EN LA MISIÓN ARTEMIS 3 DE 2024

Europa quiere que Samantha sea la primera mujer en pisar la Luna, pero ¿puede pagarlo?

El primer hombre, ya lo sabemos, fue estadounidense. Y el segundo. La primera mujer llegará en unos cuatro años y la ESA tratará de que la italiana esté en ese vuelo. El precio: 500M al año

Foto: Samantha Cristoforetti en la ISS. (ESA)
Samantha Cristoforetti en la ISS. (ESA)

Justo cuando se cumplen 50 años de la misión Apollo 11 que puso al ser humano por primera vez en la Luna, el interés por enviar exploradores a nuestro satélite vuelve a reactivarse. Se suponía que aún tardaríamos cerca de una década en ver a otra persona caminar sobre el polvoriento suelo lunar, pero Estados Unidos —que ya envió a 24 astronautas a la órbita de nuestro satélite o a su superficie entre finales de los sesenta y principios de los setenta— ha apretado el acelerador y pretende regresar antes de lo planeado.

Durante el gobierno Obama, las ambiciones lunares se frenaron debido a las restricciones presupuestarias, pero ahora Trump las ha acelerado y pretende hacerlo realidad hacia el final de su (eventual) segundo mandato. El objetivo es poner "a la primera mujer y al siguiente hombre" en la superficie lunar para 2024. En su discurso del pasado 4 de julio en Washington, se dirigió a Gene Kranz, director de vuelo del programa Apollo: "Gene, quiero que sepas que vamos a volver a la Luna muy pronto y, algún día cercano, plantaremos la bandera americana en Marte".

La misión Artemis 3 es la dispuesta para este fin, y aquí se depositan las esperanzas de la ESA de que esa histórica primera mujer en la Luna haya nacido en un país de la Unión Europea, más concretamente en Italia, origen de la astronauta Samantha Cristoforetti, actualmente la única mujer entre los 13 astronautas europeos en activo. Esta semana, fuentes de la Agencia Espacial Europea confirmaban en su sede de Villanueva de la Cañada la apuesta por la piloto milanesa, que a sus 42 años tiene el récord femenino de permanencia en el espacio: 199,7 días en la misión que la llevó a la Estación Espacial Internacional.

Al respecto, tenemos una noticia buena y una noticia mala. La buena es que Cristoforetti no tendrá demasiada competencia de otras naciones del mundo ajenas a la misión Artemis. China y Rusia han mostrado interés por llevar a la Luna a sus propios astronautas, pero debido a los altísimos costes que conlleva una misión tripulada (unos 500 millones de euros anuales durante varios años) sus planes se sitúan más allá de 2030.

Europa, por su parte, lleva colaborando en Artemis 3 con la NASA y varias corporaciones privadas, y he aquí la mala noticia: la principal competencia para la astronauta italiana vendrá de Estados Unidos. Actualmente, la agencia espacial norteamericana cuenta con 12 mujeres astronautas en activo: Serena Auñón-Chancellor, Tracy Caldwell Dyson, Jeannette Epps, Christina Koch, Nicole Aunapu Mann, K. Megan McArthur, Anne McClain, Jessica Meir, Kathleen Rubins, Shannon Walker, Stephanie Wilson y Sunita Williams, anterior récord femenino de permanencia espacial hasta que Cristoforetti se lo arrebató.

Samantha Cristoforetti charla con Angela Merkel en Berlín. (Reuters)
Samantha Cristoforetti charla con Angela Merkel en Berlín. (Reuters)

Que Samantha Cristoforetti tiene todo lo necesario —física, técnica y mentalmente— para ser la primera mujer en pisar la Luna es evidente, pero por desgracia la decisión no se hará solo basándose en los méritos como astronauta de las candidatas sino también en cuestiones diplomáticas y, sobre todo, de financiación.

Algunas de estas preguntas comenzarán a responderse en Sevilla a finales de noviembre, que es cuando tiene lugar el Consejo Ministerial de la Agencia Espacial Europea o Space19+ donde se decidirá, por ejemplo, si en 2020 hay una nueva convocatoria de astronautas. La última, de la que salió Cristoforetti y otros seis astronautas escogidos de entre 1.000 solicitudes, tuvo lugar en 2009. "Si la financiación es adecuada, en la próxima década veremos a un europeo en la Luna", explican desde la ESA.

La misión Artemis

Aunque inicialmente la nave Orion, fabricada entre la estadounidense Lockheed Martin y la europea Airbus, estaba prevista para seis ocupantes, las tiranteces presupuestarias limitaron la ocupación a cuatro plazas: un comandante, un piloto y dos especialistas de misión. En principio las dos primeras plazas serán para astronautas yanquis, pero la ESA quiere hacer valer las inversiones realizadas en el programa.

Ilustración de Orion (a la derecha) antes de acoplarse en el Getaway. (ESA)
Ilustración de Orion (a la derecha) antes de acoplarse en el Getaway. (ESA)

En la financiación de los próximos cursos "es donde tenemos que comprar una posibilidad de incluir astronautas europeos", comentaba esta semana el francés Bernard Foing, director del Grupo Internacional de Exploración Lunar (ILEWG) de la agencia europea.

El origen y el destino de las misiones Apollo 11 y Artemis 3 son similares, pero tecnológicamente habrá un salto inmenso entre ambas. El cohete ya no será aquel Saturn V sino el flamante Sistema de Lanzamiento Espacial o SLS, un cohete pesado actualmente en desarrollo que servirá de estandarte para la próxima generación de cohetes de la NASA. A bordo del mismo irá la Orion, que en su llegada a la órbita lunar se acoplará en el Gateway, una pequeña estación espacial alimentada por energía solar cuyo lanzamiento inicial está previsto a finales de 2022.

Directivos de ESA y NASA celebran la llegada del módulo europeo para la nave Orion a Florida en noviembre de 2018. (Reuters)
Directivos de ESA y NASA celebran la llegada del módulo europeo para la nave Orion a Florida en noviembre de 2018. (Reuters)

Primero se lanzará el elemento de energía y propulsión (PPE), que alimentará a la estación y contendrá la sala de control, y luego dos módulos más, uno de ellos el europeo ESPRIT. Estos lanzamientos serán realizados por una empresa privada, que con mucha probabilidad será Blue Origin, propiedad de Jeff Bezos. Esta estación será fundamental en los próximos años, dado que el proyecto ahora no es solo volver a la Luna, sino quedarse definitivamente en ella.

"En 1969 se llegó y los astronautas estuvieron unas horas en la superficie, no llegaron a un día", explica Santa Martínez, coordinadora del procesamiento científico y archivo del programa BepiColombo de la ESA. "Con respecto al Apollo 11 hoy tenemos una tecnología más avanzada que en 2023 nos permitirá ir con más seguridad, llevar una instrumentación científica mucho mayor y, sobre todo, no solo llegar sino hacer que las misiones allí sean sostenibles".

En 1969 los astronautas solo estuvieron allí unas horas, ahora el objetivo es quedarse

El Eagle de Armstrong y Aldrin aterrizó en el llamado Mar de la Tranquilidad, una zona mesetaria a medio camino entre el ecuador y el polo norte lunar. El Artemis 3, sin embargo, se dirigirá al polo sur con la esperanza de estudiar mejor el hielo lunar y comprobar si es posible extraer agua o hidrógeno para combustible.

"Hoy tenemos mucho más conocimiento sobre la Luna gracias a todas las misiones robóticas, que nos han permitido conocer mucho mejor sus recursos y cuál es la mejor localización para una base lunar de donde podamos obtener lo necesario para hacer las misiones sostenibles", añade Martínez.

El Apollo 11 aterrizó en el Mar de la Tranquilidad, el Artemis 3 lo hará mucho más al sur. (Wikimedia Commons)
El Apollo 11 aterrizó en el Mar de la Tranquilidad, el Artemis 3 lo hará mucho más al sur. (Wikimedia Commons)

La necesidad científica de la misión es indiscutible. Para Foing, "la Luna es el mejor aeropuerto del Sistema Solar, se necesita 40 veces menos energía para lanzar una nave desde allí" que desde la Tierra. Y la UE, además, tiene al alcance de su mano que la primera mujer en llegar allí sea europea. Total, ¿qué son 500 millones de euros anuales de inversión en misiones tripuladas?

Lo que valen diez islas griegas pagadas al contado. La reforma del Bernabéu. Lo que pagó aquel jeque árabe por el 'Salvator Mundi' falsamente atribuido a Leonardo Da Vinci. La deuda externa de Gambia. Por el valor de mercado de Berkshire Hathaway o lo que costó rodar todo 'El Hobbit' podríamos poner allí arriba a Samantha Cristoforetti.

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