¿ES SU CULPA O UNA LECCIÓN PARA LOS HOMBRES?

Pesimismo y subestimación: factores de la brecha salarial femenina

Un grupo de investigadores ingleses acaba de poner de manifiesto que las mujeres negocian de forma diferente su sueldo y dan menos importancia al estatus

Foto: ¿Quién tiene la culpa? (iStock)
¿Quién tiene la culpa? (iStock)

El pasado 8 de marzo, con motivo del Día de la Mujer Trabajadora se volvió a hablar de la diferencia entre salarios de hombres y mujeres. Una brecha que se amplía aún más con la edad. Como señalaba un estudio difundido por los Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha), a partir de los 56 años, esta distancia se dispara hasta los 7.100 euros, alrededor de 2.500 más que la media (que se encuentra en 4.636). No es mera casualidad.

Una investigación recién publicada en el 'Journal of Economic Behavior & Organization' apunta una razón por la que se puede producir este desfase, y quizá de entrada moleste a más de una persona: según los autores de la Universidad de Bath (Inglaterra), la clave se encuentra en parte en la manera de negociar de las mujeres: “La subestimación de las mujeres y la sobrestimación de los hombres explica una proporción significativa de la paradoja de la mujer trabajadora contenta”.

Las mujeres se comparan con otras mujeres y no con otros hombres compañeros

En otras palabras, la percepción que las mujeres tienen de sus propios méritos las condena a cobrar menos de lo que deberían. Por el contrario, los hombres se sienten merecedores de un sueldo muy alto. Es una diferencia sustantiva a la hora de negociar un aumento de salario o luchar por una promoción, ya que ellos suelen tirar por lo alto. Pero también explicaría, según los autores del estudio, por qué muchas mujeres se sienten contentas con su empleo a pesar de cobrar mucho menos que sus compañeros.

Es la conocida como “paradoja de la trabajadora contenta”, expuesta por primera vez en un 'paper' publicado en 1994 en 'Social Psychology Quarterly'. Según explicaba Jo Phelan de la Universidad de Columbia hay una serie de razones por las que ocurre esto: porque las mujeres se comparan con otras mujeres, y no con sus compañeros hombres; porque los varones le dan más importancia a la retribución y al poder; y, muy importante, porque las expectativas laborales de las mujeres suelen ser más bajas.

¿Qué debemos entender de esto?

A pesar de que la investigación ha sido calificada de “polémica”, el objetivo de los investigadores no es culpar a las mujeres sino ayudar a entender un poco mejor qué ocurre. Como declaraba el doctor Chris Dawson, “el mensaje que debemos extraer de este estudio no es el de depositar la responsabilidad en las mujeres, sino reconocer que sin medidas políticas para enfrentarse a ello, corremos el riesgo de no cerrar jamás la brecha salarial”.

El optimismo se relaciona de manera negativa con la satisfacción laboral a través de la decepción

Pero el estudio pone de manifiesto otra realidad mucho más arraigada y, por lo tanto, más difícil de combatir. No es que las mujeres decidan ser pesimistas voluntariamente, sino que la sociedad les ha enseñado a serlo. Como señalan las conclusiones del estudio, las mujeres tienen razón al pensar que se les va a pagar menos que a sus compañeros, ya que la realidad lo muestra: “Reflejan la diferencia que hay en sus perspectivas respecto al mercado laboral”.

Como recuerdan los autores, los distintos factores que explican esta situación incumben tanto al entorno laboral como al familiar o a la sociedad. “Si las bajas expectativas en términos de sueldo son impulsadas por una actitud pesimista, incluso si no existiese la discriminación y otros problemas ligados con su progresión, las mujeres seguirían subestimándose a sí mismas y seguirían aceptando sueldos desiguales”, asegura Dawson.

El problema de las expectativas

El estudio señala a una peculiar consecuencia de esta situación, a la que nos hemos referido como “paradoja de la trabajadora contenta”. Aunque en principio los hombres deberían estar más contentos con su sueldo y posición, ya que les resulta más fácil ascender y cobrar más que a sus compañeras, no es así. Más bien al contrario, son ellas las que en muchos casos muestran una mayor conformidad con sus condiciones laborales, aunque la situación haya evolucionado sensiblemente.

¿Están pensando lo mismo? (iStock)
¿Están pensando lo mismo? (iStock)

“El optimismo se relaciona de manera negativa con la satisfacción laboral a través de la decepción”, señala el estudio. En román paladino, si tus expectativas son altas y das una gran importancia al dinero y a ascender en la empresa, no conseguirlo conduce a la frustración. Lo cual añade otro peligro que ya anunciaron G.A. Akerloff y J.L. Yellen en 1990, en la conocida como “hipótesis del justo esfuerzo-sueldo”: debido a que los trabajadores con expectativas más bajas son más felices y producen más, las empresas tan solo tienen que rebajar la ambición de los empleados para conseguir mayores beneficios.

Hay, por lo tanto, una cierta ventaja en ser pesimista en el mercado laboral, recuerda la investigación. Este nos ayuda a no frustrarnos cuando nuestros (altos) objetivos son inalcanzables. Pero al mismo tiempo que nos beneficia psicológicamente, también nos perjudica materialmente… y eso repercute de manera positiva a las empresas. Especialmente, porque es inconsciente. Como explica Veronica Hope de la Escuela de Negocio de la Universidad de Bath, la presente investigación “demuestra el papel que juegan el pesimismo inconsciente y la pasividad de las mujeres”.

Alma, Corazón, Vida

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