Si quieres ir a Marte, tendrás que matarte en el gimnasio todos los días
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El corazón pierde masa muscular

Si quieres ir a Marte, tendrás que matarte en el gimnasio todos los días

Un nuevo estudio demuestra que el corazón humano pierde masa muscular en microgravedad aunque se haga ejercicio, una información vital para los viajes espaciales

placeholder Foto: El astronauta Scott Kelly, objeto del estudio. (NASA)
El astronauta Scott Kelly, objeto del estudio. (NASA)

Un estudio del corazón del astronauta Scott Kelly después de pasar 340 días en la estación espacial internacional ha demostrado definitivamente que los corazones humanos pierden masa muscular en microgravedad. Esto es un dato vital para la futura colonización de la Luna, Marte y otros mundos en el sistema solar.

Foto: La célula sintética creada por el JCVI con 473 genes. (NCIMR)

Según el autor de la investigación —el Dr. Benjamin D. Levine, profesor de medicina interna en la Universidad de Texas—, ha descubierto que Kelly perdió 0,74 gramos de músculo en el corazón a la semana, una cantidad bastante considerable.

Kelly también sufrió una caída en el diámetro diastólico del ventrículo izquierdo, pasando de 5,3 a 4,6 centímetros. Y lo hizo a pesar de seguir un estricto régimen deportivo en la ISS, haciendo ejercicio de una a dos horas al día.

La razón, según el Dr. Levine, es que el corazón debe bombear con mucha más fuerza en la superficie terrestre que en el espacio. Aquí, los músculos deben ser lo suficientemente potentes para contrarrestar la acción de la gravedad y hacer subir la sangre que baja a los pies con cada latido.

El astronauta Chris Hadfield ejercitándose en la ISS

En el espacio no se necesita esta fuerza porque no hay apenas gravedad y el corazón comienza a perder masa muscular rápidamente. El Dr. Levine afirma que, entre otras cosas, esto es una clara demostración de la plasticidad del órgano que nos mantiene con vida.

La ley del mínimo esfuerzo

De acuerdo con el Dr. Levine, el corazón se atrofió y se hizo un poco más pequeño, pero su función se mantuvo bien. “Pienso que es alentador para los viajes espaciales de larga duración”, dice. “Muestra que, incluso después de un año en el espacio, el corazón se adapta muy bien”.

Esto no significa que los seres humanos se puedan tirar a la bartola y tocarse los diodos durante un viaje espacial de la Tierra a Marte. Tendrá que haber una o dos horas de ejercicio sí o sí.

placeholder El Dr. Levine (izquierda) con el nadador de fondo Benoit Lacomte. (Universidad de Texas)
El Dr. Levine (izquierda) con el nadador de fondo Benoit Lacomte. (Universidad de Texas)

El estudio demuestra, sin embargo, que a mayor ejercicio no ocurre una pérdida significativamente más pequeña de masa muscular. El Dr. Levine compara a Kelly con el caso del nadador de fondo Benoit Lecomte, un atleta que en 2018 intentó cruzar el Pacífico a nado. A pesar de que Lecomte pudo completar un tercio del viaje, nadando 2816.3 kilómetros sobre un periodo de 159 días, sus seis horas diarias de natación no evitaron que su corazón disminuyera de tamaño.

En esa ocasión, al corazón de Lecomte le afectó la falta de peso en agua marina, que actuaba como un elemento reductor de la fuerza de la gravedad. En vez de 0,74 gramos a la semana, Lacomte perdió 0.72. Su diámetro diastólico pasó de 5 a 4,7 centímetros. Ambos no se vieron afectados por la reducción, por lo menos aparentemente.

Vital para los viajes espaciales

El Dr. Levine también pudo observar cómo la pérdida más aguda se producía en aquellos que eran grandes deportistas antes de ir al espacio. Y al revés: aquellos astronautas que no estaban acostumbrados a hacer ningún tipo de ejercicio ganaron algo de masa muscular gracias al deporte en órbita.

placeholder 'The Expanse'. (Amazon)
'The Expanse'. (Amazon)

Por eso, para meterse en un viaje de seis o siete meses a Marte —o para ir a la Luna y pasar allí una larga temporada— las dos o tres horas de gimnasio no te las va a quitar nadie. Es uno de los motivos por los que —si realmente queremos colonizar el sistema solar— nos conviene desarrollar naves espaciales con mayor velocidad que recorten la duración del viaje (aparte de reducir la exposición a la radiación y la necesidad de comida, agua y oxígeno).

Otra cosa será la vuelta a la Tierra después de pasar varios años en los entornos de gravedad reducida de la Luna (aproximadamente un noveno de la gravedad terrestre) y Marte (un poco más de un tercio). El retorno será duro y las posibles consecuencias todavía no se comprenden completamente a pesar de experimentos como los de Kelly y un gran número de cosmonautas rusos.

El misterio del crecimiento en otros planetas

Aún más duro —y hasta imposible— será para aquellos humanos que nazcan y crezcan en esos mundos. Con lo que sabemos, es lógico deducir que huesos y sistemas circulatorios más débiles —producto de la falta de gravedad— podrían hacer imposible una visita a la Tierra por un humano marciano, sometido a la presión brutal de la gravedad terrestre en comparación con los 3,7m/s2 del planeta rojo.

placeholder Las plantas crecen con la suficiente normalidad en la ISS como para una ensalada. (NASA)
Las plantas crecen con la suficiente normalidad en la ISS como para una ensalada. (NASA)

Más allá de esa pregunta, la realidad es que ni siquiera sabemos con seguridad cómo crecerá un ser humano en estos entornos. De hecho, realmente no sabemos si será posible concebir a un humano y que se desarrolle a un tercio de la gravedad terrestre, asumiendo que el asentamiento en otro cuerpo planetario tuviera un blindaje contra la radiación tan efectivo como los de la atmósfera y el campo magnético terrestre.

Existen numerosos experimentos que demuestran que, aunque algunas plantas e insectos han nacido y crecido correctamente en la ausencia de gravedad, otros animales más complejos no han sido capaces de desarrollarse con total normalidad —como las salamandras de la estación rusa MIR–.

Por otra parte, también hay estudios que afirman que, según la evidencia que tenemos hasta ahora, la concepción y el crecimiento de mamíferos sí será posible en entornos de gravedad reducida. Habrá que esperar unas décadas para comprobarlo.

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