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El debate del tabaco sin combustión: ¿debe ser un producto para dejar de fumar?

¿Es el tabaco sin combustión menos perjudicial que el de toda la vida? ¿Puede ser una alternativa para quienes quieren dejar de fumar? Se lo hemos preguntado a los expertos

En un giro radical de su modelo de negocio, Philip Morris anunciaba en 2017 su apuesta por llegar a un mundo sin humo. La mayor empresa tabaquera del mundo se proponía sustituir el cigarrillo tradicional por el tabaco sin combustión –que también tiene nicotina– mediante el uso de iQOS, un dispositivo de tabaco sin humo ni combustión que la multinacional estadounidense introdujo en nuestro país en 2016. Ahora, la propietaria de marcas como Marlboro, Chesterfield o L&M, se ha fijado un nuevo objetivo: que en 2025 el 30% de las ventas sean productos sin combustión.

Países como Inglaterra o Estados Unidos han aceptado recientemente el uso de los cigarros electrónicos como alternativa a los tratamientos farmacológicos para dejar de fumar. En España, sin embargo, los responsables de definir políticas públicas se han opuesto a regular estos productos como herramienta complementaria a las estrategias existentes de cesación y prevención del hábito de fumar. El debate está sobre la mesa, ¿contribuyen realmente a reducir el daño en aquellas personas que no pueden o no quieren dejar los cigarros atrás? De ser así, ¿deberíamos contemplar estos productos en el marco de un tratamiento reglado?

"Con los productos sin combustión el peaje que paga el fumador de tabaco es mucho menor" (Joan Grimalt, CSIC)

Para responder a estas y otras preguntas hemos hablado con referentes en la investigación y los efectos del tabaco sin combustión sobre la salud como José María García Basterrechea, jefe de la Unidad de Desintoxicación Hospitalaria del Hospital General Universitario de Murcia; Joan Grimalt, catedrático de Química Ambiental del CSIC y Francisco Zaragozá, catedrático de Farmacología de la Universidad de Alcalá en la mesa redonda ‘Los productos sin combustión y la reducción del daño por tabaquismo’ organizada por El Confidencial en colaboración con Philip Morris.

Las diferencias: tradicional vs sin combustión

Los expertos advierten que existe mucha confusión alrededor de las diferencias entre el tabaco tradicional y los cigarrillos sin combustión. El tabaco convencional se quema a temperaturas por encima de los 800 grados centígrados, lo que conlleva una serie de cambios irreversibles en la composición química del tabaco, debido a las altas temperaturas. El humo que se libera es portador de más de 7.000 sustancias tóxicas para el fumador, de las cuales alrededor de 100 son dañinas y están estrechamente relacionadas con el desarrollo de enfermedades vinculadas al tabaquismo.

Para Joan Grimalt, la diferencia es que "mientras quemar produce muchos productos tóxicos como el benceno o el tolueno, cuando no hay combustión los productos tóxicos están, pero en concentraciones mil veces inferiores". En este sentido, según Grimalt, "todos los expertos coinciden en que los productos sin combustión son una manera de administrar nicotina por vía respiratoria donde el peaje que paga el fumador de tabaco es mucho menor".

Carlos Hernanz (El Confidencial) y Joan Grimalt, catedrático de Química Ambiental del CSIC.
Carlos Hernanz (El Confidencial) y Joan Grimalt, catedrático de Química Ambiental del CSIC.

Entonces, ¿tienen algo en común? Para Grimalt no hay que olvidar que el tabaco de toda la vida y los cigarros sin combustión así como el electrónico, "aunque son tres productos totalmente diferentes, son tres maneras de suministrar nicotina por vía pulmonar". Con discrepancia del pensamiento generalizado, la nicotina –sin ser inocua– no es en sí misma un factor de riesgo primario para la salud, según los expertos con los que hemos hablado. De hecho, apuntan que las principales causas de muerte atribuibles al consumo de tabaco -cáncer de pulmón, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y la enfermedad cardiovascular- están ligadas a la presencia de sustancias dañinas presentes en el humo del tabaco y no a la nicotina.

Esto, para Grimalt,"no quiere decir que la nicotina no sea un veneno, pero todo depende de la dosis". José María García Basterrechea coincide en que "la nicotina está demonizada porque es la que crea adicción y se ha utilizado para aumentar el consumo y, en consecuencia, las ventas". Sin embargo, "la adicción tiene que ver también con la personalidad y, en personas que son más vulnerables, el tabaco se convierte casi en un fármaco para afrontar situaciones de ansiedad, tristeza, etc.". Por ello, ante la adicción "los pacientes tienen que entender que no es su culpa, pero sí su responsabilidad".

Una alternativa farmacológica en Inglaterra

En 2017, el Departamento de Salud de Inglaterra publicó su nuevo Plan para el Control del Tabaco titulado 'Towards a smoke free generation' –'Hacia una generación libre de humo'–. El documento afirmaba que el Gobierno apoyaría a los fumadores que no han podido o querido dejar de fumar a adoptar el uso de alternativas al cigarrillo tradicional como forma de reducir la exposición al humo del tabaco. Si el tabaco calentado o sin combustión representa realmente una reducción media del daño de hasta el 95% en comparación al cigarrillo convencional, como indican las investigaciones de Philip Morris International, ¿por qué España no contempla incluirlos en los tratamientos para dejar de fumar?

"La adicción tiene que ver también con la personalidad" (José María García Basterrechea, Hospital de Murcia)

Más allá de su regulación, la recomendación por parte del Gobierno no sería necesaria en opinión de Joan Grimalt, pero "existe un cierto temor político a asumir la recomendación de estas alternativas en España. En cambio, los británicos son más pragmáticos y quizá por eso es el país donde ha habido menos problemas en la introducción de estas técnicas como método terapéutico".

El problema es que, contra el 60-70% de fumadores que quieren dejarlo, hay un 30% que no tiene intención de hacerlo. Ante estos datos, José María García Basterrechea se pregunta: "¿Qué hacemos con los pacientes a los que insistimos día tras otro y que al final dejan de venir porque se cansan? ¿Por qué no incorporarlos a un tratamiento reglado?" El experto cree que "bien informados, podemos recomendar estas alternativas para mejorar la calidad de vida de los fumadores y plantearlo como un objetivo intermedio para aquellos que van a dejar de fumar o como objetivo único para los que nunca podrán dejarlo".

José María García Basterrechea, jefe de la Unidad de Desintoxicación Hospitalaria del Hospital General Universitario de Murcia.
José María García Basterrechea, jefe de la Unidad de Desintoxicación Hospitalaria del Hospital General Universitario de Murcia.

Para Basterrechea una de las razones de la negativa se encuentra en que "hay un déficit de formación en la salud pública que puede tener relación con que no se regulen estos tratamientos alternativos, ya que cuando los pacientes quieren dejar de fumar, muchas veces, se les recomienda fuerza de voluntad, algo que sería impensable con cualquier otro tipo de adicción".

"Las tabacaleras deberían someterse al estudio de sus productos porque hasta que no haya investigaciones científicas no vamos a tener conclusiones y, aunque hasta ahora nos atrevemos a decir que es una alternativa, no podemos hacer recomendaciones sanitarias porque no son un producto farmacéutico". Frente a esta duda, Basterrechea prefiere esperar "a ver cómo funciona el ejemplo de Inglaterra y comprobar si estamos ante una alternativa científica basada en la evidencia o una alternativa más de las tabacaleras".

"El tabaco es un problema recurrente, porque los jóvenes vuelven a fumar" (Francisco Zaragozá, Universidad de Alcalá)

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el consumo de tabaco es la primera causa evitable de enfermedad, invalidez y muerte prematura en el mundo. Cada año en Europa el tabaquismo provoca 1,2 millones de muertes mientras que en España perecen más de 50.000 personas. Fumar está directamente relacionado con la aparición de muchas enfermedades, principalmente cardiovasculares, respiratorias y diferentes tipos de cáncer. ¿Es posible un mundo de no-fumadores?

Para Francisco Zaragozá "todavía queda mucho por hacer porque es evidente que quedan bastantes fumadores y, dada la incidencia que tiene el tabaco en la salud del ser humano, habría que tomar medidas todavía más coercitivas". En su opinión, es necesaria "más información donde se afirme que la nicotina no es precisamente lo nocivo, sino que son los productos de combustión los que generan más enfermedades".

Francisco Zaragozá, catedrático de Farmacología de la Universidad de Alcalá.
Francisco Zaragozá, catedrático de Farmacología de la Universidad de Alcalá.

Ejemplo de la falta de información asequible es que el tabaquismo "es un problema recurrente, porque si bien los mayores saben que tienen que dejarlo, los jóvenes vuelven a empezar a fumar y lo más importante es que las nuevas generaciones sepan por qué el tabaco es nocivo".

Los expertos están de acuerdo en que "las políticas de salud pública en el ámbito del tabaquismo se tienen que endurecer" pero, dado que la transición hacia un mundo libre de humo no va a suceder de un día para otro, a Zaragozá no le cabe duda que "el tabaco hay que erradicarlo, pero para aquellas personas que no pueden o no quieren dejar de fumar hay que ofrecerles otras alternativas donde se minimicen los efectos nocivos".

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