Purificadores de aire contra el covid en tu salón: ¿la solución para salvar la Navidad?
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No es tan fácil como parece

Purificadores de aire contra el covid en tu salón: ¿la solución para salvar la Navidad?

Ante la llegada del frío, los purificadores portátiles con filtros HEPA o los caseros, que requieren otro tipo de filtros, pueden reducir los riesgos de las reuniones en interiores

Foto: Purificadores de aire contra el covid en tu salón: ¿la solución para salvar la Navidad?
Purificadores de aire contra el covid en tu salón: ¿la solución para salvar la Navidad?

La evidencia de que el coronavirus se transmite por el aire ya es abrumadora, como recordaban hace días un grupo de expertos en la revista ‘Science’. El SARS-CoV-2 está atrapado en diminutas gotas de saliva y fluido respiratorio, los famosos aerosoles, que quedan flotando en el aire durante horas en espacios cerrados, igual que lo hace el humo. La mascarilla evita que expulsemos esos aerosoles, pero en algunas situaciones hay que quitársela para ingerir alimentos o bebidas.

Hasta ahora nos hemos apañado quedando en exteriores, consumiendo en las terrazas o logrando la ventilación adecuada en los interiores abriendo las ventanas. Sin embargo, a partir de ahora llega el frío y la cosa se complica bastante. Y pensando un poco más allá, ¿qué vamos a hacer en Navidad con las reuniones familiares? Las largas veladas quitándonos la mascarilla para comer y beber se pueden convertir en un auténtico peligro. Y más si tu cuñado se pone a cantar.

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¿Qué podemos hacer? El riesgo en los interiores depende de la concentración de aerosoles y del tiempo de exposición. Si inevitablemente ese tiempo va a ser prolongado, el recurso que queda es reducir la concentración de aerosoles que puedan contener el virus y eso, al margen de la ventilación natural, se puede hacer filtrando el aire con purificadores de aire portátiles.

La primera opción y la más recomendable es evitar esa reunión familiar. La segunda es tenerla en el exterior, en la calle o en una terraza. La tercera es hacerla en un interior muy bien ventilado y todo el mundo con la mascarilla puesta. Y finalmente, si no quiero abrir la ventana porque pienso que voy a pasar frío, entonces sí, pondría un purificador de aire si quiero minimizar el riesgo por si alguno de mis familiares o amigos o yo misma estamos infectados”, comenta en declaraciones a Teknautas María Cruz Minguillón, experta en aerosoles que trabaja en el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (Idaea, centro del CSIC ubicado en Barcelona).

'Workshop' en una cafetería de Shanghái para crear purificadores caseros. (Reuters)
'Workshop' en una cafetería de Shanghái para crear purificadores caseros. (Reuters)

En esencia, estos aparatos constan de un ventilador y de un filtro y su función es limpiar el aire de virus, bacterias y partículas contaminantes. En el mercado hay muchos, pero no podemos fiarnos de cualquiera, según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). Los dispositivos más eficientes son los que llevan filtros HEPA (del inglés 'high efficiency particulate air' o alta eficiencia de filtración del aire). Eliminan más del 99,9% de los aerosoles en una corriente de aire que los atraviesa, “casi todos los relevantes para el virus”, según la información que difunde José Luis Jiménez, investigador de la Universidad de Colorado (EEUU) y uno de los científicos destacados a nivel internacional en la defensa de la importancia de los aerosoles en la transmisión del covid.

Una de las dudas que se ha planteado con respecto a esta cuestión es que el virus mide 0,1 micras (también μm o micrómetro, la milésima parte de un milímetro) y que este tipo de aparatos suelen especificar que filtran partículas a partir de 0,3 micras. Sin embargo, los expertos explican que se suele poner esa medida de manera convencional y que el virus no está “desnudo” en el aire, sino que viaja siempre en aerosoles que superan ampliamente ese tamaño.

La mejor alternativa

Según Minguillón, de todas las alternativas del mercado para limpiar el aire, estos purificadores portátiles basados en filtros son la preferible porque “se basan en un sistema mecánico sencillo, sin efectos colaterales ni complicaciones, hacen pasar el aire con las partículas que tiene, potencialmente portadoras de virus, por un filtro que, si es HEPA, las retiene casi en su totalidad”. Existen otras opciones mucho menos prácticas y hasta peligrosas para un hogar particular, así que los expertos no las recomiendan. Por ejemplo, la luz ultravioleta germicida también es eficaz para desinfectar el aire, según estudios realizados para otros microorganismos, pero “puede ser dañino y requiere una instalación complicada, no se puede hacer a nivel de usuario, aunque sí se usa en hospitales y laboratorios”, según la investigadora del CSIC. Algo parecido sucede con los ionizadores, ya que “pueden generar reacciones con compuestos que tienen consecuencias que no controlamos”.

Nuevos filtros instalados en aviones Boeing 787 de Air France. (Reuters)
Nuevos filtros instalados en aviones Boeing 787 de Air France. (Reuters)

En cambio, un purificador portátil lo puede gestionar sin problemas un particular. Lo único que debemos tener en cuenta es que hay que elegir el adecuado dependiendo de las dimensiones de la sala y de la renovación del aire que queramos conseguir. Cuantas más renovaciones, menor es el riesgo, pero se ha estandarizado el objetivo de lograr “cinco renovaciones del aire por hora”.

Ese dato procede de estudios que relacionan la probabilidad de contagio con el número de renovaciones. Con una renovación del aire cada hora el riesgo es alto, pero la curva va cayendo y al pasar de las cuatro o cinco renovaciones el riesgo es muy pequeño, según queda plasmado en una guía de la Universidad de Harvard, inicialmente pensada para la renovación de aire en aulas y traducida al español por la propia María Cruz Minguillón.

¿En qué se traduce esto a efectos prácticos? La experta del CSIC nos explica cómo hacer los cálculos con un ejemplo concreto: “Pongamos que tenemos un salón grande, de 30 metros cuadrados, y una altura de 2,6 metros. Me salen 78 metros cuadrados. Si quiero tener cinco renovaciones de aire por hora, necesito un purificador con un caudal de 390 metros cúbicos por hora”. Generalmente, los aparatos especifican esta característica como CADR (de 'clean air delivery rate') o caudal de aire libre.

La fabricación casera

El problema es que el precio de un purificador con filtro HEPA para ese salón no es muy asequible para todo el mundo en estos tiempos. “Puedes encontrarlos por 150 euros en Amazon, pero en tiendas normales pueden andar entre 300 y 400 euros, hay mucha variedad”, comenta Javier Ballester, catedrático de Mecánica de Fluidos en la Universidad de Zaragoza. Este investigador del Laboratorio de Investigación en Fluidodinámica y Tecnologías de la Combustión (Liftec, centro mixto de esta universidad y el CSIC) y su equipo han emprendido una lucha para hacer más económica la ventilación contra el covid a través de propuestas caseras.

Purificadores de aire para hospitales mostrados en una feria en Holanda a comienzos de año. (Reuters)
Purificadores de aire para hospitales mostrados en una feria en Holanda a comienzos de año. (Reuters)

Así que van realizando diferentes experimentos y subiendo a internet sus recomendaciones. Básicamente, se trata de disponer de “un ventilador como los que tenemos en casa para refrescarnos en verano al que se le acopla un filtro”. Si se coloca bien, “el efecto es el mismo que el de la mascarilla, el aire que pase por ahí está libre de aerosoles y, si pasa suficientemente el aire de la habitación, se limpia de forma adecuada en función de las dimensiones y de la cantidad de gente, de manera que no haya acumulación”.

Los investigadores del Liftec se han lanzado a hacer pruebas y compartir los resultados tras constatar que había muy poca información y que mucha de la que estaba disponible era errónea. “Hay vídeos por ahí en los que alguien coge un ventilador, le pone un filtro HEPA delante y dice que está listo”, denuncia. Y no es tan fácil: en el caso de estos sistemas caseros el filtro HEPA no es el más recomendable. “Te da aire limpio pero muy poquito, porque deja pasar muy poco caudal, así que en realidad no vas a tener cinco renovaciones a la hora, seguramente ni una. En cambio, si pones un filtro F7, que tiene una eficiencia del 85% y te da un caudal adecuado, así que al final la eficiencia es mucho mayor”, explica.

A través de sus experimentos, Javier Ballester y sus colaboradores consiguen poner números concretos: “¿Cuánto da este filtro con este ventilador?”, se preguntan. Cuando las dos piezas se acoplan bien y son adecuadas para una estancia en concreto, ya no habría que preocuparse por mucho más. El único mantenimiento sería cambiar los filtros periódicamente –algo que también hay que hacer en los purificadores de aire comerciales en función de las especificaciones de los fabricantes–, pero los expertos calculan que es suficiente con hacerlo un par de veces al año.

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No obstante, su foco no está puesto en los hogares ni en las oficinas, sino en los colegios. La mayoría de los que se han tomado en serio el problema de la transmisión del coronavirus por el aire han optado por la compra de purificadores demasiado pequeños para el tamaño y la ocupación de las aulas, además de pagar un alto precio por ellos. La opción de la fabricación artesanal es aún más desconocida.

“Dentro de un mes van a tener las ventanas cerradas, no se atreverán a abrirlas por el frío y no habrán comprado purificadores, así que tendremos a millones de niños con todo cerrado”, vaticina. La fabricación de purificadores caseros como los que propone solucionaría el problema con un gran ahorro de costes, pero sospecha que esta solución no se va a poner en marcha. “Necesitaría un impulso de la administración por cuestiones de normativa, porque todo indica que serían purificadores perfectamente seguros, pero es una medida que tienen que respaldar las autoridades y no parece que nadie vaya a tomarse la molestia”, lamenta.

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