rutas guiadas al interior de los monumentos

Qué ver en Segovia: visita en helicóptero al castillo de Coca, Cuéllar, Turégano y Pedraza

El cielo segoviano le está esperando: descubra estas joyas de la arquitectura a vista de pájaro

Foto: El castillo segoviano de Cuéllar, visto desde el aire.
El castillo segoviano de Cuéllar, visto desde el aire.

Los romanos se referían a ellos como 'castellum', diminutivo de la palabra 'castrum', empleada para aludir a los lugares donde se acampaba y se encontraba refugio. A pesar de una etimología que apunta hacia lo pequeño —por aquello de que los diminutivos tienden a minimizar aquello con lo que se comparan—, los castillos siempre se han caracterizado por ser construcciones de gran tamaño que incluso se podrían llegar a ver desde el cielo. Literalmente.

Existen experiencias —Pangea es la única agencia de viajes en Madrid que ofrece esta ventura— que permiten contemplar algunos de los imponentes castillos de Segovia desde las alturas, consiguiendo sensaciones únicas de las que resulta imposible olvidarse. Si ya de por sí esta vivencia resulta increíble, lo es más aún al saber que la 'vista de pájaro' se logra viajando en un helicóptero donde pueden ir, simultáneamente, hasta cinco pasajeros.

Con salida desde el aeropuerto madrileño de Cuatro Vientos, el helicóptero pone rumbo hacia el norte para sobrevolar el Monasterio del Escorial. Este monumento, con más de 33.000 metros cuadrados de superficie, aparecerá ante sus ojos mostrando el esplendor que lo ha llevado a ser proclamado como uno de los ejemplos renacentistas más importantes de Europa —no en vano, desde finales del siglo XVI fue considerado como la Octava Maravilla del Mundo por, entre otros, el historiador James Howell—.

El Escorial, desde el aire.
El Escorial, desde el aire.

Muy próximo al Monasterio del Escorial se encuentra el Valle de los Caídos, que también será sobrevolado por el helicóptero que le traslade durante su ruta. Durante el paseo, será posible contemplar la Abadía Benedictina y la cruz de 150 metros fotografiada en todas las postales de este lugar. A pesar de poder ser vista desde una distancia de 40 kilómetros, los pasajeros del autogiro la vislumbrarán desde una perspectiva nada habitual y podrán inmortalizarla con sus cámaras en un ángulo diferente.

Un paseo por nubes de castillos

Dejando atrás los límites de la Comunidad de Madrid, el helicóptero entrará en el espacio aéreo de Segovia. Desde el aire, los más de 15 kilómetros de longitud del acueducto le parecerán impresionantes; así como la catedral y el alcázar de picudos tejados, que recuerda a los antiguos castillos de juguete de Exin. Su peculiar forma de proa de barco es especialmente apreciable a vista de pájaro, y sin mucho esfuerzo podrá imaginar que 'navega' entre las nubes.

El siguiente punto de interés de esta ruta aérea se localiza a tan solo 65 kilómetros de distancia. Cuéllar ofrece un imponente castillo de estilos heterogéneos, aunque los más predominantes son el gótico y el renacentista. El helicóptero volará por encima de esta construcción, cuya primera referencia data de principios del siglo XIV, para después aterrizar al lado de la fortaleza y permitir a sus pasajeros disfrutar de una visita privada guiada a través de las estancias del castillo.

La siguiente parada le hará experimentar un fuerte contraste: si el castillo de Cuéllar se caracteriza por su apariencia sobria y sin sobresaltos arquitectónicos, el de Coca es un festín de torreones y almenas caprichosas. Los visitantes también conocerán los secretos de su interior gracias a la visita guiada que se realiza tras parar motores junto a esta fortificación, fechada en el último tercio del siglo XV.

Vista desde el interior de un helicóptero.
Vista desde el interior de un helicóptero.

Tras este castillo, harán su aparición el de Turégano —de raíces celtibéricas— y el de Pedraza, considerado este último como uno de los más antiguos de toda Europa. Los romanos fueron los primeros en utilizar militarmente la fortaleza, que con el paso del tiempo fue actuando como cimiento para posteriores construcciones musulmanas y medievales. En 1926, el castillo fue comprado por el pintor Ignacio de Zuloaga para establecer entre sus muros su taller, que a día de hoy actúa como museo homónimo.

Comida para reponer fuerzas

Antes de realizar la visita al castillo de Pedraza, el restaurante La Olma pondrá en marcha sus fogones para ofrecerle una deliciosa comida típica. Entre los manjares ofrecidos, se encontrarán platos regionales tan exquisitos como el lechazo o el cochinillo asados en horno de leña, aunque también es posible saborear cocina de temporada o recetas renovadas.

Este establecimiento puede presumir de ubicación, pues un antiguo caserón del siglo XVI da cobijo a sus comensales. ¿Qué mejor broche gastronómico para una experiencia única 'volando' sobre Madrid y Segovia?

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