Lord Puttnam: "Los niños ricos necesitan ayuda urgente, hay carencias"
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Lord Puttnam: "Los niños ricos necesitan ayuda urgente, hay carencias"

Las declaraciones de un dirigente del partido laborista inglés han vuelto a abrir el debate. ¿Ser joven, millonario y sin preocupaciones es hoy un problema para la sociedad?

Foto: Caprichos que se trasforman en trastornos psicológicos. (Instagram/@richkidsbritain)
Caprichos que se trasforman en trastornos psicológicos. (Instagram/@richkidsbritain)

Cuando uno posee mucho dinero parece que sus males dejaran de estar justificados. Se olvida, sin embargo, que una fortuna garantiza el bienestar económico, pero no el resto de dichas que convierten a una vida en auténticamente feliz.

Resulta difícil asumir esta premisa si uno se dirige a páginas de Instagram como Rich Kids of Britain o Rich Kids of London, fenómenos que cuenta con casi 400.000 seguidores y donde los jóvenes millonarios británicos hacen públicos todos sus excesos. La psicóloga Suniya S. Luthar señala, sin embargo, que los vástagos cuyos padres ganan más de 100.000 euros al año tienen el doble de posibilidades de desarrollar enfermedades mentales en comparación con los adolescentes de las clases más desfavorecidas. Muchos dirán que esto es un problema derivado de los caprichos de unos pocos privilegiados. Según algunos psicólogos, los ciudadanos de las clases medias y bajas no suelen mostrar compasión con estos temas. Se puede, en todo caso, negar el asunto, se puede tratar incluso con desprecio, pero lo cierto es que este es un problema que existe en nuestros días, y su relevancia para la sociedad no es para nada insignificante.

El tema ha vuelto a cobrar actualidad en el Reino Unido a raíz de las declaraciones al diario ‘The Times’ el pasado mes del productor de cine y político laborista Lord David Puttnam que avisa de que estos adolescentes acomodados necesitan ayuda urgente, ya que pueden encontrar, incluso, desventajas en sus vidas comparables a las de los más pobres: “Es un error pensar que las carencias existen solo entre los más desfavorecidos: hay otros tipos de vacíos que aparecen de forma directa en las clases más altas”.

Quizás no tengamos que ser compasivos con estos chicos, pero como no hagamos algo, sus problemas se van a convertir en los de todos

El político se anticipa incluso a las críticas que pueden despertar sus palabras: “mucha gente creerá que esto va contra lo obvio, pero les invito a que consulten a los directores de las escuelas y de las universidades más exclusivas. Escucharán siempre la misma historia: el bienestar emocional es un problema de gran relevancia en estos jóvenes, que cada vez se está viendo más debilitado”.

Caprichosos y con mucha pasta

Puttnam es también el presidente de la Cultural Learning Alliance, una organización formada por 10.000 sociedades y líderes de diversos ámbitos cuya intención es permitir el acceso a la cultura a niños desfavorecidos. El político, sin embargo, contó al diario británico cómo ciertas propuestas que eran válidas para mejorar la vida de estos adolescentes podrían ser perfectamente efectivas para ese 0,1% de la población formado por los jóvenes problemáticos de los estamentos privilegiados.

El comportamiento disfuncional al que hace referencia Puttnam recibe el nombre de afluenza, un neologismo formado por la unión de las palabras afluencia e influencia. El termino cobró relevancia en 2013 a raíz del juicio celebrado en los Estados Unidos contra Ethan Couch, un adolescente que con apenas 16 años atropelló a cuatro personas causando su muerte y dejando además a dos de los pasajeros que le acompañaban con graves secuelas (uno de ellos quedó tetrapléjico). Couch fue condenado a diez años de cárcel. Su equipo legal peleó, incluso, para que se le reconociera este problema como si se tratara de una enfermedad mental y su condena se desarrollara en un centro de rehabilitación, en vez de en una prisión. Se intentó presentar a Couch como una víctima de sus padres, quienes no le habrían ayudado a crear los cimientos necesarios para tomar conciencia de sus actos. La blanda condena final y el hecho de que Couch intentara escapar a México despertaron la ira de la opinión pública americana.

Consumo de alcohol, drogas, ansiedad, depresión, desórdenes alimenticios y delincuencia son realidades en el particular mundo de estos chicos

Según la 'CNN', varios psicólogos estadounidenses están señalando la seriedad del fenómeno: “Quizás no tengamos que sentir compasión por estos ‘pobres niños ricos’, pero como no hagamos algo, sus problemas se van a convertir en los problemas de todos”, apunta Luthar quien alerta además de que los jóvenes afectados por afluenza se están volviendo cada vez más problemáticos, más temerarios y más autodestructivos.

Luthar ha estudiado este particular segmento de la población joven durante más de 25 años. Sus investigaciones concluyen que el consumo de alcohol y drogas entre ellos es muy superior al de los adolescentes de otros estratos. El mismo fenómeno se verifica por lo que respecta a problemas mentales como la ansiedad, la depresión y desórdenes alimenticios. Los males no son pocos, Teny Baron, psicóloga clínica y profesora en la universidad de Edge Hill asegura que ”estos adolescentes recuerdan a los ejecutivos de cincuenta años afectados por el síndrome del ‘burnout”.

Estos chicos se ven protegidos por los mejores abogados y casi nunca reciben el castigo que merecen por sus conductas

Por lo que respecta a la delincuencia, término que suele ir asociado con la pobreza, esta aparece con unas tasas perfectamente comparables a las de los adolescentes cuyos padres tienen menos ingresos. Cambian, eso sí, las formas de los delitos: trampas para conseguir sus propósitos (como falsificar documentos legales) y robos reiterados a padres y amigos.

El hecho de que los padres tengan un alto poder adquisitivo complica aún más esta realidad, ya que los chicos se ven siempre protegidos por los mejores gabinetes de abogados y consiguen, en muchos casos, mantener un expediente delictivo impoluto sin recibir el castigo merecido por sus desproporcionadas conductas. Asevera Luthar que esto acaba creando una auténtica bola de nieve: “Estos jóvenes acaban asumiendo, de manera justificada, que no van a ser encarcelados hagan lo que hagan”.

Un problema social

Harris Stratyner, un psicólogo de Manhattan acostumbrado a tratar con familias de clase alta, avisa que lo único que se está enseñando a estos adolescentes es a ser unos auténticos narcisistas.

Strayter ofrece algunos consejos a los padres acomodados con hijos afectados de afluenza: “Si solo les das cosas, no estás inculcando en ellos la ética del trabajo. Los padres tienen que instilar responsabilidades. Viven en un núcleo familiar, y las responsabilidades existen. Hay tareas que hacer. Hay que sacar la basura. Hay que estar en casa a la hora de la cena”.

La escuela también aparece como un foco fundamental. Las actividades extraescolares, como los deportes de grupo, ayudan a construir una ética de la colaboración y del trabajo de la que carecen ciertos adolescentes.

Según este Strayter los niños necesitan que alguien les diga con asiduidad qué está bien y que está mal. Requieren en sus vidas de una figura que les ofrezca unas referencias sobre las posibles consecuencias de sus actos: “Necesitan que sus padres les digan: ‘Vale, aquí es donde te pongo el límite. Si lo cruzas, atente a las consecuencias”.

Si, con todo, aún seguimos pensando que este es un problema que atañe solo a una minoría de la población, que se trata de una cosa propia de “pobres niños ricos”, no está mal recordar lo que recuerda Luthar: “Muchos de estos jóvenes acabarán asumiendo puestos de mucho poder e influencia en el futuro”.

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