la tasa de mortalidad es aún muy baja

Alerta por el virus de Wuhan: ¿cuándo habría que empezar a preocuparse de verdad?

El de Wuhan es el séptimo coronavirus encontrado en humanos, pero sólo ha habido dos epidemias graves: el SARS de 2003 y el MERS en 2012. ¿Es tan grave como entonces?

Foto: (Reuters)
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La infección que ha puesto en cuarentena a 20 millones de personas en torno a Wuhan y sigue cobrándose vidas en China es un nuevo tipo de coronavirus que se ha llamado 2019-nCoV. Generalmente, los virus de este tipo que circulan entre humanos provocan enfermedades leves, desde resfriados comunes a infecciones gastrointestinales. Entre los animales también son muy frecuentes. Los problemas graves llegan cuando mutan y consiguen saltar la barrera entre especies, pasar de animales a humanos, e incluso transmitirse de persona a persona.

Es lo que ocurrió en 2003 con el síndrome respiratorio agudo grave (SARS por sus siglas en inglés). Surgió en la provincia de Guangdong, en el sureste de China, y era un virus desconocido que provocaba una neumonía atípica, con fiebre y problemas para respirar. Los viajeros lo propagaron muy rápido dentro y fuera del país asiático.

Las cifras oficiales de la OMS indican que entre noviembre de 2002 y julio de 2003 se registraron 8.422 casos en 29 países. De ellos, fallecieron 916 personas, es decir, el 10,8% de los afectados. China (especialmente afectada, con 5.327 enfermos y 349 muertes), Hong Kong y Taiwán concentraron la inmensa mayoría de los casos, aunque Canadá también destacó, llegando a registrar 250. España notificó un solo caso importado que fue dado de alta en poco tiempo.

A estas alturas es difícil establecer equivalencias entre esta epidemia y el coronavirus de Wuhan, pero si acaban por parecerse, es interesante analizar la evolución que tuvo el SARS. En la curva epidémica o representación gráfica del número de afectados, se aprecia claramente un pico máximo el 28 de marzo, con 140 nuevos casos. La ONU había declarado la alerta mundial menos de dos semanas antes, el 15 de marzo. El 1 de mayo se produce un repunte importante, de unos 120 casos, que mantuvo los niveles elevados una semana.

(EFE)
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En esas fechas, el número total de pacientes infectados alcanza el máximo, con más de 3.500 en todo el mundo. También el ratio de mortalidad alcanza récords, más allá del 20%. Sin embargo, ambas cifras caen vertiginosamente a partir de entonces. A finales de junio apenas quedan pacientes y el último caso diagnosticado aparece el 11 de julio.

Según expliaca Ignacio López-Goño, catedrático de Microbiología de la Universidad de Navarra, en la revista Investigación y Ciencia, el SARS permitió documentar por primera vez cómo un virus respiratorio puede transportarse por todo el planeta gracias a los vuelos internacionales en apenas unas semanas. Sin embargo, también constituyó “la respuesta más efectiva y rápida en la historia de la OMS” a la hora de controlar una epidemia. La alerta que lanzó este organismo y la colaboración internacional que suscitó resultaron tremendamente eficaces.

La investigación científica también lo fue. En pocas semanas se consiguió describir el nuevo virus y las bases de datos de la secuencia completa de su genoma, un verdadero logro en aquellos años. Menos claro quedó el origen y la propagación, pero parece que surgió en pequeños mamíferos de China y que, una vez dado el salto a los humanos, el contagio podía ocurrir por simples toses o estornudos.

El MERS de Oriente Medio

Antes del SARS sólo se habían descrito dos tipos de coronavirus humanos y eran de los que no causaban preocupaciones. El de Wuhan ya es el séptimo, pero desde entonces hasta ahora sólo otra epidemia ha hecho saltar las alarmas. Fue en 2012 y se llamó Síndrome Respiratorio del Oriente Medio (MERS, del inglés Middle East Respiratory Syndrome) porque su origen estuvo en Arabia Saudí.

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Fiebre, tos, diarrea, vómitos: de nuevo un coronavirus que se salía de lo habitual, pero con muchos paralelismos con el SARS. Esta vez el origen estaba en camellos y dromedarios y en el estrecho contacto que tienen con ellos la población de Oriente Medio, que llega a beber leche de camello y dromedario recién ordeñada, a comer su carne poco cocinada e incluso a beber su orina, prácticas desaconsejadas por la OMS.

La incidencia del MERS ha sido muy diferente. No tuvo una irrupción tan vertiginosa, pero se ha mantenido en el tiempo. Hasta 2017 se habían confirmado más de 2.000 casos, el 82% en Arabia Saudí, aunque ha llegado a otros 26 países, incluido un brote de cierta magnitud en Corea del Sur en 2015. En España ha habido algún caso de personas que han viajado al país saudí.

Sin embargo, la mortalidad es mucho más elevada que en la epidemia de SARS: casi el 35% de los pacientes acaba falleciendo. La mayoría son personas de más de 60 años que tienen otras afecciones, como diabetes, hipertensión o insuficiencia renal.

La población más susceptible

Al comparar los datos con los anteriores dos coronavirus procedentes de animales, quizá lo más llamativo es que la mortalidad del 2019-nCoV es muy inferior: por el momento, menos del 3% (26 muertes de entre los más de 900 casos confirmados a la hora del cierre de este artículo).

Hasta ahora, la inmensa mayoría de los fallecidos están por encima de los 60 años, un dato que también está en sintonía con lo ocurrido en las anteriores epidemias. Curiosamente, en la del SARS la mortalidad en Canadá fue mucho más elevada que en China (fallecieron el 17% de los pacientes en el país norteamericano frente al 7% registrado en el país de origen del virus) y la explicación está clara: mientras que en Asia se contagiaron muchos jóvenes que superaron la enfermedad con mayor facilidad, los canadienses afectados eran en su mayor parte de edad avanzada.

(Reuters)
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Por otra parte, los primeros casos de fallecimientos en Wuhan también indican que afecta mucho más a los hombres que a las mujeres, pero se desconoce cuál es la razón o el mecanismo biológico o molecular que puede explicarlo.

Bajo riesgo en España

En cualquier caso, en España el Ministerio de Sanidad considera que el riesgo de contagios es bajo, teniendo en cuenta que no existen vuelos directos a Wuhan y que no es un destino turístico habitual, aunque reconoce que la gran movilidad de viajeros que provoca el Año Nuevo Chino incrementa el riesgo.

Tras los momentos de tensión vividos este viernes, cuando Sanidad descartó dos posibles casos que estaban en estudio en España en relación al coronavirus, se sigue manteniendo la prudencia sobre el impacto real que esta alerta sanitaria tendrá en nuestro país.

No obstante, si llega algún caso importado procedente de la zona de riesgo, como sucedió con el SARS y con el MERS, la probabilidad de que el virus se transmita de persona a persona “no es elevada”, según la información que manejan los expertos. Además, en caso de que esto suceda, tampoco tendría un gran impacto en la salud pública, según el Ministerio.

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