El programa espacial ruso se desmorona poniendo en peligro a todos
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Tecnología obsoleta y falta de talento

El programa espacial ruso se desmorona poniendo en peligro a todos

Los fallos potencialmente fatales de la agencia espacial rusa son ya habituales y los expertos creen que la decadencia de Roscosmos está poniendo en peligro a satélites y astronautas

placeholder Foto: El módulo Nauka que puso a la estación espacial internacional en estado de emergencia (Oleg Novitskiy - Roscosmos)
El módulo Nauka que puso a la estación espacial internacional en estado de emergencia (Oleg Novitskiy - Roscosmos)

La agencia espacial rusa es un auténtico desastre. El fallo del nuevo módulo Nauka en la Estación Espacial Internacional ha sido el último de una larga lista de problemas. Una lista que, junto con informes de expertos internacionales, desmuestra que la decadencia de Roscosmos es imparable y está acelerándose día a día.

Foto: Un Tesla arde después de un accidente en Monte Ceneri, Suiza. (Reuters)

Según la Planetary Society — una organización no gubernamental dedicada al seguimiento y fomento de la exploración espacial con fines científicos — de 2011 a 2016 los rusos tuvieron 15 problemas graves en sus cohetes que acabaron en la destrucción o inutilización de satélites y naves de carga.

El 28 de noviembre de 2017 hubo otra gran pifia en la que los rusos perdieron uno de sus satélites para la observación atmosférica y 20 microsatélites más por “un fallo humano”. En mes siguiente, en otro lanzamiento, también perdieron la conexión con un satélite de comunicaciones que habían construido para Angola, el primero de este país.

El 29 de agosto de 2018, la ISS comenzó a perder oxígeno por un agujero en la nave Soyuz MS-09 conectada a la estación. Inicialmente, según la agencia rusa de noticias RIA Novosti, fue causado por un trabajador de RSC Energia, el fabricante de las Soyuz. Después de un año, el jefe de este circo ruso — un tipejo oscuro del que hablaremos bastante en este artículo — negó que esa fuera la razón y dijo que la mantendría en secreto por motivos que no se ha molestado en desvelar pero que huelen a excusa para tapar la crisis de su organización.

placeholder Uno de los agujeros en la Soyuz, que al parecer estaba tapado con pegamento (NASA)
Uno de los agujeros en la Soyuz, que al parecer estaba tapado con pegamento (NASA)

El 11 de octubre de 2018, la Soyuz MS-10 tuvo que abortar el lanzamiento dos minutos después de la ignición. El sistema de emergencia se activó, separando la nave tripulada por el astronauta Nick Hague y el cosmonauta Alexy Ovchinin, que cayeron a casi 500 kilómetros de la plataforma de despegue después de soportar aceleraciones de 7G.

Tecnología anticuada y ahora poco fiable

Y finalmente, llegamos a Nauka. Un módulo de por sí anticuado que tenía que haber llegado a la ISS en el 2007 pero que no lo hizo por múltiples fallos detectados en su construcción. 14 años de parches más tarde y con la garantía de sus motores y otros componentes caducada, un cohete Protón lo puso en órbita el 29 de julio de este año.

El problema surgió cuando el módulo empezó a disparar sus retrocohetes a lo loco — los de la garantía caducada — y lanzó a la estación espacial en un giro descontrolado. Las alarmas saltaron en Houston y Moscú, pero Roscosmos no pudo intervenir porque la ISS estaba fuera de su radio de control en esos momentos y ellos eran los únicos que podrían desconectar los motores.

placeholder El módulo Nauka
El módulo Nauka

Finalmente — y después de una rotación y media de la estación — los rusos lograron desactivar los propulsores de Nauka y la NASA pudo volver a establecer la posición original de la ISS, comprobando con alivio que no había sufrido daños. El error puso en serio peligro la estación, aunque la NASA minimizara inicialmente la situación para evitar aún más tensiones con su socio ruso. Tensiones que no paran de subir gracias a estos problemas continuados y la actitud chulesca del director de Roscosmos.

La lista de problemas son la prueba de una aceleración de la decadencia que comenzó con la muerte de Sergei Korolev en 1966, el arquitecto del programa espacial soviético que puso el primer satélite y el primer ser humano en órbita. Korolev era un genio que está considerado como “el padre de la astronáutica práctica”.

Crónica de una muerte anunciada

Con la muerte de Korolev llegó el colapso de la misión soviética para llegar a la Luna, provocado por el descontrol del conglomerado espacial soviético. Aunque muchos piensan en aquel legendario programa espacial como algo monolítico, en realidad estaba formado por diversos gabinetes que competían ferozmente entre sí.

En los tiempos de la Unión Soviética, Korolev era el director de orquesta. Pero, cuando desapareció, aquel frágil tinglado empezó a desmoronarse. Básicamente, el estado soviético — y después Rusia — siguió viviendo de los diseños de aquel genio durante décadas. El programa ruso mantuvo un aura de invencibilidad que en realidad es falsa si miras a las estadísticas, como cuenta el experto de la academia naval americana David Burbach: ”tienen el peor historial de todas las potencias espaciales”.

placeholder Yuri Gagarin, primer hombre en órbita, y Sergei Korolev
Yuri Gagarin, primer hombre en órbita, y Sergei Korolev

Un historial de fallos que va cada vez a peor. Aquellas Soyuz supuestamente infalibles han pasado a ser naves en las que no se puede confiar. Tanto que es una de las razones por las que la NASA aceleró el desarrollo del SpaceX Dragon Crew y otras naves tripuladas americanas.

De hecho, SpaceX es una de las razones de la aceleración de la decadencia rusa: la caída de contratos de las organizaciones aeroespaciales rusas provocadas por el auge de la compañía de Elon Musk ha dejado sin dinero a la industria rusa. La NASA ha pasado a depender de SpaceX para sus misiones tripuladas y pronto entrará también Boeing y su Starliner.

Foto: El motor de iones chino. (SCMP)

Un dato: Roscosmos cuenta para 10 años con el presupuesto de la NASA de un año. Los chinos, por su parte, ya les han superado en inversión anual y enlazan un éxito tras otro, desde su rover en Marte — que acertó a la primera — hasta su nueva estación espacial, la primera con motores de iones.

La aceleración de la crisis

El viejo talento — que quedaba de la segunda generación de ingenieros de la época de Korolev — hace tiempo que se jubiló. Como apunta David Axe en The Daily Beast: la antigua ingeniería soviética era rudimentaria pero funcional, y requería ciertos conocimientos y trucos para hacerla funcionar bien y evitar problemas. Y hay cero innovación: la falta de dinero hace que no llegue nuevo talento.

Y esto nos lleva al gran problema de Roscosmos: su director desde 2018, un tipo que antes profesaba desprecio militante hacia el programa espacial ruso y que responde al nombre de Dimitri Rogozin.

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Putin y Rogozin

Rogozin es uno de los pelotillas de Vladimir Putin, un fanfarrón al que le gusta presumir de proyectos fantasmas que no pueden ejecutar por lo que apuntaba antes: falta de presupuesto e innovación.

Según Douglas Loverro — antiguo jefe del programa espacial tripulado de la NASA — Roscosmos es una agencia espacial fallida gracias a su director. “Rogozin la ha liado. Hay falta de fondos, falta de un objetivo claro”.

Rogozin ha prometido una fabulosa estación espacial rusa o su nuevo supuesto transbordador ruso (el antiguo, Burán, fue una mala copia del transbordador americano) pero no tiene ni la capacidad tecnológica ni el dinero para hacerlo. El dinero y la tecnología se la lleva su jefe Putin para construir misiles hipersónicos y armas nucleares para generar tsunamis radioactivos. O sencillamente desaparece misteriosamente de las arcas de la agencia, como lo hicieron 400 millones de dólares el año pasado.

Lo que sí ha llevado Rogozin a Roscosmos es la misma manera de ejercer un poder dictatorial en la agencia, como su jefe lo hace en el gobierno. La última ha sido destituir a un respetado y condecorado cosmonauta. La razón: la obligación impuesta a la agencia por Rogozin para filmar una película de serie B en la parte rusa, con una actriz y un director ruso amigo suyo. Una película en la que uno de los productores ejecutivos es, oh sorpresa, Dimitri Rogozin.

Si Korolev y Gagarin levantaran la cabeza, se liaban a dar mamporros como Sputniks.

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