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Uno de los supervolcanes más grandes del planeta acumula más lava de la esperada
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Uno de los supervolcanes más grandes del planeta acumula más lava de la esperada

Aunque el volcán de Yellowstone tiene más posibilidades de entrar en erupción de lo que se creía, el nuevo estudio asegura que es difícil que se produzca de manera inminente

Foto: Explosión del volcán Sarychev. (NASA)
Explosión del volcán Sarychev. (NASA)

El supervolcán de Yellowstone, un volcán situado en el noroeste de Wyoming, EEUU, y cuya erupción podría tener un efecto en el planeta equivalente al impacto del meteorito que acabó con los dinosaurios, contiene más magma líquido de lo que se esperaba. En concreto, cerca del doble de lo que se suponía hasta ahora. Aunque esto hace que sea más propenso a las erupciones de lo que pensabábamos, los investigadores que han realizado el estudio aseguran que el riesgo de que esto suceda es todavía pequeño.

Foto: El caza turco autónomo Kizilelma en su primer vuelo. (Baykar)

El estudio, publicado recientemente en la revista Science, indica que hay entre el 16 y el 20 por ciento de roca fundida en el depósito superior de magma de Yellowstone. Algo que supera con creces las estimaciones anteriores que lo situaban apenas en un 10%. "Allí ha habido un sistema magmático realmente grande durante dos millones de años", explica en declaraciones al New York Times el investigador Brandon Schmandt, geofísico de la Universidad de Nuevo México y autor del estudio. "No parece que vaya a desaparecer, eso es seguro".

Desde su aparición hace 2,1 millones de años, el supervolcán de Yellowstone ha sufrido dos grandes erupciones, la última hace 70.000 años. Para realizar una estimación cuándo será la próxima erupción, los científicos analizan cuánta roca fundida hay cerca de la superficie y dónde se acumula. Como apunta el medio neoyorquino, lo más probable es que los depósitos de magma estén distribuidos en laberintos que en estanques de roca líquida y cuanto más fundida esté esa roca, mayor será la capacidad del volcán para entrar en erupción.

placeholder La potencia de la erupción del volcán Tonga está estimada en cien veces la de Hiroshima; algo muy por debajo del poder de un supervolcán como el Yellowstone. (NOAA/CIRA)
La potencia de la erupción del volcán Tonga está estimada en cien veces la de Hiroshima; algo muy por debajo del poder de un supervolcán como el Yellowstone. (NOAA/CIRA)

Los investigadores han aplicado una nueva técnica al catálogo de datos sísmicos que se llevan recogiendo desde principios de siglo. Este registro guarda 20 años de ruido sísmico del Yellowstone, que está generado por olas oceánicas lejanas, el viento y la actividad humana. El equipo aprovechó la potencia de cálculo de los superordenadores para representar los viajes de esas ondas sísmicas con mayor precisión.

Los resultados obtenidos indican que las ondas sísmicas se ralentizaban al viajar entre tres y ocho kilómetros de profundidad, el segmento donde se cree que se encuentra el depósito de magma más superficial del volcán de Yellowstone. Esto indica que hasta el 20 por ciento de todo este depósito está fundido, una buena noticia ya que, según ellos, las erupciones no se pueden dar hasta que están entre el 35 y el 50 por ciento.

Aun así, hay que prepararse

Hace unos meses hablábamos aquí de otro estudio, esta vez publicado en Nature, que alertaba sobre el riesgo que suponen estos supervolcanes y pedía un esfuerzo para prevenir su erupción. “Es hora de prepararse” ante la nada remota posibilidad de que un supervolcán explote en un futuro cercano, aseguraban sus autores.

placeholder El volcán Fagradalsfjall en Islandia el pasado 24 de mayo. La isla depende de centrales geotérmicas pero no todos sus volcanes están intervenidos como en el plan de la NASA. (REUTERS)
El volcán Fagradalsfjall en Islandia el pasado 24 de mayo. La isla depende de centrales geotérmicas pero no todos sus volcanes están intervenidos como en el plan de la NASA. (REUTERS)

Una erupción del volcán Yellowstone, dependiendo de su magnitud, puede ser tan letal como el impacto del asteroide que acabó con los dinosaurios y el 75% de las especies de la Tierra, y causar un cambio climático global abrupto y el colapso de la civilización. Aunque parece imposible parar un fenómeno natural de estas características con la tecnología actual, los investigadores han propuesto algunas soluciones.

La NASA realizó un estudio en el año 2016 en el que proponía un plan para evitar la erupción de un volcán. Según la agencia espacial norteamericana, la única manera de evitar que Yellowstone o cualquier otro volcán o supervolcán entre en erupción es extrayendo el calor que se acumula en su interior. En el caso de Yellowstone, el calor que sale a la atmósfera es del 60 al 70% del total que produce, pero si fuéramos capaces de incrementar la extracción de calor en un 35%, el mayor supervolcán conocido nunca entraría en erupción.

Para hacerlo, proponen excavar varios pozos de 10 kilómetros de profundidad en puntos estratégicos para extraer el calor del volcán y reducir de forma gradual su temperatura a lo largo de varios años. Además este método tiene un beneficio que soluciona uno de los mayores retos a los que se enfrenta la humanidad en este momento: conseguir una fuente de energía barata y sostenible. Los investigadores proponen hacer circular en el sistema para usarla como fuente de energía termal. También han calculado que el coste de construir esta central térmica de esas características rondaría los 2.980 millones de euros.

Esta tecnología ya existe y permite realizar pozos de ese tamaño utilizando cañones de plasma. Según la NASA una central térmica de estas características situada sobre el Yellowstone podría satisfacer la demanda eléctrica de todo EEUU. Esta tecnología no es ciencia ficción y ya hablamos de ella cuando contamos el plan de Quaise, una compañía fundada por antiguos investigadores del MIT que promete energía ilimitada, barata y totalmente verde.

El supervolcán de Yellowstone, un volcán situado en el noroeste de Wyoming, EEUU, y cuya erupción podría tener un efecto en el planeta equivalente al impacto del meteorito que acabó con los dinosaurios, contiene más magma líquido de lo que se esperaba. En concreto, cerca del doble de lo que se suponía hasta ahora. Aunque esto hace que sea más propenso a las erupciones de lo que pensabábamos, los investigadores que han realizado el estudio aseguran que el riesgo de que esto suceda es todavía pequeño.

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