cáncer, osteoporosis, alergias...

Por qué todo el mundo debería desayunar té en lugar de café

El mercado del té ha aumentado en nuestro país, pero sigue siendo unas cuatro veces menor que el del café. Según los estudios, puede que nos estemos equivocando

Foto: No hay que esperar a las 'five o'clock. (iStock)
No hay que esperar a las 'five o'clock. (iStock)

En la cultura popular, España es tierra de cafés. El té lo identificamos con la flema inglesa, los ancianos y los hospitales, y últimamente también con los locales modernos que nos cobran un ojo de la cara por un poco de agua caliente con hierbas supuestamente milenarias.

Aquí nos gusta trasnochar, dormir poco, parar dos horas para comer y, cuando el cuerpo no aguanta más, meternos un buen chute de cafeína, a ser posible de pie en una barra y a toda prisa. La bebida en cuestión cuanto más negra y fuerte mejor, y muchas veces con media taza de leche entera, caliente hasta quemarnos la lengua para que flote la nata.

Los polifenoles, presentes sobre todo en el té verde, captan radicales libres y pueden proteger a las células de sufrir daños en el ADN

Las últimas informaciones sobre el café son más bien positivas y no se trata de dejarlo de un día para otro: es una fuente de antioxidantes, incluso descafeinado (científicos de la Universidad de Granada y de la Estación Experimental del Zaidín publicaron un estudio al respecto en 2015) y se ha asociado a una mayor longevidad, a la prevención de la diabetes, una mayor facilidad para quemar grasas y beneficios para la salud cardiovascular, incluido el de reducir el riesgo de infarto.

Sin embargo, no creemos que su protagonismo absoluto en las mañanas esté justificado. Ahí van unos cuantos argumentos en favor del té.

Té contra el cáncer

El Instituto Nacional del Cáncer (INC) tiene en su web un apartado sobre esta bebida con los datos conocidos hasta ahora: se piensa que los polifenoles, sustancias químicas de las plantas en las que se incluyen las catequinas, y que están más presentes en el té verde que en el negro (y parece que más en el preparado que en las bolsitas listas para beber), son antioxidantes. "Tienen una considerable actividad captadora de radicales libres y pueden proteger a las células de sufrir daños en el ADN causados por las especies reactivas al oxígeno. Se ha demostrado en estudios de laboratorio y con animales que también inhiben la proliferación celular en los tumores".

Entre otros beneficios, también dicen desde el INC que "inhiben el grado de invasión de las células del tumor". En otras palabras, pueden ralentizar y hacer menos agresiva la enfermedad. Añaden que para conseguir la mayor concentración de estas sustancias es mejor tomar el té caliente.

Los flavonoides, presentes en el té negro, verde, blanco y 'oolong', disminuyen el riesgo de sufrir enfermedades del corazón y mejoran el funcionamiento cardiovascular. El café molido es antioxidante, pero menos que el té. El verde, además, parece que contribuye a bajar la presión sanguínea, y si lo tomas con limón exprimido añades vitamina C, que ayuda a absorber mejor los antioxidantes.

Infusión de té verde. (iStock)
Infusión de té verde. (iStock)

Según un estudio del Columbia University's Medical Center reseñado por 'Prevention' las mujeres con cáncer de mama que eligen el té pueden mejorar su respuesta a la enfermedad. Aunque la muestra de la investigación era pequeña (40 mujeres), a los dos meses de tratamiento los análisis mostraron una diferencia significativa entre las que recibieron extracto de té diariamente y las que tomaron un placebo. El té pareció afectar a su nivel de crecimiento de hepatocitos, relacionados con la regulación del crecimiento de las células y por tanto con el cáncer.

Aunque hay datos contradictorios que aconsejan seguir estudiando cuáles son las mejores preparaciones y tipos de té, distintos estudios han demostrado cualidades de la infusión para prevenir los cánceres de colon, esófago, seno, ovario, próstata y pulmón.

Obesidad

Otro beneficio sugerido por la ciencia, concretamente para el té verde, tiene que ver con algo que solemos asociar al café: la energía. En un experimento con ratones, los que tomaron extracto de esta bebida aumentaron su resistencia física, mejoraron la oxidación de grasas y activaron su metabolismo.

En otra investigación de laboratorio se comprobó el buen efecto del té verde para combatir la obesidad provocada por las malas dietas y el síndrome metabólico (o de resistencia a la insulina) en ratones alimentados a base de grasa. En 16 semanas de tratamiento con extracto de la bebida se redujo su masa corporal, disminuyó su glucemia en ayunas y su nivel de insulina plasmática y bajó su resistencia a la insulina.

El café en gran cantidad es adictivo y puede provocar ansiedad. El té en cambio, a largo plazo, reduce la llamada hormona del estrés

La ciencia ha estudiado otro posible efecto del té: disminuir las alergias. Un equipo de investigadores japoneses encontró una relación entre la catequina EGCG, abundante en el té verde, y una mayor inmunidad contra alérgenos en el pelo de gatos y perros, polvo y polen.

El café en grandes cantidades es adictivo, por la cantidad de cafeína (más del doble que el té), y puede contribuir a la ansiedad. También puede provocar dolores de cabeza. El té en cambio, con varias tazas al día a largo plazo, reduce la producción de la llamada hormona del estrés. Otro potencial problema del café es que aumenta la presión sanguínea. Y sin filtrar (capuchino, 'espresso'...) puede subir el colesterol 'malo'.

Aunque no es tan peligroso como algunos creen, está demostrado que el café no es lo mejor para las embarazadas. En dosis superiores a 200 mg diarios puede llegar al feto y aumentar el riesgo de aborto, y en grandes cantidades (cuatro o cinco tazas cargadas cada jornada) incluso provocar problemas en su desarrollo. Si estás esperando un bebé, puedes tomar una cucharadita de instantáneo o una taza pequeña, pero probablemente sea mejor idea pasarse al té. Además el café causa acidez, uno de los problemas más habituales en las mujeres encintas.

Unas píldoras más de té

  • Un estudio canadiense (del University of Calgary's Hotchkiss Brain Institute, especializado en neurociencia) con caracoles mejoró la memoria en aquellos animales que habían sido sumergidos en agua con epicatequina, antioxidante que se encuentra en el té verde y el chocolate. Los autores creen que, por lejos que estemos evolutivamente de los caracoles, nuestras neuronas no funcionan de forma muy diferente a este respecto.
  • El té blanco reduce el riesgo de obesidad.
  • El té es alcalino, de nuevo especialmente el verde y, aún más, el de hierbas, así que está muy recomendado para los que desean seguir dietas de este tipo.
  • Está recomendado para prevenir la diabetes tipo 1.
  • Ayuda a prevenir la osteoporosis.
  • El té verde tiene L-teanina, un aminoácido que puede contribuir a contrarrestar algunos efectos negativos de la cafeína.
  • El té hecho con brotes y hojas jóvenes puede contener flúor en buenas dosis para la salud dental.
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