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Visita a las azoteas de Madrid: cuando los tejados se convierten en las mejores terrazas

Las cumbres de los edificios madrileños se convierten en un escenario ideal para disfrutar de la ciudad a vista de pájaro

Foto: Azoteas de Madrid y vistas a la Gran Vía (Shutterstock)
Azoteas de Madrid y vistas a la Gran Vía (Shutterstock)

¿Se imagina contemplar la Gran Vía a vista de pájaro? ¿Cuál sería la sensación al ver la Cibeles desde el Olimpo de los dioses? ¿Qué panorámica ofrecen las nubes del centro de la capital? Responder a estas preguntas es tan fácil como dar un paseo por las azoteas de Madrid.

Desde hace unos años, el turismo ha visto en las alturas un nuevo escenario para el disfrute personal. Con los tejados bajo los pies y la vida de la ciudad a suficiente distancia como para no escuchar sus incómodos ruidos, las azoteas se convierten en la opción perfecta para las tardes de verano. Ahí arriba, con el cielo en la punta de los dedos, Madrid adquiere un color peculiar cuando el sol refleja en las cumbres de sus edificios.

Para disfrutar de esta experiencia, la agencia de viajes PANGEA ofrece una ruta por alguna de las terrazas con más renombre de la capital. Bien sea por su estratégica situación en la almendra central o por las historias que guarda en su recorrido a través de los años, las azoteas que se incluyen en esta ruta merecen atención especial.

Disfrutar de estos planes en Madrid es tan fácil como poner el pie, por ejemplo, en la última planta del Palacio de Cibeles, sede del Ayuntamiento de Madrid. Esta joya arquitectónica, diseñada y construida por Antonio Palacios y Joaquín Otamendi en 1909, es el mirador perfecto para contemplar el bullicio de la ciudad sin sufrir sus avatares. Desde su octava planta, y bajo la sombra de su imponente torre central, esta terraza permite ver uno de los puntos más fotografiados de la Villa y Corte desde una perspectiva diferente. El Banco de España, el Cuartel General del Ejército, el edificio Metrópoli y, por su puesto, la fuente de la Cibeles se rendirán a tus pies.

Vista del Banco de España y la calle Alcalá (Shutterstock)
Vista del Banco de España y la calle Alcalá (Shutterstock)

Colosal y majestuosa se muestra en la distancia la estatua de la diosa Minerva. Bajo su protección se encuentra otra de las azoteas más visitadas de Madrid: la del Círculo de Bellas Artes. Esta ruta permite ascender hasta este privilegiado enclave sin tener que esperar las largas colas que tienen lugar cada día para disfrutar de sus vistas, comer o relajarse con un cóctel. Una vez arriba, resulta difícil no sobrecogerse ante la majestuosa Minerva que vigila, a 58 metros de altura la vida incesante de la urbe. Pesa 3 toneladas y fue creada en 1964 por el escultor gaditano Juan Luis Vassallo.

Orientada hacia otro de los 'techos' más sofisticados de Madrid, los ojos de la diosa parecen señalar uno de los edificios con más historia de la Gran Vía: el hotel The Principal. Sus primeras plantas fueron la sede de La Gran Peña, un círculo social fundado a imagen y semejanza de los clubes ingleses. Reflejo de la elegancia que se respiraba en su salón de billar, la terraza del hotel reproduce un ambiente distendido y romántico que tiene como telón de fondo la belleza de los atardeceres de la ciudad en su azotea.

Turistas y madrileños disfrutan por igual de las azoteas de Madrid (Shutterstock)
Turistas y madrileños disfrutan por igual de las azoteas de Madrid (Shutterstock)

Curiosa, cuando menos, resulta otra de las alturas más embaucadoras de Malasaña: Gymage. Este espacio, a la sombra de las torres uno de los templos barrocos más antiguos de Madrid –San Martín de Tours– se convierte en el epicentro del ocio diurno y nocturno del entorno de la plaza de la Luna.

Y de Malasaña a Chueca, a la distancia de un paseo tan corto como agradable, se encuentra uno de los decanos en lo que a ocio y relax en azoteas se refiere: el Hotel Óscar. Sus mesas de diseño son butacas de excepción para observar en la distancia la colorida y festiva vida que se respira en Chueca. Todo ello, acompañado de coctelería, música e, incluso, una lujosa piscina.

Un barrio lleno de contrastes, acogedor y casi universal, en el que la integración forma parte del día a día. Un estilo de vida que se puede observar asimismo en su arquitectura. Modernidad y tradición conviven también en sus calles. El Mercado de San Antón, hoy lugar de peregrinaje para los gourmets, tiene en su planta alta la intimidad necesaria para descansar de este recorrido por las alturas. Un espacio donde recuperar la perspectiva humana de una ciudad tan colosal como Madrid.

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