La ruta del nuevo arte rural: los mejores murales reivindicativos que puedes visitar en España
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Museos vivos para revivir el entorno

La ruta del nuevo arte rural: los mejores murales reivindicativos que puedes visitar en España

Cada vez son más las iniciativas artísticas que reivindican las tradiciones, defienden la sostenibilidad medioambiental y, en definitiva, abrazan el medio rural y sus pueblos

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Imagen: Ayuntamiento de Romangordo

El nuevo paradigma artístico está en los pueblos. Mientras el arte contemporáneo se regocija en las ciudades, ligado a la élite cultural, el lenguaje de la expresión estética brota en áreas rurales para replicar el abandono y, sobre todo, poner de manifiesto su importancia al recuperar el pasado para establecer un futuro. Entre todas las técnicas que se están reavivando en estos lugares, el muralismo se ha convertido ya en un movimiento consolidado.

Cada vez son más las iniciativas a lo largo y ancho del país para intervenir la arquitectura rural tan característica y, a menudo, tan maltratada por las instituciones. Su mensaje es intrínseco al acto del artista, pero también se desprende de la misma brocha: la apuesta por la ruralidad y la reivindicación de los valores relacionados con las tradiciones, en defensa de cuestiones como la sostenibilidad medioambiental, son la salvia que desprenden estas acciones.

Esta forma de arte a gran escala no es en cualquier caso del todo nueva en el medio rural. Ejemplo de ello pueden ser las prácticas agrícolas que decoraban la tierra de los cultivos para ser vistas desde el cielo, a veces como parte del trabajo de la tierra pero también como una estrategia de cuidado, belleza y comunicación, es el caso de los laberintos en campos de maíz, la técnica de cultivo en terrazas, los geoglifos o el sistema de trenzado para los sarmientos de las parras en la Orotava.

Tal vez sea anterior al arte urbano, tal vez no, pero el arte que transcurre en el medio rural tiene sus propios principios y un recorrido arraigado, haciendo de la tierra, de los cultivos, de la vida en vecindad, de la cultura comunitaria y, en definitiva, de la naturaleza su matriz. Estos son algunos de los pueblos que se han convertido en museos para reflejar el clamor de la España vaciada.

Penelles (Lleida, Cataluña)

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Imagen: Festival GarGar

Este municipio de 462 habitantes se ha convertido en el mayor museo de muralismo al aire libre en Cataluña. Situado a 40 kilómetros de Lleida, en él se evidencia el mensaje que traslada este arte. Se dice que tiene más murales que habitantes. Es en la actualidad un lugar de referencia para el arte callejero ya que en él se celebra el Festival de Murales y Artes Rural Gargar que el pasado mes de mayo celebró su sexta edición.

Su nombre hace referencia al sonido de la ganga, un ave en peligro de extinción que encuentra en las zonas semiáridas como el entorno de Penelles su hábitat idónea para anidar. Precisamente por ello el mural que envuelve su ayuntamiento representa a tres de estas aves.

En esta localidad la agricultura y los saberes del campo mecen al arte generando un contexto narrativo para la esperanza. En Penelles cualquier lugar es bueno para crear. Sus vecinos y vecinas lo saben, por eso ponen las paredes de sus casas, muros y espacios públicos a disposición de esta iniciativa que dirigen dos empresas locales de arte gráfico, un trabajo en común con el pueblo por y para el pueblo.

Fanzara (Castellón, Comunidad Valenciana)

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Imagen: MIAU

Otro pequeño pueblo donde abundan los murales. Sus 300 habitantes conviven ya entre más de 150 de estas grandes pinturas. En este municipio se ha arraigado el MIAU (Museo Inacabado de Arte Urbano) cuyo nombre lo dice todo: Cada año se intervienen nuevas paredes y surgen nuevos murales, por lo que no deja de crecer esperando ser un augurio para que también lo haga la población que lo acoje.

Tras una época de disputas vecinales debido a un proyecto de instalación de un vertedero de residuos tóxicos, la iniativa artística ha devuelto la convivencia vecinal al pueblo. Desde 2014 llegan artistas que provienen de todo el mundo y se alojan en casa de los vecinos y vecinas mientras pintan. De la misma forma, estos últimos participan de la ruta a modo de guías.

Ubicado entre las montañas del interior de la provincia, Fanzara es “un museo sin puertas ni salas en el que poder disfrutar de lo que la fusión entre lo contemporáneo y lo tradicional ha sido capaz de crear en este lugar”, como afirman su equipo organizador.

Romangordo (Cáceres, Extremadura)

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Imagen: Ayuntamiento de Romangordo

Conocido como el pueblo de los trampantojos, sus calles muestran una falsa pero honesta y bella realidad, la de un pueblo dentro de sí mismo. Con menos de 300 habitantes, muchos de ellos están retratados en las paredes que conforman el entorno. “Valientes, iguales y libres” es el lema que recibe a cualquiera que entre. Se trata de un mural contra la violencia machista en la que aparece representada la madre del autor que da comienzo a un recorrido pedagógico. Entre escenas cotidianas que construyen memoria y versos de poetas extremeños y reconocidos como García Lorca también el lenguaje local se abre camino para salvarse.

La mejor opción para no perder detalle es acudir a la Casa de los Aromas, donde se encuentra ubicada la oficina de Turismo. En sus instalaciones se ofrecen mapas con las diferentes obras y sus ubicaciones. Además, en el mismo espacio pueden realizarse talleres de elaboración de jabones y cremas naturales o aprender sobre la flora autóctona.

Villanueva de San Juan (Sevilla, Andalucía)

En esta localidad sevillana de menos de 1.000 habitantes la idea de entablar en sus calles un diálogo artístico con el propio entorno surgió del propio edil de Turismo de su ayuntamiento. De esta forma llegaron un grupo de jóvenes muralistas, algunos con raíces en el pueblo o en la provincia, a convertirlo en otro museo vivo. Entre los principales objetivos del proyecto estaba mejorar el aspecto de varias fachadas, alentar el turismo rural y fomentar la participación de la población joven, tres fines que han conseguido. De hecho, los jóvenes locales fueron los que conformaron el jurado del concurso.

El resultado es todo un proceso de trabajo de campo entre artistas y vecindario para entablar una conversación conjunta que está ahora en seis paredes de este pueblo, donde pueden verse a algunos de sus vecinos y vecinas o elementos característicos de la zona.

Villangómez (Burgos, Castilla y León)

Con poco más de 100 habitantes, es un pequeño pueblo de la provincia de Burgos marcado por un fuerte peligro de despoblación. Es por ello que las estadísticas lo sitúan como la mayor concentración de arte urbano de España: un mural por cada tres habitantes. El Proyecto Pollogómez es el altavoz de un silencio cada vez más presente y preocupante en sus calles. Lleva desarrollándose desde hace más de una década para fomentar el desarrollo rural a través de la cultura.
En este caso, la ruta que recorre el pueblo entrelaza pintura y literatura, uniendo frases de obras literarias con réplicas de cuadros conocidos sobre las paredes de las casas. Todos los murales cuentan con un código QR que amplía la información acerca de la obra.

Por este municipio han pasado multitudes de turistas durante las pasadas ediciones de su festival, que además reúne otras actividades para ver y practicar como mercados de productos locales, talleres, exposiciones y conciertos.

Belorado (Burgos, Castilla y León)

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Imagen: Belorado.org

Al este de la provincia de Burgos, este pueblos de 2.100 habitantes ha expuesto sus costumbres a través de murales en tonos negros, blancos y grises que representan el día a día de la vida en él. La idea nació de la organización cultural independiente StARTer, quienes contactaron con Nespoon y Regue Fernández, los dos autores de la nueva imagen del municipio.

"Wall-king Belorado", como han denominado al poryecto, reivindica especialmente la presencia de las mujeres locales en el espacio público, por eso son las vecinas (mayores y pequeñas) las que abundan en las paredes, pero tal vez no sean las que habitan hoy, o sí, ya que los artistas se basaron en fotografías y recortes de prensa de hace años. Con los murales, han devuelto la memoria de ellas a las calles: piezas de encajes que cubren los edificios de la plaza principal (siguiendo los patrones auténticos que las vecinas han seguido siempre) o niñas que juegan a los bolos, una forma de entretenimiento que durante cientos de años ha sido practicada solo por las mujeres de la región.

Alfamén (Zaragoza, Aragón)

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Imagen: Asalto en Alfamen

Un pueblo de origen árebe situado al suroeste de Zaragoza, en la comarca Campo de Cariñena. Aquí se celebró en 2017 la primera edición del llamado “Asalto en Alfamén”, un proyecto de intervención artística en el medio rural “planteado como fruto de una semana de convivencia en el que la estancia de los/as artistas facilite la conexión entre el pueblo, sus habitantes y sus espacios”.

En la actualidad, y debido a la pandemia de Covid-19 el proyecto se encuentra pausado, pero el municipio mantiene el resultado del trabajo que en conjunto realizaron durante tres años consecutivos hasta 2019. Entre los murales, se puede encontrar uno dedicado a las mujeres trabajadoras en la antigua fábrica de magdalenas, mítica en la zona y donde trabajaban muchas mujeres y niñas. Así, la iconografía del pueblo y el arraigo memorístico también es aquí el impulso principal de cada trabajo muralístico.

Para encontrar el mapa de la ruta hay que acudir a alguno de los bares, panaderías o tiendas de ultramarino. De esta forma, los comercios locales hacen a su vez de puntos de información y se genera en ellos un espacio de diálogo que les mantiene frente a la falta de incentivos por la que se ven obligados a ir cerrando sus puertas.

Camprovín (La Rioja)

Ubicado entre dos sierras repletas de viñedos, Camprovín es otro pueblo agrícola cuya vida colectiva se ha ido desvaneciendo en las últimas décadas. Las poco más de cien personas que lo habitan actualmente lo cuidan como quien presiente que algún día nadie lo hará, pero sus paredes se agrietan y crece la maleza a un ritmo desenfrenado. Ante el temor de ser los últimos, su alcalde ha visto en los murales una posibilidad de llamada a la revitalización. Camprovinarte es el nombre de este museo de arte vivo, tan vivo que la habitualidad de los gestos cotidianos de cualquier vecino forma parte de un espectáculo que va mucho más allá de la pintura a gran escala. La escala está, en realidad, en la realidad, demostrando que los ritmos del rural son también un estímulo, una raíz que hace florecer la creatividad porque lo pausado no está muerto y tiene mucho que contar.

Cualquier artista puede presentar su propuesta y un jurado elegirá cuatro de ellas, así cada año renacen nuevas paredes. La convocatoria para este 2021 pretende unir el proyecto con otro puesto en marcha en el pueblo, un ecomuseo que recoge el patrimonio material e inmaterial que conforma su historia.

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