El covid persistente se ceba en jóvenes y mujeres: "Nos sentimos peor que hace siete meses"
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Hablan los enfermos de la primera ola

El covid persistente se ceba en jóvenes y mujeres: "Nos sentimos peor que hace siete meses"

Mientras que el perfil del hospitalizado temprano es un hombre mayor de 65 años con enfermedades previas, la víctima del síndrome poscovid suele ser una mujer sana de entre 36 y 50

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El covid persistente se ceba en jóvenes y mujeres: "Nos sentimos peor que hace siete meses"

Anna Kent sufre covid desde el 18 de marzo. Sufre, en presente, porque han pasado casi siete meses y sigue manifestando síntomas agudos. Tiene que dormir inclinada porque le falta el aire, no puede caminar más de medio kilómetro sin estar exhausta y tampoco es capaz de concentrarse en su trabajo como traductora: "Muchas veces tengo que dejar de leer o de escuchar los audios porque pierdo el hilo. Para mí, ha sido como despertarme en el cuerpo de una persona menos inteligente".

Su caso no es el único. La Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) y la plataforma de afectados Long Covid Acts —de la que forma parte Kent— han presentado los resultados de una encuesta, realizada entre 2.120 contagiados durante la primera ola, que radiografía el llamado 'covid persistente', la cara más desapercibida de la pandemia. Los autores del estudio estiman que, al menos, un 15% de los enfermos mantiene síntomas después de varios meses o presenta otros nuevos que, incluso, pueden llegar a ser más graves.

El perfil de paciente es muy diferente al habitual. Si el prototipo de hospitalizado por coronavirus es un hombre mayor de 65 años y con enfermedades previas como diabetes o hipertensión, la víctima persistente suele ser una mujer de entre 36 y 50 sin otras patologías reseñables. De media, estas personas siguen convalecientes durante 6,2 meses; más de la mitad de ellas, en peor estado de salud respecto al momento de contraer la enfermedad.

Los síntomas van y vienen para la mayoría de los enfermos, pero los más frecuentes entre los encuestados son cansancio, malestar general y dolores de cabeza, por este orden. Hasta un 86% dice haber sufrido alteraciones neurológicas, como demuestra el ejemplo de Silvia Guerrero, doctora en bioquímica y biología molecular que se contagió el pasado 14 de marzo. Desde entonces, ha tenido que ser hospitalizada dos veces por lo que define como una "niebla mental", mezcla de parestesia, confusión y pérdida de memoria. "No era vida o muerte, pero la sintomatología era muy incapacitante —resalta—. He tenido que hacer rehabilitación física y cognitiva".

Para Vicente Soriano, médico especialista en enfermedades infecciosas y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), la definición idónea de dicho fenómeno es 'síndrome poscovid'. "El covid lo produce un coronavirus cuya infección es autolimitada. Es importante destacar que se elimina por completo y el genoma de estos virus no se queda en las células que infecta". Precisamente por ello, quienes manifiestan síntomas después de un mes ya no son transmisores del virus, pues la infección no permanece de forma crónica en el organismo, como sí ocurre con el VIH o la hepatitis C. "Lo que no tenemos es la explicación de por qué se produce el síndrome poscovid", aclara.

A su juicio, son cuatro los escenarios que explican la persistencia de síntomas:

  1. Daños en un órgano distinto al pulmón, como por ejemplo el riñón, el cerebro o el corazón.
  2. El largo camino hacia la recuperación de los pacientes que han estado ingresados en la UCI.
  3. Síntomas prolongados de covid, entre los que se incluyen alteraciones neurológicas o trastornos de la coagulación.
  4. La fatiga posviral que describen algunos pacientes. "Sienten que han envejecido de manera prematura durante el episodio de covid", explica Soriano.

Esta última situación, que se ha descrito en virus anteriores como 'síndrome de fatiga crónica', es la que más intriga a los científicos. Pilar Rodríguez, responsable de investigación del SEMG, maneja dos hipótesis sobre sus causas. Por un lado, que el virus pueda persistir fuera de los lugares donde habitualmente se busca, por ejemplo, en el tracto gastrointestinal; y por otro, que se haya producido una "cascada inflamatoria crónica", es decir, que la infección original haya desencadenado una respuesta multiorgánica que se mantiene por motivos aún desconocidos.

¿Por qué hablar entonces de covid persistente y no de secuelas? "Las secuelas las sufren quienes han estado en la UCI, han tenido una neumonía muy importante o un trastorno orgánico que les hace tener 'cicatrices' o 'restos' que van a persistir toda la vida o no, con rehabilitaciones parciales u otros tipos de seguimientos. Por lo general, son hombres de edad avanzada, polipatológicos y con polimedicación. Nada tienen que ver con lo que estamos hablando: pacientes jóvenes y mujeres, en su mayoría, con una sintomatología aguda, pero que no han requerido hospitalización, y que vuelven a manifestar algunos síntomas o experimentan otros nuevos", especifica Rodríguez. "Además, algunos de ellos se van resolviendo con el tiempo, con lo cual tenemos esperanza en que se puede curar", alienta.

Vidas truncadas por tiempo indefinido

Pese a que su trastorno no está reconocido clínicamente, al 74,65% de los encuestados por el SEMG les supone un gran esfuerzo o les resulta imposible disfrutar del ocio con sus amigos meses después de su primer diagnóstico; el 72,55% está incapacitado para trabajar fuera de casa; el 70,12% no está en condiciones de atender las obligaciones familiares; y el 30,43% ni siquiera puede cubrir sus necesidades más básicas de aseo personal. "A nivel médico, nos sentimos incomprendidos. Nos tachan de ansiosos, creen que se nos va la olla. Estamos cansados de tener que demostrar que estamos enfermos", lamenta Anna Kent. En el ámbito institucional, también: "No figuramos en las estadísticas. No somos ni recuperados ni muertos".

“No figuramos en las estadísticas: no somos recuperados ni muertos”

Con ella coincide Silvia Guerrero, que hace un alegato a favor de profundizar en la materia desde su doble perspectiva de damnificada e investigadora: "No nos queremos quedar aquí. Es muy importante estudiar la etiología de la enfermedad. Lo que nos han hecho es tratar sintomatología, pero si no buscamos el origen, está comprobado que esta sintomatología no revierte y no se elimina. Queremos pedir un cambio de paradigma".

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