PUEDE PROVOCARLA Y EVITAR SU CURA

La presión del pulso sanguíneo, clave para luchar contra la demencia

Puede causar inflamación, estrés oxidativo, estrés mecánico, disfunción celular y muerte celular en la barrera hematoencefálica

Foto: Un médico toma la tensión a una paciente. (iStock)
Un médico toma la tensión a una paciente. (iStock)

La presión de nuestro pulso sanguíneo, la diferencia entre la presión arterial sistólica y la presión arterial diastólica, podría ser un factor clave en la demencia y haber hecho que muchas terapias contra esta enfermedad fracasaran en el pasado. Investigadores australianos han analizado este proceso y proponen nuevos tratamientos contra esta dolencia degenerativa.

En un estudio, publicado en la revista científica 'Frontiers in Neuroscience', miembros de The Brain Protection Company (Australia), una compañía que se dedica a investigar fórmulas terapéuticas contra el Alzheimer y la demencia, señalan la importancia de la presión del pulso como vía de deterioro cognitivo, arrojan luz sobre las razones por las que los tratamientos anteriores contra la demencia pueden haber fracasado y proponen nuevos y prometedores enfoques para la prevención y el tratamiento de la enfermedad

"En los últimos dos años, se ha producido un cambio radical en la investigación de la demencia y la enfermedad de Alzheimer. Se ha pasado de centrarse exclusivamente en el beta amiloide del cerebro a la opinión de que se podrían lograr progresos más fructíferos abordando los factores que comprometen la barrera hematoencefálica", explica el coautor Mark Carnegie, de The Brain Protection Company. "Entre ellos, la inflamación crónica relacionada con la edad, la predisposición genética y las anormalidades cardiovasculares, en particular la presión arterial alta".

Expandir objetivos

Fruto de diversas investigaciones y un creciente conjunto de pruebas, los investigadores dilucidan cómo la elevada presión del pulso puede causar demencia. Esta presión de pulso elevada en la sangre que viaja al cerebro puede causar inflamación, estrés oxidativo, estrés mecánico, disfunción celular y muerte celular en la barrera hematoencefálica (la barrera protectora entre los vasos sanguíneos del cerebro y los tejidos cerebrales), que conduce al daño cerebral. Hay pruebas significativas que apoyan que la alteración de la barrera hematoencefálica es un factor clave del declive cognitivo y la demencia, ya que esta barrera se dedica a apoyar y proteger el delicado tejido cerebral impidiendo que las células circulantes, los patógenos y otras sustancias nocivas de la sangre se infiltren en el cerebro.

"Este es un importante cambio de paradigma en nuestra comprensión de la patogénesis de la demencia"

El autor principal del artículo, el profesor David Celermajer, de The Brain Protection Company, señala a Neuroscience News que "este es un importante cambio de paradigma en nuestra comprensión de la patogénesis de la demencia", ya que "aunque es probable que haya varias causas de la interrupción de la barrera hematoencefálica, recientes experimentos de cultivo de células humanas, modelos animales y pruebas epidemiológicas han apuntado a la alta presión del pulso sanguíneo como una posible causa clave".

Por lo tanto, la presión del pulso puede ser un nuevo objetivo terapéutico prometedor para prevenir o ralentizar el deterioro cognitivo, lo que da nuevas esperanzas en la lucha contra la demencia. Además, los autores examinan la forma en que la elevada presión del pulso puede haber impedido también que las estrategias de tratamiento anteriores funcionaran de manera óptima contra la demencia. Durante los dos últimos decenios, uno de los principales objetivos del desarrollo de medicamentos para la enfermedad de Alzheimer, la forma más frecuente de demencia, ha sido centrarse en la molécula beta amiloide.

Sin embargo, a pesar de los miles de millones de euros invertidos, ese enfoque aún no ha tenido éxito. Los investigadores sugieren que centrarse únicamente en la molécula beta-amiloide para tratar la demencia podría ser un error, ya que la presión de pulso elevada simultánea seguirá activando la secreción de diversas moléculas inflamatorias y oxidantes y la beta-amiloide de la barrera hematoencefálica en el tejido cerebral.

"En la demencia, la reducción de la presión del pulso elevada podría resultar sinérgica con otros enfoques terapéuticos como las fármacos anti beta amiloide o la terapia de células madre", apunta Rachel Levin, otra de las autoras de la investigación. Por ello, los investigadores piden el desarrollo de nuevos candidatos a fármacos o dispositivos que reduzcan la presión del pulso elevado y los lleven a ensayos clínicos

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