10 INGENIOSOS CONSEJOS QUE QUIZÁ NO CONOCÍAS

La guía definitiva para evitar las típicas enfermedades este otoño

Más allá de lo lógico (taparse, comer y dormir bien, no hacer locuras), hay una serie de trucos que pueden ayudarnos a que este otoño, por fin, no cojamos un catarro de padre y muy señor mío

Foto: 'Winter is coming', y los trancazos también. (iStock)
'Winter is coming', y los trancazos también. (iStock)

Mire por la ventana o, en su defecto, encienda su teléfono móvil para observar la animación que muestra el tiempo que hace en su ciudad y seguramente vea unas nubes o un cielo encapotado. Probablemente no lo necesitaba, pero nunca está de más recordar que el otoño ya está aquí y con él, el frío, la lluvia, la humedad, los cambios de temperatura radicales y toda esta larga lista de hándicaps que nos empujan a coger más pronto que tarde un resfriado. De acuerdo que para muchos el verano es aún peor por el calor constante, pero las bajas temperaturas son si cabe más peligrosas.

Por eso conviene acordarse de unos cuantos trucos para protegernos del frío, tanto en casa como en el trabajo o por la calle. Dormir bien, beber bastante y comer adecuadamente son, obviamente, los mejores consejos, pero hay otros tantos que desconocemos y que pueden marcar la diferencia entre un leve resfriado o sufrir un trancazo que nos deje groguis durante semanas. Aquí recogemos una decena de ellos.

La teoría de las tres capas

En muchas ocasiones tendemos a comprarnos un gran abrigo de plumas para protegernos del calor, pensando que es la mejor manera de aislarnos del frío. Sin embargo, resulta más útil (y cómodo) imitar a una cebolla, es decir, vestirnos con distintas capas que además nos permitirán un mayor número de posibilidades térmicas cuando entremos a una estancia. Es lo que en montañismo se conoce como la teoría de las tres capas, que indica que se deben combinar tres niveles de protección, con el objetivo de evitar sufrir un calor excesivo y cargar con una prenda pesada. Cada capa tiene diferentes funciones (secar nuestro sudor, aislarnos térmicamente, protegernos de la lluvia), un principio que podemos aplicar a nuestro día a día.

Utilizamos la mano derecha para agarrarnos a la barra del autobús, coger el teléfono móvil o manejar el dinero con el que vamos a pagar: está sucia

Come con la mano izquierda

Parece una excentricidad, pero es un consejo aportado por la doctora Lisa Ackerly de la Real Sociedad de Salud Pública inglesa en un artículo de 'The Daily Mail'. Su lógica es aplastante: puesto que a lo largo del día estrechamos un gran número de manos (derechas), estamos expuestos a que nos peguen bacterias y otros agentes de enfermedades. Además, utilizamos dicha extremidad para agarrarnos a la barra del autobús, coger el teléfono móvil o manejar el dinero con el que vamos a pagar. Una buena razón por la que deberíamos decantarnos por la mano izquierda para llevarnos el alimento a la boca.

Aprende a taparte correctamente

Tan fácil como llegar a un lado de la cama, retirar las sábanas, meterse dentro de ella y cubrirse, ¿verdad? Nada de eso. Si de verdad queremos que la ropa de cama nos proteja, debemos recordar los siguientes consejos: utiliza diversas sábanas para poder graduar el calor que sientes, de igual manera que hemos hecho con la ropa; protege tus pies, que son la parte más vulnerable al frío, antes de meternos en la cama con una mantita y una vez dentro con calcetines; y recuerda siempre que las sábanas más delgadas deben estar más cerca de tu cuerpo y las más gordas, en las capas superiores. Eso sí, no te pases, porque si hace demasiado calor no podrás dormir.

Recarga tu vitamina D

Nuestro cuerpo produce vitamina D cuando nos encontramos expuestos al sol, necesaria para absorber el calcio y el fósforo. El problema es que en otoño no sólo el cielo está más encapotado, sino que hay menos horas de luz. ¿Qué podemos hacer al respecto? Buscar nuestra vitamina D en alimentos como los pescados grasos (atún o salmón), los champiñones, el queso o el hígado de res, por ejemplo. Un exceso de vitamina D es peligroso, pero raramente nos ocurrirá si nos alimentamos con cabeza.

Los cambios repentinos de temperatura no son nada buenos. (iStock)
Los cambios repentinos de temperatura no son nada buenos. (iStock)

Cuidado con el alcohol

Es tentador refugiarnos del frío en el alcohol, puesto que uno de sus primeros efectos es darnos calor, especialmente en nuestra piel. Sin embargo, debemos recordar que es un compuesto vasodilatador, lo cual quiere decir que al ensanchar nuestra venas y vaciar de sangre nuestros órganos internos a la larga terminará dándonos más frío del que ya teníamos. Ello por no mencionar que las bebidas alcohólicas son deshidratadoras, es decir, que pueden debilitar nuestro sistema inmunitario.

Cierra las puertas, baja las persianas

Nuestro enemigo está en casa, especialmente si hemos pasado toda la jornada laboral lejos de nuestro hogar y al volver nos encontramos con las estancias congeladas y el sol oculto. Para evitar que ello ocurra un buen truco es dejar abiertas las persianas y las cortinas durante las horas de luz, pero bajarlas y cerrarlas cuando llega la noche, para evitar que el calor se fugue. Si tienes ventiladores, recurre al modo invernal del que probablemente disponen y que evitará que el aire caliente se estanque en el techo.

Pestañea más

Probablemente nos sentiremos un tanto estúpidos si, en mitad de nuestra jornada laboral, miramos a un punto fijo y nos ponemos a pestañear como si el mundo se fuese a acabar. Cuando el frío se hace inaguantable, la humedad disminuye, lo que provoca que nuestros ojos se sequen y por extensión se irriten, algo a lo que tampoco ayuda trabajar todo el día con ordenadores. Al pestañear, conseguimos que nuestros ojos se hidraten, activando la producción del lagrimal. Por lo general no necesitamos pensar en ello para hacerlo, pero conviene recordarlo cuando nos quedamos con la mirada fija en la pantalla de nuestro dispositivo.

El sexo puede venirnos bien, pero siempre y cuando lo hagamos menos de tres veces por semana

Come chocolate

Aparte de estar buenísimo, es un alimento que nos ayuda a sentirnos mejor si nos hemos constipado. Según una investigación realizada por médicos del Servicio de Salud Británico, el chocolate nos ayuda a curar la tos gracias a un componente químico conocido como teobromina. ¿La dosis ideal? Dos veces al día durante 14 días. Y si no funciona, no pasa nada: quizá cojamos un poco de peso pero que nos quiten lo bailao.

Haz el amor

Esta nos gusta, ¿verdad? Según una investigación realizada por psicólogos de la Universidad de Pensilvania a finales de los años 90, las personas que hacen el amor una o dos veces por semana tienen un sistema inmunitario más fuerte. Nada de irse a los tres polvos semanales, puesto que puede perjudicarnos. La razón que sugirieron los investigadores es que mientras el sexo regular es relajante, el casual o esporádico puede provocar mayores niveles de ansiedad.

Vigila tu calzado

Los pies, como hemos dicho, son un punto sensible para coger un resfriado. Por eso conviene pensar bien qué nos ponemos antes de salir de casa, especialmente si va a llover y de repente nos apetece utilizar zapatillas de lona. Esta recomendación es extensiva a los calcetines, tanto en longitud (los tobilleros no pegan con los diluvios) y grosor.

Alma, Corazón, Vida

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