Llevan años preparándose para esto

Carrera mundial por la vacuna del coronavirus: estos españoles pueden ganarla

Expertos que han trabajado para protegernos de las otras epidemias de coronavirus, el SARS y el MERS, ya están manos a la obra con diferentes estrategias

Foto: Luis Enjuanes, del Laboratorio de Coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología (CNB). (Foto: EFE)
Luis Enjuanes, del Laboratorio de Coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología (CNB). (Foto: EFE)

El coronavirus de Wuhan tiene al mundo en vilo. El número de infectados y muertos no para de crecer, pero mientras la mayoría de autoridades e instituciones sigue contando cifras o se preocupa por repatriar y aislar a los infectados por el virus de Wuhan, hay otros que apuntan mucho más alto. Los científicos siguen trabajando y algunos apuestan por conseguir una vacuna contra el 2019-nCoV cuanto antes.

[Última hora del coronavirus de China]

La secuenciación del genoma del nuevo coronavirus, publicada en tiempo récord a mitad de enero, ha dado paso a una carrera por conseguir la protección frente a una epidemia cuyo alcance aún es una incógnita. Hay quien es muy optimista: el Shanghai East Hospital de la Universidad de Tongji (China) anunciaba esta semana que espera tenerla en 40 días. Sin atreverse a dar plazos, los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos (NIH) aseguran que también están en ello.

La vacuna contra el SARS

En la carrera, no faltan expertos españoles con una larga experiencia en coronavirus. En el Centro Nacional de Biotecnología (CNB), el grupo que lideran Luis Enjuanes e Isabel Sola ya tiene décadas de experiencia. De hecho, en 2015 lograron un gran éxito al desarrollar una vacuna contra el SARS, aunque nunca llegó a comercializarse porque esa epidemia, provocada por un virus muy similar al de Wuhan, desapareció.

Al igual que entonces, en la actualidad ya trabajan en candidatos a vacuna contra el 2019-nCoV que, en esencia, “consisten en formas del virus que están atenuadas y, por lo tanto, no causan una infección grave pero sí inducen una respuesta inmune potente que protege frente a la infección”, explica Isabel Sola a Teknautas. La ventaja es que “el nuevo coronavirus tiene una secuencia muy parecida a la de SARS, así que hemos pensado en ir eliminando todos los genes que previsiblemente se van a comportar de forma muy parecida para obtener un derivado atenuado del virus que induzca la protección”.

Esta semana, científicos australianos anunciaron otro paso importante, al lograr aislar una muestra del coronavirus y cultivarla en el laboratorio. Sin embargo, el equipo del CNB no necesita muestras reales para llevar a cabo sus experimentos. “Lo hacemos por síntesis química. Como la secuencia está publicada, podemos trabajar con copias del ADN, cortar, pegar o eliminar genes”, comenta la experta.

Grupo de expertos del CNB. (Imagen cedida)
Grupo de expertos del CNB. (Imagen cedida)

De hecho, el punto fuerte de este Laboratorio de Coronavirus del CNB es la manipulación del genoma de los coronavirus desde que Luis Enjuanes comenzó a especializarse en este campo hace 35 años. “Fuimos los primeros en desarrollar, en el año 2000, un sistema de genética reversa de coronavirus. Esto quiere decir que eliminamos los genes para ver qué función tiene cada uno observando qué le sucede al virus si no están. De esta forma, podemos quitar todos los genes que lo hacen virulento y obtener una versión atenuada que sea candidata a vacuna”, explica.

Expertos en el MERS

Si en el CNB tienen experiencia con el SARS, otro grupo español conoce bien la otra gran epidemia de coronavirus que hemos conocido, la del MERS. “Son virus distintos aunque formen parte de una misma familia, así que necesitamos una vacuna específica”, comenta Joaquim Segalés, investigador del Centro de Investigación en Salud Animal del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA) de la Generalitat de Cataluña.

En su caso, el foco está puesto en la relación de los animales con la salud pública. En la epidemia del MERS, que afectó (y sigue afectando) principalmente a Arabia Saudí y países de la península arábiga, se comprobó que los dromedarios actuaban como hospedador del virus antes de pasar al ser humano. Por eso, desarrollaron un modelo de enfermedad en dromedarios y otros camélidos, como llamas y alpacas, para conseguir una vacuna. “Hemos probado algunas que podrían ser utilizadas para personas, pero no han llegado al mercado”, comenta.

Ese bagaje les ha permitido estar también en la avanzadilla contra el coronavirus chino, en colaboración con investigadores de Estados Unidos, incluso con una de las primeras publicaciones científicas sobre este tema. “Hemos desarrollado un sistema bioinformático que permite predecir varios aspectos: cómo puede infectar a las células, qué reservorios animales habrían ayudado a transmitir el virus en un primer momento y la posibilidad de diseñar futuras vacunas”.

Equipo del Centro de Investigación en Salud Animal del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA), de la Generalitat de Cataluña. (Imagen cedida)
Equipo del Centro de Investigación en Salud Animal del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA), de la Generalitat de Cataluña. (Imagen cedida)

Este último punto se centra en la proteína S, que forma parte del envoltorio de los coronavirus (el saliente en forma de corona que les da nombre). Los expertos coinciden en que es la más interesante para que el ser humano genere anticuerpos y protegerse. Según explica Segalés, pequeñas porciones de esa proteína (péptidos) podrían servir para inmunizar a las personas, en definitiva, vacunarlas.

Sin embargo, para Isabel Sola, “hay muchas estrategias para obtener vacunas, pero no todas son igual de eficaces y seguras”, advierte. Se pueden desarrollar vacunas de subunidades, para lo cual bastaría la información de la proteína S. Esta estrategia es “sencilla” y da lugar a vacunas seguras, pero normalmente “tienen una eficacia limitada”.

Los plazos

En lo que sí están de acuerdo es en que los plazos son imprevisibles y que para obtener una vacuna como tal hacen falta varios meses como mínimo, por mucha urgencia que haya. “Aunque en tiempos de crisis sanitarias las exigencias son un poco más flexibles, siempre hay que comprobar si la vacuna es eficaz para inducir una respuesta inmune que, además de proteger, sea segura y estable”, apunta la investigadora del CNB.

“En un laboratorio como el nuestro, hacemos ensayos preclínicos, generas el candidato a vacuna y lo analizas en un modelo animal de ratón, pero a partir de ahí hay todo un proceso de ensayos en otros modelos animales de mayor tamaño, que suelen ser primates no humanos, y, finalmente, ensayos clínicos en seres humanos. Esta parte está fuera del alcance de un laboratorio de investigación básica, se necesitan compañías farmacéuticas que desarrollen ensayos clínicos en colaboración con hospitales. Es un proceso más complejo y tiene que haber un interés de una compañía que disponga de recursos”, asegura.

(Foto: EFE)
(Foto: EFE)

“Cuando se habla de un tiempo corto para desarrollar la vacuna, como los chinos, que dicen que estará lista en 40 días, en realidad se está hablando de un prototipo que hay que probar con animales, no de una vacuna comercial que se aplique en las personas”, apunta Segalés.

De hecho, “con el SARS y el MERS, se desarrollaron fantásticos prototipos vacunales que funcionaban muy bien, pero ninguna de estas dos vacunas está en el mercado”, comenta el investigador del IRTA. En el caso de SARS es lógico, porque los brotes desaparecieron en 2004. Sin embargo, aún hay casos de MERS en la península arábiga.

Si no hay un negocio detrás, va a ser difícil que alguien apueste por desarrollar una vacuna y comercializarla

No obstante, “la pregunta es cuál será el porcentaje de personas que pueden llegar a vacunarse. Aquí la industria juega un papel clave. "¿Quién quiere desarrollar una vacuna de estas características a no ser que sea un Gobierno? Si no hay un negocio detrás, va a ser difícil que alguien apueste por desarrollar una vacuna y comercializarla", añade Segalés.

Además, el experto considera que habrá que tener en cuenta qué colectivos se van a vacunar. “Cada día hay más casos, pero esto durará unas semanas o unos meses como mucho, la epidemia bajará, porque es el comportamiento habitual de estos brotes. Así que cuando tengamos un prototipo vacunal potencial, que tardará en llegar, ¿se va a querer utilizar?”, se pregunta.

¿Quién debería vacunarse?

La falta de datos y de perspectiva sobre la epidemiología de la enfermedad hace que este futuro desarrollo aún sea una incógnita. ¿Sería necesario vacunar a colectivos de riesgo? ¿A toda la población? “Claramente, vemos que la gente mayor y quienes sufren otras enfermedades son más vulnerables. Sin embargo, para cuando se pueda tener una vacuna disponible, que pueden pasar meses y años, ¿cómo estaremos desde el punto de vista epidemiológico? No lo sabemos”, señala el experto.

Además, “podría haber reservorios animales importantes para el mantenimiento de la infección y en ese caso se podría plantear la necesidad de vacunar a esos animales”, apunta. De hecho, se ha planteado para MERS. “No se ha hecho, pero se ha pensado vacunar a los dromedarios de la península arábiga, porque en este caso es más fácil la transmisión del camélido a la persona que de persona a persona”, explica.

Los murciélagos son uno de los principales reservorios de los coronavirus. (Foto: EFE)
Los murciélagos son uno de los principales reservorios de los coronavirus. (Foto: EFE)

Por otra parte, Isabel Sola considera que el conocimiento que se está generando con toda esta investigación acelerada también podría servir para desarrollar terapias. “No nos dedicamos solo a estudiar el virus como tal, sino su interacción con la célula. Esto nos lleva a conocer cuáles son los mecanismos de la enfermedad y podemos encontrar posibles dianas terapéuticas”, puntos débiles que permitirían atacarlo con fármacos.

“Hay terapias que en su día se generaron en el ámbito de las investigaciones contra el virus del SARS”, apunta Segalés, “que, aparentemente, podrían encajar también en este caso”, conocida la similitud entre ambos coronavirus.

En cualquier caso, el investigador del IRTA se pregunta si habrá una financiación pública que permita avanzar por estas vías. “Nos podemos quedar en el primer paso, y eso es lo triste. Por experiencia, sabemos que estas crisis estimulan a los políticos de forma inmediata, porque hay un problema y hay que hacer algo, pero cuando la epidemia esté en fase de bajada, el estímulo a invertir en investigación tiende a atemperarse. Las investigaciones necesitan tiempo, la vacuna la queremos para ayer porque hoy tengo el problema, pero eso no es posible”, afirma.

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