Mano dura

El plan islandés que acabó con los botellones. Y que ahora ha copiado Tarragona

'Youth in Iceland' es un programa que rebajó drásticamente los niveles de drogadicción y alcoholismo en el país nordico. Tarragona lo ha adoptado como experiencia piloto

Foto: ¿Las medidas de un país tan diferente funcionarán en el nuestro? (Foto: Enrique Villarino)
¿Las medidas de un país tan diferente funcionarán en el nuestro? (Foto: Enrique Villarino)

Hace un par de décadas, el abuso de alcohol y drogas entre adolescentes era un problema desasosegante para las instituciones islandesas. Hoy en día, el país nórdico se ha convertido en un ejemplo y su revolución acaba de llegar a España.

El trabajo en la isla fue duro; los resultados, contundentes: el porcentaje de adolescentes que abusa del alcohol ha descendido en Islandia del 48% al 5 %, el consumo de cannabis ha pasado del 17% al 7 %, y el tabaquismo ha caído del 23% al 3%. De tener la población joven con más riesgos de Europa, Islandia puede presumir ahora de los adolescentes más saludables.

Estos números tan significativos se han conseguido a través de intervenciones drásticas, directas y globales. El enfoque era en buena medida novedoso pues hasta entonces la lucha contra estas lacras se realizaba casi exclusivametne a través de la información y no de la acción directa.

Diferentes actores tuvieron que colaborar para poner freno a las dañinas prácticas de ocio de los jóvenes. Se estimuló, por ello, la cooperación entre institutos y padres, se promulgaron leyes con importantes prohibiciones, se instauraron toques de queda y se promovió una medida que en estos momentos es motivo de polémica: 'bombardear' a este segmento de la población con actividades extraescolares que llenaran su tiempo.

Se llegó a la conclusión de que los chicos que practicaban deportes y tenían buena relación con sus padres consumían menos drogas y alcohol

Coincide el fondo de estas decisiones con el endurecimiento de la legislación que propone la nueva Ministra de Sanidad Dolors Monserrat, cuando el mes pasado sugería la posibilidad de sancionar económicamente a los padres cuyos hijos hubieran sido amonestados por consumo de alcohol. Lo cierto es que hasta ahora en España, el asunto no se había abordado con contundencia. La ciudad de Tarragona aparece, sin embargo, como pionera en la adopción de un plan alternativo contra la drogadicción al haberse inscrito en el programa ‘Youth in Europe’, una experiencia piloto que copia el modelo islandés.

Youth in Iceland

Todo comenzó con una tesis escrita por el profesor americano de psicología Harvey Milkman, actualmente docente de la Universidad de Reyjavik. Milkman ponía en evidencia que el consumo de alcohol y estupefacientes estaba relacionado con la predisposición al estrés de algunas personas. La manera de luchar contra ese estrés condicionaba incluso las sustancias que se consumían: las anfetaminas eran la opción preferida entre quienes se enfrentaban abiertamente al problema, la heroína era la opción predilecta entre quienes preferían escapar. El gobierno islandés reclamó sus servicios y Milkman se puso a trabajar en primera persona con los chicos y chicas del país de edades comprendidas entre los quince y los dieciséis años.

Se redactó de este modo un formulario con preguntas tan simples y tan directas como: “¿Tomas bebidas alcohólicas?”, “¿te has emborrachado alguna vez”, “¿has probado el tabaco?”, “¿cuánto tiempo pasas con tus padres?”, “¿realizas alguna actividad?”.

Se establecieron toques de queda para los adolescentes antes de las 10 de la noche en invierno y de la medianoche en verano

El 25% de los adolescentes reconoció que fumaba todos los días mientras que el 45% afirmaba haberse emborrachado hace menos de un mes. La conclusión más evidente de este cuestionario era, sin embargo que los chicos y chicas que practicaban deportes, acudían a cursos y tenían una buena relación con sus padres eran menos propensos a consumir drogas y alcohol.

La primera medida del plan 'Youth in Iceland' fue establecer toques de queda para adolescentes de entre 13 y 16 años antes de las 10 de la noche en invierno y de la medianoche en verano. Se obligaba así a los chicos a pasar más tiempo en casa con sus familias, aunque prevaleciera, incluso, la cantidad de horas frente a la calidad de la convivencia. Esto se acompañó de la eliminación de publicidad de alcohol y cigarrillos en todas sus manifestaciones y de muy estrictas prohibiciones en la venta de tabaco y babidas alcohólicas incluso hasta los veinte años.

El segundo punto era la introducción de actividades extraescolares de manera masiva: desde las deportivas hasta las artísticas, con el fin de que estuvieran juntos y garantizarles un bienestar físico y psicológico. El objetivo de estas actividades era que cubrieran las mismas necesidades que los muchachos buscaban en sus reuniones alrededor de las drogas y el alcohol: “No le dijimos a los chicos: ‘Estáis haciendo una terapia’, les dijimos ‘Os enseñaremos lo que vosotros queréis”, explica Milkman. Las efectos de estas ocupaciones eran parecidos a los de las drogas, pero sin sus efectos negativos, reduciendo el estrés y la ansiedad. Declara Milkman: “La idea era que estas actividades provocaran una importante variedad de alteraciones en la química cerebral de los chicos, y les diera lo que necesitaban para enfrentarse mejor a la vida: algunos podrían preferir una experiencia que les ayudara a reducir la ansiedad, otros utilizarla como estímulo”.

Adolescentes de Tarragona

Ahora estas mismas experiencias comienzan a darse en la ciudad catalana: el mayor municipio incluido en ‘Youth in Europe’. Según informa Miguel Ayuso en el medio ‘RSS’, todos los jóvenes de entre 15 y 16 años de los 24 institutos de educación secundaria han rellenado la encuesta. Se trata de una muestra de 4.200 adolescentes que representa el 100% de este segmento poblacional. La gran ventaja de este método es que permite conocer con mucho detalle los posibles riesgos que suceden en cada barrio y en cada instituto.

En Tarragona no se contempla el toque de queda, pero el plan está permitiendo planificar proyectos para trabajar con las familias y los educadores

“Desde Islandia proponen un método de trabajo diferente del que se ha llevado hasta ahora, un trabajo de abajo-arriba, basado en la comunidad, en todos aquellos agentes clave que están para poder cambiar las condiciones de vida y mejorar el bienestar entre nuestros adolescentes”, apunta Patricia Ros, directora del Servicio de Prevención de las Adicciones del Ayuntamiento de Tarragona.

Ros no contempla en estos momentos el toque de queda, pero los resultados de los test están permitiendo al Ayuntamiento, que colabora con el departamento de Antropología de la Universidad Rovira i Virgili, planificar proyectos para empezar trabajar con los actores implicados: familias, profesores, técnicos, empresarios, etc.

España no es Islandia

No todos los puntos de vista sobre la aplicación de estas ideas son tan positivos. Ignacio Calderón, director general de la FAD, destaca que las costumbres en España son muy diferentes a las de los países nórdicos: “Esos países no tienen una fiesta en el pueblo todos los meses, en la que todo es a base de consumo de alcohol”.

(iStock)
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Destaca el director general de FAD, que España también ha intentado promover el deporte entre los jovenes como alternativa al ocio nocturno, pero el resultado ha sido un completo fracaso: “Yo les decía siempre ‘que no salen para jugar al baloncesto, que no salen para ir al cine a las 5 de la mañana, que el fenómeno de la socialización juvenil en esas salidas nocturnas pasa por el consumo’. Probamos todas esas fórmulas y lo que ocurrió es que no se usaban y tenías todas las canchas de baloncesto iluminadas”.

Con todo, Calderón reconoce que el trabajo comunitario del modelo islandés sí es novedoso y que habría que realizar algo parecido aquí, solo que con nuestras herramientas y nuestros conocimientos: “Se debería apoyar económicamente la formación de familias en los riesgos del consumo de alcohol y trabajar en el colegio con un millón de niños de 12 a 14 años, que es donde está el riesgo. Eso a lo mejor tiene su eficacia. En cuatro o cinco años has formado a casi todas las familias de tu país. Pero eso cuesta dinero”. En las palabras de Calderón se percibe una importante crítica: “Lo que pasa es que es más fácil dar el dinero a una organización de fuera, porque somos muy papanatas, y preferimos fijarnos en algo que funciona en Islandia”.

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