PREPÁRATE PARA EL INMISERICORDE FRÍO

Los 5 mejores consejos para prevenir y tratar correctamente la gripe y los resfriados

La principal vía de contagio es la oral y respiratoria, normalmente a través de microgotitas que diseminamos en la conversación, al toser, estornudar o cuando respiramos. ¿Cómo evitarlo?

Foto: Así sí: mejor los pañuelos de usar y tirar que los de tela. (iStock)
Así sí: mejor los pañuelos de usar y tirar que los de tela. (iStock)

Tanto los primeros resfriados como el virus de la gripe acentúan su presencia con la llegada del frío. Desde Doctoralia enseñan a distinguir ambas enfermedades y ofrecen recomendaciones para prevenir su contagio y recuperarse en caso de haberlas contraído. Tanto la gripe como el resfriado son causados por virus, no bacterias, por lo que los antibióticos no son la solución en estos casos.    

Vías de contagio

En ambos casos, tal como indica la doctora Rosana Mainar, especialista en atención primaria y portavoz de Doctoralia, “la principal vía de contagio es la oral y respiratoria, normalmente a través de microgotitas que diseminamos en la conversación, al toser, estornudar o cuando respiramos”. Además “las manos también son una importante fuente de infecciones, de ahí la importancia de lavarlas correctamente y con cierta frecuencia” apunta la Dra. Mainar.

¿Cuáles son los síntomas de cada uno?

El resfriado empieza provocando malestar general para dejar paso a los estornudos, el picor de garganta y los mocos y, a veces, fiebre (en algunos casos alta). La doctora Mainar afirma que “el malestar general, los estornudos, el taponamiento nasal y la tos son los protagonistas, acompañados en algunos casos de otros síntomas no respiratorios como la diarrea”. Cuando el virus está remitiendo, queda la tos residual que puede llegar a durar algunas semanas. La media de duración de un resfriado suele ser de 7 a 15 días.

Después del malestar general, el enrojecimiento de la cara y los mareos vienen las leves dificultades para respirar, goteo nasal, tos y dolores de garganta

En el caso de la gripe, ésta se manifiesta a los 2 ó 3 días de haber estado en contacto con el virus y los síntomas también siguen un patrón común, empezando por fiebre baja y malestar general, mareos, enrojecimiento de la cara y falta de energía. En los días siguientes se manifiestan leves dificultades para respirar, goteo nasal, tos seca, estornudo y, la mayoría de veces, también dolor de garganta. En este caso, a partir del quinto día, la mayoría de los síntomas desaparecen, excepto la tos, el agotamiento e incluso la fiebre, que pueden durar varios días más.

Tratamiento a seguir

Mainar indica que “al tratarse de enfermedades víricas, el tratamiento a seguir sigue siendo sintomático”, por lo que las principales recomendaciones para estas enfermedades son:

  • Beber mucho líquido para reemplazar los fluidos perdidos por el sudor y la fiebre.

  • Descansar bien e intentar guardar reposo, en la medida de lo posible.

  • Tomar antipiréticos o analgésicos para controlar el dolor y la fiebre, en caso de que sea alta.

5 consejos para evitar y prevenir gripes y resfriados

La doctora, además, nos ofrece cinco pautas a seguir para evitar, en la medida de lo posible, contraer cualquiera de estas dos enfermedades:

  1. Llevar una vida saludable para que nuestro sistema inmunitario pueda responder correctamente a las infecciones: una alimentación equilibrada, practicar ejercicio de forma regular, mantener un estado emocional óptimo, evitar malos hábitos, etc.

  2. Mantener una alimentación rica en frutas que contengan vitamina C (naranjas, kiwis, etc.)

  3. Lavarse las manos correctamente y de forma frecuente.

  4. Evitar, en la medida de lo posible, entornos donde sepamos que los virus están latentes.

  5. Usar pañuelos desechables de papel.

En el caso de la gripe, se recomienda la vacunación para prevenir el contagio del virus y reducir los síntomas en las personas que más lo necesitan, especialmente en los grupos de mayor riesgo: personas mayores de 65 años, trabajadores de centros sanitarios, mujeres embarazadas, personas con enfermedades crónicas cardiovasculares o pulmonares y colectivos laborales expuestos a mayor riesgo como, por ejemplo, el de los profesores.

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