UN FACTOR DETERMINANTE

La maldición del segundo hijo: por qué nacer después es peor

Los nacidos en segundo lugar, especialmente los hombres, tienen desde un 25% hasta un 40% más de posibilidades de meterse en problemas, en comparación con los primogénitos

Foto: Numerosas investigaciones han indagado en la influencia de ser o no el primogénito. (iStock)
Numerosas investigaciones han indagado en la influencia de ser o no el primogénito. (iStock)

Suspender asignaturas, cometer delitos, que te expulsen del colegio o acabar en prisión… Estas coyunturas se han vinculado tradicionalmente a las dificultades propias del entorno social o el nivel económico. Sin embargo, un extenso estudio dirigido por Joseph Doyle, economista del MIT, sugiere que más nos vale tener en cuenta el orden en el que nacemos, pues puede ser un factor determinante en nuestro futuro.

Todos lo hemos escuchado: los primogénitos son unos niños mimados, los del medio, ignorados y los más pequeños se comportan mal porque anhelan atención. No obstante, por muy estereotipadas que sean estas afirmaciones, una y otra vez distintos estudios han confirmado que el orden de nacimiento influye y que los patrones se repiten.

El primer hijo tiene los adultos como ejemplos a seguir. Al contrario, el segundo hijo tiene a un niño irracional de dos años, su hermano

Desde que el antropólogo Francis Galton, primo de Charles Darwin, recopilase información sobre varios científicos ingleses y descubriese -atónito- que la mayoría de ellos había nacido en primer lugar, numerosos investigadores han indagado en la influencia de ser o no el primogénito en nuestra inteligencia y expectativas de vida. Su tesis, aunque pueda parecer extravagante, ha sido confirmada por distintos estudios: de media, los hermanos mayores suelen tener mayor cociente intelectual (en concreto, 1,5 puntos) que los pequeños.

Las nuevas investigaciones al respecto tampoco traen buenas noticias para los nacidos en segundo lugar. Doyle y el resto de especialistas han analizado datos de decenas de miles de hermanos desde Florida, en Estados Unidos, hasta Dinamarca y han concluido que estos, especialmente los hombres, tienen desde un 25% hasta un 40% más de posibilidades de meterse en problemas, ya sea en el colegio o después, en comparación con el primer hijo de la misma familia. Dicha brecha entre hermanos es mucho menor en el caso de las niñas.

Los alborotadores de la casa

Este tipo de investigaciones tienen a ser muy polémicas, pues uno inmediatamente piensa en sus hermanos, sus hijos o en otros casos que conoce. Hay que tener en cuenta que las conclusiones no sostienen que el segundo hijo sea el alborotador de la casa 'per se', sino que el riesgo es mayor. No todas las familias se enfrentarán al mismo fenómeno.

Los nacidos en segundo lugar compiten en tiempo y recursos con sus hermanos. (iStock)
Los nacidos en segundo lugar compiten en tiempo y recursos con sus hermanos. (iStock)

Aunque las realidades sociales y familiares en Florida y Dinamarca sean muy diferentes, los investigadores encontraron evidencia consistente en lo que se refiere al crimen y la delincuencia. “Podemos descartar explicaciones usuales como la salud al nacer o en la niñez, la diferencia de la edad de entrada en el sistema educativo y la calidad de las escuelas e incluso el empleo materno (medido por el permiso de maternidad) en el primer año de vida”, argumenta el estudio.

La atención de los padres, clave

Entonces, ¿cómo se explica esto? Doyle sugiere que los padres están más implicados en el desarrollo del primer hijo cuando estos tienen entre dos y cuatro años. Además, la llegada del hermano pequeño tiene el potencial de aumentar ese periodo de infancia todavía más. Ellos reciben la atención única de sus padres, mientras que los niños nacidos con posterioridad a menudo compiten por su tiempo y recursos y, además, reciben otras influencias.

Los resultados sirven para investigar vías potencialmente fructíferas para el monitoreo y las intervenciones

“El primer hijo tiene ejemplos a seguir, que son los adultos. Al contrario, el segundo hijo tiene como ejemplo a un niño algo irracional de dos años, ya sabes, su hermano. La implicación de los padres y la influencia de los hermanos mayores es diferente y probablemente contribuye a las diferencias que vemos en el mercado laboral y lo que encontramos con la delincuencia. Es muy difícil separar esas cosas porque ocurren a la vez”, señala Doyle en una entrevista de 'NPR'.

No obstante, el estudio no se limita a abordar la cuestión desde el ámbito familiar (recomieda aumentar las bajas maternales y paternales), sino que llega a sugerir que las conclusiones "sirven para investigar vías potencialmente fructíferas para el monitoreo y las intervenciones". "Estos resultados tienen implicaciones importantes para la política social. El crimen, la delincuencia y el encarcelamiento tienen enormes costes sociales y se asocian a las grandes pérdidas de potencial humano", agrega.

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