LA VUELTA DEL LADRILLO

Queda inaugurada esta 'ciudad': la primera vecina del Cañaveral vive sola entre obras

Dio la entrada para su ático en 1999 y una burbuja inmobiliaria después Virginia entra a vivir en un nuevo barrio de Madrid. Es el primer gran desarrollo tras la crisis

Foto: El sector de El Cañaveral, diseñado en los años del boom para 14.000 viviendas, comenzó el viernes a recibir sus primeros vecinos. (Pablo López Learte)
El sector de El Cañaveral, diseñado en los años del boom para 14.000 viviendas, comenzó el viernes a recibir sus primeros vecinos. (Pablo López Learte)

Virginia Cantero salta literalmente de alegría en su ático. No es muy grande, 60 metros cuadrados más la terraza, ni de momento tiene muy buenas vistas, obras a un lado y solares a otro, pero es suyo. Y después de 17 años de pelea desde que dio la entrada, la felicidad por estrenarlo no se la quita nadie. Virginia, comercial de 42 años, casi no recuerda cómo llegó a dar en El Cañaveral, al sureste de Madrid. Pero ahora está aquí. Es viernes y ha comenzado a amueblar la casa. Su casa. Es la primera vecina de este nuevo desarrollo de Madrid, el primer gran plan inmobiliario tras la crisis, previsto para 45.000 personas. Toda una ciudad nueva. Los transportistas sudan por la escalera con los electrodomésticos y la cocina. Al subir esos siete pisos, dejan atrás los años del 'boom' y el estallido de la burbuja inmobiliaria que paralizó todo. El corazón del ladrillo late aquí de nuevo.

Conducir por El Cañaveral es como hacerlo por un pueblo sin código de circulación en vigor. No importa si uno toma una dirección prohibida o si aparca en mitad de la carretera. No hay nadie y a nadie le importa. A vista de google es solo un páramo recorrido por calles, uno de tantos polígonos olvidados. Pero a ras de suelo se ve que no es exactamente así. Entre las avenidas de cuatro carriles está todo cuidado. Los bancos de madera están recién barnizados y los árboles se mantienen abrazados a postes naranjas pintados no hace mucho. El sistema de riego por goteo conserva el color original, curiosamente morado. A un lado hay un solar y al otro, un edificio al que dan los últimos retoques. El Cañaveral es hijo de esa época en la que los barrios se proyectaban por decenas de miles de viviendas. Aquí, en Madrid pero muy cerca de Coslada, alguien pintó 14.000 viviendas sobre un plano. Un pueblo entero. Luego llegó el bajón y todo pareció irse al garete.

"Había que estar aquí durante muchos años y decirle a los cooperativistas que la gestora había caído y que no había ni un ladrillo puesto", recuerda Guadalupe Muñoz, de la directiva de la cooperativa encargada de levantar las primeras 316 viviendas de la promoción Puente de San Fernando. Ella fue también de las primeras en poner dinero, en 1998. Después de muchos años de reveses, de no esperar nada, de no avanzar, el viernes comenzaron a entregar las llaves a los primeros ocho vecinos. Virginia, la primera de los primeros, se ha venido con sus dos perros, los mastines Goofy y Pluto, porque sabe que tardará en tener compañía. "A ver si os venís pronto", apremia Guadalupe. "Ya ni recuerdo por qué elegimos el piso. Quizá mi madre se acuerde. Yo era joven entonces", se ríe Virginia. 

Ella es la primera de otros que vendrán. Carmen y su marido, Nistal, pasean junto a la piscina de la urbanización. Han venido a visitar su piso para prepararlo y mudarse cuanto antes. Pero Carmen no parece satisfecha del todo. "La casa está muy bien, puede ponerlo, la pena es que nos hemos hecho viejos esperando", afirma. Los pocos vecinos que asoman muestran los problemas típicos: falta un papel para dar de alta el teléfono, el ascensor aún no funciona y la piscina de momento tiene dentro algunos palés de obra. Pero ya hay vigilancia y a la pista de pádel solo le falta subir la red un poco.

Nistal y Carmen: 'Nos hemos hecho viejos esperando el piso'. (Pablo López Learte)
Nistal y Carmen: 'Nos hemos hecho viejos esperando el piso'. (Pablo López Learte)

El camino del Cañaveral ha sido duro. José Antonio de la Rosa, director de la Junta de Compensación, recuerda que durante tres años estuvo todo paralizado. Los únicos trabajos eran de vigilancia y mantenimiento. "Pero nunca lo abandonamos", cuenta. Gracias a eso, ahora, cuando hay quien se anima a comprar casas y a construrlas, El Cañaveral está listo. El martes firman la construcción de tres nuevas promociones. De las 14.000 viviendas previstas la mitad son protegidas y la mitad de precio libre. 

Sober el terreno cuesta imaginar lo que será aquello. "Ahora mismo solo está abierto el 8% del sector, porque es enorme. Son cerca de 600 hectáreas para unas 14.000 viviendas. Las primeras mil viviendas estarán terminadas en los próximos tres meses. Además, hay otras 400 en construcción y de aquí a final de año esperamos que empiecen otras mil". 

"La casa está muy bien. La pena es que nos hemos hecho viejos esperando", explica una vecina

El ambiente de movimiento se ve junto a la casa de Virginia. Unos obreros rumanos rematan la semana con una barbacoa. Toman mici, un rollito de carne típica de Rumanía a la que aconsejan añadirle mostaza. Beben en vasos de plástico e invitan amablemente al que se acerca. Queda mucho trabajo en el Cañaveral y eso genera buen ambiente.

José Luis Ruiz Bartolomé, consultor en el sector inmobiliario, explica la expectación alrededor de este nuevo barrio: "Es el gran sector de las clases medias. Es la gran bolsa de suelo en este momento y donde los precios están contenidos. Es para clase media, gente con menos poder adquisitivo que en Valdebebas, por ejemplo". Ruiz Bartolomé detalla que en pocas zonas uno puede encontrar un piso de calidad por debajo de los 200.000 euros. Virginia ha pagado por su ático 154.000 euros, aunque hace casi 20 años le dijeron que saldría por la mitad.

Vista de una de las obras en 'la ciudad'. (Pablo López Learte)
Vista de una de las obras en 'la ciudad'. (Pablo López Learte)

Ruiz Bartolomé afirma que los pioneros, a cambio de comprar sus pisos más baratos, tendrán que convivir un tiempo con los problemas de la falta de servicios, pero que enseguida llegarán las tiendas. Virginia ha tenido suerte porque en todos los años que ha estado esperando nunca se metió a comprar otro piso. "No es que fuese más lista, es que no podía", admite. Otros lo hicieron y ahora tienen dos hipotecas que afrontar. Virginia sabe que vivirá un tiempo con esa excitación. "No pienso limpiar las ventanas en unos años", dice señalando la obra que se ve desde su ático. El día que le entregaron las llaves le devolvieron las mil pesetas que dio para entrar en la cooperativa. En el tiempo que ha tardado El Cañaveral en despertar España ha cambiado hasta de moneda. 

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