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Viajar (sola) para curar las heridas: "No disfrutamos las experiencias, sino su imagen"
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entrevista a Helena Palau

Viajar (sola) para curar las heridas: "No disfrutamos las experiencias, sino su imagen"

Helena Palau es joven y todavía le queda mucho por aprender, pero después de un problema personal dio el primer paso para curarse: decidió viajar sola. Y esto le ha ayudado a encontrar su trabajo ideal

Foto: 'Supongamos que viajo sola', de Helena Palau
'Supongamos que viajo sola', de Helena Palau

Sabe que le queda mucho por aprender, pero Helena hizo de un ideal la manera de curarse las heridas. Helena Palau es muy joven, tiene solo 25 años, y se lanzó al vacío de viajar sola por el mundo poco antes de que la pandemia del coronavirus llegara a nuestras vidas. Ahora, después de sus primeras experiencias y con la intención de seguir haciéndolo, esta fotógrafa cuenta al resto del mundo su experiencia, con el objetivo de empujar a todo el que esté planteándose esa posibilidad, en forma de libro: "Yo creo que puede ser una gota en los vasos de toda esa gente que tiene ganas de viajar de manera solitaria, de atreverse a descubrir el mundo, a pensar que no van a dejar de tener miedo pero que ese miedo les puede motivar", explica en entrevista con ACyV la autora de 'Supongamos que viajo sola' (Arpa Editores).

"Siendo mujer y joven, lo que intento es transmitir que no tenemos que perder la oportunidad de disfrutar de la juventud, esos años en los que podemos disfrutar de la tranquilidad... esos años tan bonitos", explica, señalando que es precisamente ese momento, en el que uno empieza a construirse —"aunque nunca dejamos de construirnos"—, son "muy enriquecedores": "Determinan mucho qué tipo de persona puedes llegar a ser". La historia de 'Supongamos que viajo sola', que no la de la propia Helena, comienza con un momento traumático de su vida. "Partiendo de un momento malo, y en ese paso de chica joven a mujer adulta, aúno [en el libro] los dos elementos que me van a curar: la fotografía y el viaje", explica. Ahora ambos son su medio de vida, su profesión.

Helena estaba "perdida en un pozo absoluto" y fue en ese momento cuando empezó a pensar qué podría pasar si se animara a viajar sola. Y esta es la razón de que su libro sea tan personal: es una especie de diario que puede servir para quienes, con su edad, se plantean lo mismo. "Es forzado que sea tan personal el libro: cuando yo estaba mal escribía en redes sociales con un tono cercano, un poco 'trash', y después supe encontrar la manera de curarme y decidí convertir todo lo que había hecho en este libro", explica.

"La presión de las redes sociales es una condena. Lo mío es una relación de amor-odio"

Hay una frase en 'Supongamos que viajo sola' que resume un poco la situación actual: "No disfrutamos por la experiencia, sino por la imagen de la experiencia". Helena lo sabe, teniendo en cuenta que su historia empezó a crecer gracias a las redes sociales. "Y yo aún tengo muchos problemas con esto. A veces tengo que tomar la decisión de no llevar la cámara o el móvil, porque aún tengo tendencia a no mantener una relación sana con el viaje, a perder tiempo y nervios para tener la foto perfecta", admite la joven, que es sabedora de que todavía comete el error de "perder esfuerzos y energías" en esa imagen. "Esto yo lo compro si es un trabajo, pero entonces el viaje deja de ser viaje y pasa a ser trabajo. Y eso tengo que separarlo". No hay que olvidar que parte de los viajes de Helena son por trabajo, y no siempre por placer.

Y aun así reconoce que los viajes en los que más ha viajado, tanto la experiencia como la fotografía, son aquellos en los que ha ido sola. "Esa presión de estar tranquila, de que no estás abusando de tus compañeros [que te tienen que esperar hasta que encuentras la foto perfecta]. Cuando estoy sola conecto mucho más sinceramente con la gente local y esto me permite aprovechar más la experiencia y, a la vez la fotografía", cuenta. En estas circunstancias, si nadie que la acompañe, es cuando Helena es consciente de que es capaz de seguir la máxima 'fake it till you make it' ('fíngelo hasta que lo consigas'): "Finjo que estoy genial, hasta que lo estoy. Y esto da mucha libertad paseando por cualquier parte del mundo. Te hace entrar en un estado de apreciación y sensibilidad", relata. Aunque reconoce que para poder hacer fotos, estar con gente "a veces te sirve de escudo", porque "no solo te miran a ti" cuando apuntas con la cámara.

"Hay que normalizar saber muy poco de algo"

En su libro, Helena muestra todo su proceso de transformación de la mano de sus viajes y, siempre, de su cámara de fotos, y fue durante su experiencia cuando se dio cuenta de que "la ética es un proceso que vas descubriendo con la experiencia". "A veces no te das cuenta de lo que haces", pero con el tiempo, añade, cambia todo. "Por ejemplo, con el feminismo estoy todavía en un proceso inicial de entender todas las corrientes, a raíz de muchas meteduras de pata", reconoce. Pero precisamente cuando piensa en su pasado se da cuenta de que ha conseguido "hacer las paces" consigo misma.

"A veces me lamento de haber hecho o dicho algo, o de no haberlo hecho o dicho... pero cada día que pasa soy una persona nueva. Soy consciente de cómo era antes", explica, y matiza: "Yo era muy pedante. Pero intento siempre rebajar ese nivel de pendatería y abrazar la ignorancia. Tenemos que defender que no pasa nada por no saber nada. Hay que normalizar saber muy poco de algo". Es este sentimiento el que ha conseguido librarla de un "gran peso": "Sacarme esa presión, no hacer ver que lo tengo todo bajo control... me hace estar mucho más tranquila", asume.

En este contexto, y en un escenario en el que en el sector del turismo se aboga cada vez más por llevar a cabo viajes sostenibles, Helena cree que la gente está más concienciada y que, por ejemplo, el cambio climático ya entra en agendas políticas, y que todo esto "afecta en la elección de los viajes". "Cada vez hay más gente que evita coger un avión... o este intento de reforzar el turismo nacional, impulsado por la pandemia, está muy bien, aunque todavía queda mucho por hacer", señala. "Somos muchos y todo el mundo va a su bola, pero está el runrún de que tenemos que cuidar más la tierra... No soy nada experta en ecología, pero también tengo esa ambición de poder llamarme a mí misma ecologista dentro de un tiempo, cuando consiga alinearme con los valores que quiero llegar a tener".

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