nos resultan más seguros que los del amor", cuenta en el artículo.

Esta tensión bélica explicaría, según Foster Wallace, el fanatismo por el "mesofórmico y totalmente marcial Rafael Nadal", el "perfecto hombretón", "con sus bíceps desnudos y las exhortaciones Kabuki que se lanza a sí mismo".

Es ya un tópico decir que la lucha entre Federer y Nadal es la lucha entre el talento natural y el físico, sólo que DFW lleva la dicotomía un poco más lejos: "Nadal es la némesis de Federer", afirma. "Esta final de Wimbledon representa el argumento de la venganza, la dinámica de rey contra regicida, y los dramáticos contrastes de caracteres. Se enfrentan la virilidad apasionada del sur de Europa contra el arte intrincado y clínico del Norte. Dionisio y Apolo. Cuchillo de carnicero contra escalpelo". En otras palabras: que Foster Wallace quería que ganara Federer, aún reconociendo la superioridad mental del tenista español: "Nadal, el hombre que ha llevado a sus límites el estilo moderno de juego de fondo... contra un hombre que ha transfigurado ese estilo moderno, cuya precisión y variedad son igual de importantes que su ritmo y su velocidad de pies, pero que ha demostrado ser peculiarmente vulnerable a su contrincante, o bien capaz de verse superado psicológicamente por él".

Federer ganaría finalmente la final en cuatro sets. Al año siguiente haría lo propio en cinco contra el mismo rival.

Publicado ya en el mundo anglosajón, En cuerpo y en lo otro incluye también artículos sobre temas tan variopintos como la saga Terminator o la singularidad de Jorge Luis Borges, al que DFW ve como "el gran puente de la literatura mundial entre modernismo y posmodernismo", tradición sin la que DFW no sería nada.

Que Foster Wallace es uno de los novelistas y cuentistas estadounidenses más importantes de las últimas tres décadas gracias a libros como La broma infinita y Entrevistas breves con hombres repulsivos se ha dicho ya muchas veces. En lo que quizás no se haya insistido tanto es que hay pocos periodistas que hayan logrado profundizar tanto en un tema como él. Y aquí hay que explicar qué significa el término profundizar cuando uno lo único aplica a DFW: cavar tan hondo que el artículo puede empezar en España y acabar en Australia. O en cualquier otro lugar, dada la legendaria habilidad del escritor para irse por las ramas... hasta que la rama se convierte en el tronco en sí mismo.

En el cuerpo y en lo otro es un notable colofón a la trilogía periodística que arrancó con el magistral Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer y siguió con el brillante Hablemos de langostas (Mondadori, 2005), libros en los que DFW demostraba su tino para argumentar sobre cualquier tema de la cultura popular por disparatado que fuera.

No son pocos los que prefieren al DFW periodista que al novelista, quizás porque el asidero de la realidad suele centrar en parte su extraordinaria capacidad para disparar su imaginación en mil direcciones, al estilo de su gran maestro posmoderno, Thomas Pynchon, aunque todavía más consciente de su barroquismo, lo que convierte la lectura de sus ficciones en una tarea laboriosa y titánica. Algo así como batir a Federer en Wimbledon, lo que conseguiría finalmente Nadal en 2008 ante (es de suponer) el pasmo de David Foster Wallace.

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