CRÍTICA DE 'LA TELETIPA'

No hemos aprendido nada tras la polémica cobertura del caso Alcàsser

El crimen de Alcàsser abrió una espita en los medios de comunicación por la que manó a borbotones la carroña, la especulación y la obsesión por aumentar la audiencia

Foto: Imágenes de Alcàsser. (Netflix)
Imágenes de Alcàsser. (Netflix)

Nada. Han pasado 26 años y no hemos aprendido nada. Es más, creo que el crimen de Alcàsser abrió una espita en los medios de comunicación por la que manó a borbotones la carroña, la especulación y la obsesión por aumentar la audiencia a costa de lo que fuera. A pesar de las miles de críticas que entonces recibieron los medios y los periodistas por su actuación, seguimos igual.

['El caso Alcàsser': el triple crimen que traspasó en TV todos los límites éticos]

Y para el que no lo vea, aquí va un repaso de ejemplos en los que el periodismo ha abandonado su esencia como servicio público para abrazar audiencias millonarias que se transforman en réditos opulentos: el caso de Sandra Palo (Getafe, 2004), el caso de Wanninkoff-Carabantes (Mijas, 1999 - Coín, 2003), el caso de Anabel Segura (Madrid, 1993), el caso de Mari Luz Cortés (Huelva, 2008), el caso de Gabriel (Almería, 2018), incluso el caso Julen (Málaga, 2019); un suceso distinto a los anteriores, pero también convertido en 'reality show' para alimentar a una audiencia ávida de morbo.

Hicieron creer a la opinión publica que los medios podían sustituir a la investigación científica, cuando ni era cierto ni lo es hoy

Confieso que antes de enfrentarme al documental de cinco episodios dirigido por Elías León y Ramón Campos, disponible en Netflix, lo único que recordaba de Alcàsser era el miedo que se instaló en mi alma. Recuerdo, como si fuera ayer, un viaje por La Mancha, en solitario, cuando la radio machacaba, boletín tras boletín, con la huida y desaparición de Antonio Anglés. A pesar de la cantidad de Guardia Civil que me topé en la carretera, con el terror en la piel, en ese mismo instante me di cuenta de que, de nuevo, estábamos ante un crimen machista y que esas niñas habían muerto por no tener miedo. ¡Con la de veces que había ido yo a dedo sin pensar que podía estar jugando con fuego! Nunca más. No me acordaba de nada más.

Las madres de Toñi, Desiree y Miriam con las fotos de sus hijas. (Netflix)
Las madres de Toñi, Desiree y Miriam con las fotos de sus hijas. (Netflix)

El espanto se instaló en la pequeña localidad de Alcàsser un viernes 13 de noviembre de 1992. Miriam, Toñi y Desireé, tres adolescentes de 14 y 15 años, hacían autostop para ir a la discoteca Coolor de Picassent. A las ocho y veinte de la tarde las recogió un Opel Corsa blanco, les quedaban menos de 800 metros hasta la discoteca, pero nunca llegaron. 75 días después sus cuerpos aparecieron enterrados en el monte.

Lo que en un principio se pensó que era una huida de juventud se convirtió en un manual de humillación, ensañamiento, inquina, rabia y rencor personificado en torturas, violaciones y asesinato porque unos desalmados se creyeron con la potestad de manejar el destino de aquellas niñas. Cabe recordar que en aquella época la violencia de género no estaba tipificada como tal en el Código Penal y que no existían estadísticas de víctimas de violencia doméstica. La ley integral que regula la respuesta a esos casos no se aprobó hasta 2004.

['El caso Alcàsser'(Netflix): un crimen lleno de verdades y mentiras, casi 26 años después]

Los medios de comunicación se volcaron con la tragedia. (Netflix)
Los medios de comunicación se volcaron con la tragedia. (Netflix)

Hasta aquí, desgraciadamente, quizá hubiera sido una crónica negra más de la España profunda, pero la desgracia de las niñas de Alcàsser se topó con una España enganchada a los shows televisivos, donde la gente real desnudaba sus miserias ante el mundo. Programas como 'Quién sabe dónde' hicieron creer a la opinión publica que los medios podían sustituir a la investigación científica, cuando ni era cierto ni lo es hoy.

Durante los 75 días de búsqueda los programas de televisión se volcaron en el caso mostrando en directo el dolor de las familias y los amigos, alimentados por un padre desesperado y convencido de su verdad, un padre espoleado por pseudoperiodistas que le convencieron de que tenía que crear un storytelling para que nadie se olvidara del caso. Es más, hubo quien le estableció al pobre hombre un plan de comunicación carroñero con la única obsesión de aumentar las audiencias en papel, en radio o en televisión. "Le dije que tenía que ir dando temas poco a poco", explica una periodista inglesa. El primer capítulo de la serie es brutal.

Periodista inglesa. (Netflix)
Periodista inglesa. (Netflix)

Quizá lo peor vino después. La madre de Miriam se enteró por televisión de la aparición de los cuerpos, el entierro se retransmitió en directo el 30 de enero de 1993, el dolor se captó en directo sin ningún tipo de pudor ni respeto. "Cómo pude participar en esto, mi lugar no estaba allí, estaba en casa", se lamenta Luisa Gómez, hermana de Toñi al revisitar las imágenes de aquel día.

Abrazo entre los padres, tras conocer la muerte de su hija. (Netflix)
Abrazo entre los padres, tras conocer la muerte de su hija. (Netflix)

Alcàsser se convirtió en un plató de televisión en el que Paco Lobatón y Nieves Herrero emitieron sendos especiales de sus programas. Sin ningún tipo de pudor, Nieves Herrero preguntaba en directo por el resultado de la autopsia y antes las evasivas del especialista reincidía en su cuestión. "¿Fueron maltratadas?".

El único que mostró cierto grado de sensatez fue el alcalde de la localidad que viendo cómo se estaban desarrollado los hechos abandonó el plató "porque le pareció todo una salvajada". Dicen que a Nieves Herrero aquello se le fue de las manos, que no era consciente de la que se le venía encima. Aquello le costó el programa y quizá la carrera, pero ella solo fue el rostro de una comparsa bien organizada. No lo olvidemos.

Alcàsser se convirtió en un plató de televisión. (Netflix)
Alcàsser se convirtió en un plató de televisión. (Netflix)

A pesar de las audiencias millonarias, el espectador se sintió agredido y las criticas a los medios cayeron en cascada. No sirvieron para nada, puesto que en 1997, cuando se inició el juicio contra Miguel Ricart, el único detenido, Pepe Navarro y su late show 'Esta noche cruzamos el Mississippi' potenciaron el "telemorbo" convirtiendo el caso en la punta de lanza del programa. No les bastó con lanzar acusaciones sin pruebas y juicios paralelos, fueron más allá y publicaron fotos de los cadáveres, un hecho que enfrentó para siempre a los progenitores de las niñas.

Imagen de la serie documental 'El caso Alcàsser'. (Netflix)
Imagen de la serie documental 'El caso Alcàsser'. (Netflix)

De los errores se aprende y el caso Alcàsser, que ahora ha llevado a televisión Netflix, debería haber servido a los medios para profundizar y delimitar lo que no se debe hacer. Un suceso no es igual a sensacionalismo, pero sensacionalismo sí es igual a espectáculo mediático. La televisión ha hecho mucho daño al periodismo de sucesos porque lo ha comercializado como espectáculo con un fin mercantilista, ha borrado la frontera que separa la información del morbo y ha convertido los sucesos en un circo mediático.

¿Qué ha cambiado en estos 26 años? No mucho. Hoy sabemos que un programa no tiene por qué dar salida a esos sentimientos, que no es bueno usar el dolor de las víctimas, que no es adecuado entrevistar a la familia en esas circunstancias, pero… si diéramos con alguien que se prestara a ello, en plena batalla de audiencias, yo me pregunto: ¿Qué haríamos en el siglo XXI? Juzguen ustedes mismos.

Este es el ejemplo de un texto alternativo

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