¿LAS PRÓXIMAS ZONAS A 'GENTRIFICAR'?

Los jóvenes madrileños se mudan a Embajadores y Casco Histórico de Vallecas

Mientras uno amenaza con gentrificarse, el otro tiene su parte más nueva aún a medio construir, pero ambos tienen en común ser los preferidos de los jóvenes madrileños

Embajadores y Casco Histórico de Villa de Vallecas son los dos barrios preferidos por los jóvenes madrileños que deciden mudarse. El segundo, al sudeste de la capital, recibió el año pasado a 2.443 nuevos vecinos de entre 20 y 34 años, mientras que Embajadores, en el centro, registró 2.019 altas. Su popularidad es lo único que tienen en común, porque mientras uno amenaza con una gentrificación inminente, el otro tiene su parte más joven aún a medio construir: el Ensanche de Vallecas.

El Ensanche: buena comunicación y precios

Esta zona perteneciente al barrio de Casco Histórico de Villa de Vallecas es realmente la que eleva los datos de mudanzas del padrón municipal ya que desde hace diez años, cuando se dieron las primeras viviendas, no deja de recibir a nuevos vecinos de la capital. Además, es el área con natalidad más alta en términos absolutos, lo que hace fácil encontrarse con padres y madres con carritos o niños jugando por sus calles. Sólo en 2015 nacieron aquí 1.404 bebés.

Adrián no es padre pero lo será dentro de poco. Tiene 29 años y es encargado de un restaurante. “Me gusta este barrio porque es tranquilo y tiene mucho campo donde puedo sacar a los perros, además hay gente joven y parejas de nuestra edad”, explica. Los principales atractivos de la zona para personas como él son el precio de los pisos -tanto en alquiler como en venta de vivienda usada-, y la modernidad de sus estructuras, además de la buena comunicación en transporte y coche.

Sin embargo, a pesar de la gran afluencia, es un barrio “inacabado”, como lo califica Francisco Pérez, concejal presidente de los distritos de Puente y Villa de Vallecas. “Cuando se tuvieron que hacer los equipamientos vino la crisis. Los jóvenes de aquí reclaman más guarderías, un centro cultural, de servicios sociales, de mayores… También falta la red de riego, ajardinamientos y acabar el parque del centro comercial La Gavia, pero ya estamos en ello”, reconoce. “Si ahora es atractivo por los datos, en un futuro lo será mucho más”, añade.

A pesar de ser tan diferentes aún estado uno al lado del otro, el Casco Histórico goza de éxito propio entre los jóvenes, que acuden a esta zona en busca de ocio. Además, Villa de Vallecas, el distrito al que pertenece es el primero en “alquiler inmediato”: es decir que el 23,2% de los pisos se alquilaron en menos de 48 horas, según datos de Idealista: “Podría ser el próximo barrio a gentrificar. Le vemos cierta similitud al Hype de Nueva York porque en realidad está lejos, pero muy bien comunicado, y la zona del Caso Histórico es ahora mismo muy barata, tiene locales asequibles, comunicaciones muy buenas... Además tiene ese 'rollo' de que aunque esté alejado del centro, no dejas de vivir en un barrio de toda la vida, algo que a la gente de ciudad le gusta”, explican fuentes de Idealista.

“Son jóvenes trabajadores, en muchos casos precarios, como les sucede al general de la juventud. También gente en el paro, profesionales y autónomos”

A Marta, dinamizadora social del centro cultural del Ensanche pero que vive en el Casco Histórico, es precisamente lo que más le gusta de residir allí. “Es como un pueblo y además tienes el Ensanche al lado, que cada vez tiene más ambiente, se nota que se va asentando”. Se mudó con su pareja hace dos años y no descartan “cruzar” la línea y trasladarse a la parte nueva, aunque los precios, reconoce, son más elevados. “Me he enganchado a Vallecas”, explica.

Marta, vecina de Casco Histórico de Villa de Vallecas. (M. Z.)
Marta, vecina de Casco Histórico de Villa de Vallecas. (M. Z.)

Debido a las grandes diferencias entre el Casco Histórico y el Ensanche, tanto en su estructura como en su demografía, el objetivo es separarlos administrativamente: “La intención es hacer mejores radiografiás de cada barrio y adecuar las medidas a las distintas necesidades de cada población”, explica el concejal Francisco Pérez. Pero lo cierto es que entre ambas zonas hay mucha migración interna, y la población del Ensanche ha rejuvenecido a la del Casco Histórico, que era tradicionalmente un área envejecida. “Son jóvenes trabajadores, en muchos casos precarios, como les sucede al general de la juventud. También gente en el paro y muchos profesionales y autónomos”, explica Pérez.

Jóvenes como Iván y Alí, dos amigos de 21 y 32 años que comparten piso. Alí, montador de pladur, aprovecha que su compañero trabaja en el bar de al lado para bajar a tomar café; el día anterior terminó una obra y tiene el día libre: “Me gusta este barrio porque es muy tranquilo, no hay malos rollos, aunque faltan muchas cosas, como una peluquería”. Cuando salen por la zona van a algún parque o a tomar algo a la terraza de un bar, que de éstos nunca faltan por muy a medio construir que estén los alrededores.

Iván y Alí, amigos y residentes en Ensanche de Vallecas (M. Z.)
Iván y Alí, amigos y residentes en Ensanche de Vallecas (M. Z.)

Lavapiés, el corazón de Embajadores

De la plaza Jacinto Benavente a Embajadores y de Puerta de Toledo a Atocha se dibuja un triángulo que tiene enamorados a los jóvenes madrileños que se niegan a abandonar el centro, pero que huyen de los elevados precios y la exagerada gentrificación de Malasaña y Chueca.

Las tiendas de pakistanís y los restaurantes hindús aún se mantienen mientras que las primeras cafeterías de cup cakes empiezan a asomar tímidamente. Embajadores es desde 2004 uno de los barrios más populares entre los madrileños de entre 20 y 34 años y se mantiene en la resistencia que caracteriza a esta zona castiza con un punto rebelde que atrae a artistas e intelectuales. Sin embargo, popularmente al barrio se le conoce más por la plaza que late en el centro de su mapa: Lavapiés.

“Me encanta la cantidad de gente diferente y de muchos países que hay, a veces me siento en el balcón y en 15 minutos escucho cinco idiomas diferentes, y lo mejor es que nadie se fija en lo que haces, cómo vas o de dónde vienes”, cuenta Daniel, un periodista de 28 años que vive junto a su novia, Marta, también periodista, al lado de la plaza Lavapiés. “A mí lo que más me gusta es la vida de barrio, poder comprar en la carnicería de toda la vida, espero que eso no se pierda”. Hasta hace dos años vivían en Carabanchel, aunque siempre habían querido trasladarse a esta zona, pero no se lo podían permitir. Sin embargo, la suerte les escuchó y les “tocó” un piso de protección oficial en el centro. Ahora no tienen que coger el metro para ir los domingos al rastro, una de sus actividades favoritas.

Daniel y Marta son pareja y viven en Lavapiés. (M. Z.)
Daniel y Marta son pareja y viven en Lavapiés. (M. Z.)

Paseando por sus calles no es fácil encontrar jóvenes que sean vecinos de la zona: muchos vienen de otros barrios a tomar algo en sus abarrotadas terrazas. Entre los que sí lo hacen, “diversidad” es la palabra que más se repite para describir el ambiente que les acoge, y todos están de acuerdo en que “tener todo cerca” es lo que más le gusta, y la basura, lo que menos.

“Está todo muy sucio, pero en general todo el centro. No vale con poner carteles para que esté limpio”, explica Félix un ingeniero industrial de 25 años que lleva dos años viviendo en Lavapiés. En ese tiempo ya ha experimentado además otro de los problemas que caracterizan a este área: la gentrificación. “Me mudé hace dos años aquí y al año me cambié a otro piso cerca, y los alquileres ya habían subido una media de 100 euros. Va a acabar como Malasaña o Chueca porque están remodelando todos los edificios”, explica mientras espera en la boca de metro a un amigo para ir a tomar algo, porque por suerte, los precios de los bares aún no han subido, según explica. 

Adrián vive desde hace dos años en el barrio de Lavapiés. (M. Z.)
Adrián vive desde hace dos años en el barrio de Lavapiés. (M. Z.)

Combatir este fenómeno que pone “de moda” ciertos barrios y eleva el precio de la zona, obligando a los vecinos de toda la vida a mudarse, es precisamente una de las luchas del Lavapiés, con gran movimiento asociativo en diversas plataformas. El año pasado una de las propuestas de Decide Madrid, la plataforma de participación ciudadana municipal, hacía especial hincapié en este fenómeno. También desde Asamblea Lavapiés apuntan directamente al concejal del distrito Centro, Jorge García Castaño por “convertir Lavapiés en un gran parque temático”, descontentos por, según explican en su web, llenarlo de “hoteles, terrazas, turistas, festivales y conciertos”, entre otras actividades.

Daniel, el periodista, confía en que Lavapiés este proceso urbanístico no cambie su esencia: “Creo que este barrio tiene más resistencia en ese sentido que otros a los que sí les ha pasado. Es muy auténtico y no creo que puedan cambiar eso”.

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