A RÍO REVUELTO, GANANCIA DE FUMADORES

Guerra entre los antitabaco mientras en España los fumadores siguen creciendo

El número de personas que fuma se sitúa a niveles anteriores a la Ley Antitabaco de Zapatero. Para Sanidad la estrategia a seguir está clara... pero para muchos expertos es totalmente errónea

Foto: Una mujer fuma mientras habla por el móvil. (Valentin Ogirenko / Reuters)
Una mujer fuma mientras habla por el móvil. (Valentin Ogirenko / Reuters)

Esta semana, la ministra de Sanidad en funciones María Luisa Carcedo inauguraba unas jornadas sobre reducción del tabaquismo en la sede de su ministerio. "Las nuevas formas de fumar crean adicción y tienen efectos perjudiciales para la salud", dijo la titular de la cartera. "Se trata de un travestismo del consumo de tabaco con el mensaje subliminal de que no es perjudicial para la salud".

A unos pocos kilómetros de allí, el doctor Fernando Fernández Bueno, cirujano oncológico en el Hospital Gómez Ulla de Madrid, estaba ya en casa tras una mañana pasando consulta. El médico, que hace también de portavoz de la Plataforma para la Reducción del Daño por Tabaquismo, trató sin éxito de ser invitado a las jornadas, pero su forma de ver el problema, denuncia, no coincide con la versión oficial del Ministerio y los expertos allí reunidos.

"Ha sido bastante curioso", explica Fernández Bueno a El Confidencial, "era un evento público, decían que cualquier profesional de la salud se podía acercar e informarse más sobre dispositivos de liberación de nicotina, terapias…". En un primer lugar les dieron el visto bueno para acudir al evento, pero la invitación fue retirada a los pocos días. "Nos rechazaron y vetaron", dice el cirujano, "luego yo por mi cuenta lo intenté como un médico más, para escuchar, y también lo han rechazado".

Ambas partes, básicamente, luchan contra el consumo de tabaco pero de una forma tan divergente que les ha llevado a enfrentarse públicamente.

Las dos posturas

La Plataforma para la Reducción del Daño por Tabaquismo defiende, básicamente, que hay gente que no puede dejar de fumar por sí sola y que los dispositivos de liberación de nicotina —cigarrillos electrónicos o vapeadores— sirven para, en primer lugar, sustituir el tabaco por una alternativa menos nociva y, además, con la que resultaría más sencillo abandonar la adicción a la nicotina por completo.

Frente a esto, la versión oficial que promueve Sanidad es que estos dispositivos son la respuesta de la industria a un entorno cada vez más hostil para el tabaco. Los adláteres de esta visión apuntan —algunos de forma velada y otros sin tanta sutileza— a quienes defienden el cigarrillo electrónico como 'untados' por la industria tabacalera.

Un hombre vapea en una tienda de cigarrillos electrónicos suiza. (Arnd Wiegmann / Reuters)
Un hombre vapea en una tienda de cigarrillos electrónicos suiza. (Arnd Wiegmann / Reuters)

En las jornadas de tabaquismo del Ministerio, organizadas a medias con la Asociación Nacional de Informadores de la Salud, las pullas eran continuas para quien las supiera leer. "Yo, en teoría, paso por experto en reducción de daños", dijo Francisco Javier Ayesta, profesor de Farmacología y Trastornos Adictivos en la Universidad de Cantabria y firme opositor de las nuevas formas de consumo de nicotina. "Hay gente que discrepa, pero bueno…"

La propia Carcedo hacía un guiño a uno de los ponentes durante su intervención: "Rodrigo siempre alertaba sobre la versatilidad de la industria del tabaco", refiriéndose a Rodrigo Córdoba, médico de atención primaria y antaño presidente del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo, cuya charla tildaba de "fantasía" la idea de reducir el daño mediante el uso de estas alternativas.

"Me encantaría poder discutirlo con él", apunta Fernández Bueno. "Le debe parecer una fantasía igualmente la utilización del cinturón de seguridad. Cuando uno tiene un accidente puede provocarle un moratón o fractura, aunque te salva la vida, así que no debe quererlo. Y la metadona también debe ser una fantasía, igual que otras muchas utilizaciones de la reducción de daños que se usan diariamente en nuestra vida. Y me gustaría también saber el punto de vista científico para esa negativa", dice el cirujano.

Mientras tanto, en España, el número de fumadores ha repuntado. Según la encuesta bianual sobre alcohol y drogas (EDADES) que encarga Sanidad, en 2017 un 34% de los españoles fumaba a diario, por encima del 30,8% de 2015 o el 32,8% de 2005, antes de que entrara en vigor la primera Ley Antitabaco de Zapatero, posteriormente endurecida en 2010. A lo largo de 2019 se verá si la tendencia sigue al alza, aunque la última encuesta sobre tabaquismo de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria, donde los fumadores aumentan un 3,3% respecto a hace dos años, apunta a que así será.

"La ley antitabáquica fue una medida maravillosa, pero creo que ha llegado a su límite", dice el cirujano, para quien las medidas de prevención y aumento de impuestos ya no bastan. "Si te suben los impuestos, aparece el mercado negro, y si se prohíbe la gente sale a la calle", dice Fernández Bueno. "Esto va dirigido a un grupo de fumadores concreto: los que no quieren o pueden dejar de fumar, así que además de ofrecerles las vías tradicionales por qué no también un cambio a un nuevo producto que sea menos dañino como los cigarrillos electrónicos o dispositivos de liberación de nicotina, vaporizadores".

"Está testado que son mejores que el tabaco, lo ideal es no fumar nada, pero mejor esto que nada", añade.

Estudios a la carta

¿Qué dice la ciencia sobre todo esto? Básicamente, lo que usted quiera que diga. Los estudios científicos y análisis abundan, en ocasiones hasta señalan en direcciones opuestas, así que ambas posturas tienen un arsenal casi ilimitado de literatura médica para lanzar a la cabeza de la otra.

En las jornadas del ministerio, Filippos Filippidis, del Imperial College de Londres y la Sociedad Respiratoria Europea —una organización sin ánimo de lucro— señaló que "no tenemos suficientes evidencias de que los cigarrillos electrónicos sean útiles, y de hecho algunos de los estudios que se han hecho muestran que cuando se usan es menos probable dejar de fumar". Para Filippidis y el resto de los expertos reunidos en la sede del Paseo del Prado, la única forma documentada para dejar de fumar son los dos tipos de tratamientos ya existentes tutelados por los médicos.

La ministra María Luisa Carcedo presenta la campaña institucional contra el tabaco este miércoles en Madrid. (Fernando Alvarado / EFE)
La ministra María Luisa Carcedo presenta la campaña institucional contra el tabaco este miércoles en Madrid. (Fernando Alvarado / EFE)

El primero es la terapia sustitutiva con nicotina, que emplea recursos como chicles, parches, pastillas o sprays de nicotina para suplir la abstinencia. El segundo es la terapia farmacológica, habitualmente con bupropión o vareniclina. Los 'powerpoint' esa tarde señalaban las asunciones sobre el cigarrillo electrónico o los vapeadores en negrita como "evidencia inconclusa", "efectivos en entornos clínicos controlados, no a nivel poblacional", "inefectivo", "sin datos sobre el tabaco calentado".

Entre los estudios más mencionados está uno, publicado en 'European Addiction Research' en 2014 y que mostraba que los cigarrillos electrónicos tienen un 95% menos de riesgo para la salud que los convencionales. Si es mencionado es precisamente porque está financiado por dos organizaciones con vínculos a tabacaleras como British American Tobacco o Philip Morris International.

Pero también hay estudios que señalan todo lo contrario. "Algunos dirán que cogemos solo los estudios que nos interesan, pero también introducimos los que hablan sobre los daños que provoca el cigarrillo electrónico y también los subimos [a su web], pero son estudios con bajo potencial, en treinta o dos pacientes", dice Fernández Bueno.

Más difícil es obviar la evidencia de algunos países de nuestro entorno, pioneros al emplear estos dispositivos de liberación de nicotina como alternativas terapéuticas. Para este grupo de médicos, la referencia es Reino Unido. "La evidencia más importante es el informe del Royal College of Physicians británico", explica Fernández Bueno. Este informe dice cosas diametralmente opuestas a nuestro Ministerio de Sanidad: que los cigarrillos electrónicos no son una puerta de entrada al tabaco porque solo suelen utilizarlos quienes ya fumaban, que no contribuyen a re-normalizar el hecho de fumar y que ayudan a mucha gente a dejar este pernicioso hábito.

Y está funcionando. En los últimos años, el número de fumadores ha bajado del 33% al 15% coincidiendo con esta estrategia, en la que los médicos de atención primaria valoran los vapeadores como herramientas para el cambio. "Reducen la nicotina y luego terminan dejándolos también", insiste el cirujano oncológico del Gómez Ulla. "Es igual que lo que pasó con la heroína en los ochenta y noventa, estos adictos a la droga eran un problema de salud y social, pero el uso de la metadona, que sigue siendo un opiáceo, ha logrado que todos estos pacientes en lugar de inyectarse heroína con todos los problemas que conlleva —robos, VIH o sepsis— lograran desengancharse".

Nuevos planes, idénticas estrategias

Los datos que aparecen en la última encuesta EDADES apuntan claramente a un colectivo como responsable del rebrote del tabaco en España: los ciudadanos de los grupos de 45 a 54 años y, en segundo lugar, de 25 a 34.

A Sanidad, sin embargo, parece preocuparle más el consumo de cigarrillos electrónicos entre adolescentes, más pronunciado que entre el resto de la población. "El número de españoles que ha usado alguna vez un cigarrillo electrónico se sitúa en el 9%, cifra que aumenta hasta el 13% entre los de 15 a 24 años", explicaba la ministra en funciones, que anunció a continuación una campaña orientada a la población joven para eliminar falsos mitos sobre pipas de agua, cigarrillos electrónicos o vapeadores".

Es decir, una campaña no dirigida a los españoles de mediana edad con un cigarro de nuevo en la boca, sino a aquellos adolescentes que en algún momento han probado el vapeador. La campaña se presentó al día siguiente, el miércoles 4 de septiembre, con el lema 'El tabaco ata y te mata' y la imagen de dos jóvenes portando un vapeador y una pipa de agua.

Imagen de la campaña 'El tabaco ata y te mata'. (@SanidadGob)
Imagen de la campaña 'El tabaco ata y te mata'. (@SanidadGob)

La reacción de la Asociación Española de Usuarios de Vaporizadores Personales fue de estupefacción: "El Ministerio de Sanidad confunde a la ciudadanía alegando en su nueva campaña que los productos del vapor matan".

"Entendemos que una asociación como la CNPT o la European Network for Smoking and Tobacco Prevention (ENSP) se nieguen, o no se atrevan, a debatir en público con la comunidad científica y médica el potencial de los vaporizadores personales, pero no podemos entender que la ministra de Sanidad no quiera escuchar todos los puntos de vista” afirmaba en un comunicado Ángeles Muntadas-Prim, presidenta de la asociación. Queda una vez más patente la tensión entre diferentes plataformas que, en teoría, buscan lo mismo: alejar a los ciudadanos del tabaco.

¿Los vapeadores son tabaco?

No es la primera vez que Sanidad incide en esta confusión entre dispositivos susceptibles de liberación de nicotina (vapeadores o cigarrillos electrónicos) y productos de tabaco calentado o tabaco sin combustión. Estos últimos son una evolución tecnológica de los cigarrillos que están fabricados por las tabacaleras, contienen cartuchos de tabaco y, a diferencia de los vapeadores, sus riesgos para la salud están bien documentados. El propio ministerio reconocía en un documento esta semana que "las campañas de comunicación surgidas recientemente sobre cigarrillos electrónicos transmiten conceptos que pueden generar confusión sobre los riesgos y efectos asociados al uso de estos productos". 'Quod erat demonstrandum', según se ha podido comprobar poco después.

La industria conocida como Big Tobacco es la principal beneficiada de este cruce de reproches entre los colectivos antitabaco. Como se suele decir, a río revuelto ganancia de pescadores. Sus abogados tratan, precisamente, de reclasificar sus productos de tabaco calentado (en España solo se comercializa el Iqos, el resto son vapeadores que liberan nicotina) como sistemas de reducción de daño equiparables a los cigarrillos electrónicos. El objetivo es que, potencialmente, este tabaco 2.0 pueda ser ofrecido como alternativa para dejar de fumar tabaco convencional.

Además, ser reclasificados significaría también reducir el nivel de impuestos que pagan estos productos, que en España —como ocurre en el resto de países de Europa Occidental— suponen casi un 80% del precio de venta.

De momento no están teniendo éxito, aunque esto no impide que tanto los vapeadores como el Iqos de Philip Morris (su competencia, British American Tobacco y JT International, también tienen sus propios dispositivos de tabaco calentado, Glo y Ploom respectivamente, aunque estos no han llegado aún a España) sean publicitados en revistas y marquesinas de nuestro país, incrementando aún más la confusión entre ambos tipos.

Después de tantos años sin ver anuncios de nicotina, han vuelto al terreno de juego

"Teníamos esta batalla casi ganada y ahora hay que empezar de nuevo", expone Juan Manuel Rey Pino, profesor de 'marketing' en la Universidad de Granada. "Después de tantos años sin ver anuncios de nicotina, han vuelto al terreno de juego". En las calles de Madrid, por ejemplo, una campaña reciente de publicidad de Blu fue rápidamente contrarrestada por otra de Juul, los USB con nicotina que en EEUU han llegado a tener un 70% de cuota de mercado. Iqos, por su parte, patrocina actualmente un 'café-coworking' en Alonso Martínez pese a tener la misma consideración publicitaria que los cigarros tradicionales.

En redes sociales como Twitter o Instagram, la batalla está absolutamente perdida. "Las redes sociales son un campo muy difícil de controlar por la sanidad pública", apunta Rey Pino. "Te puedes esconder mucho y un anuncio se puede lanzar desde cualquier país y llegar a cualquier adolescente que quiera verlo".

Además, este nuevo tabaco que se vende como un producto tecnológico y con 'glamour' en tiendas más parecidas a una Apple Store que a un estanco, emplean estrategias en red que para este experto en 'marketing' eran inéditas. "Nunca había visto un producto de gran consumo como el Iqos utilizar así la venta personal piramidal", dice, "lo había visto en muchos sectores pero jamás en las tabacaleras".

Rey Pino se refiere al uso de 'influencers' como comerciales de estos productos. Dentro de sus políticas, Facebook e Instagram prohíben que sus anuncios sirvan para promocionar tabaco o productos derivados, incluidos "pipas, hookah, tabaco de mascar, vaporizadores o cigarrillos electrónicos". Sin embargo, siempre hay formas de rodear estas restricciones.

Una 'influencer' contacta en Instagram con alguien que le pregunta por Iqos. (EC)
Una 'influencer' contacta en Instagram con alguien que le pregunta por Iqos. (EC)

Por ejemplo, seleccionando 'embajadores' de la marca que se encargan de insertar el producto dentro de su estilo de vida, desenfadado y lujoso. O como decía el 'briefing' de una campaña realizada para el vapeador MyBlu por La Despensa: "Con mucho estilaso".

Mientras todas estas campañas tienen un éxito considerable entre la población joven y la de mediana edad está volviendo al pitillo tradicional, "las autoridades sanitarias advierten de que fumar tabaco perjudica seriamente a la salud", pero en realidad, no saben cómo lograr que España deje el vicio.

Ciencia

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
7 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios